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Ciclones e inundaciones ponen a prueba la infraestructura hidráulica y la prevención en México

Foto: Óscar Rodríguez / EsImagen

Foto: Óscar Rodríguez / EsImagen

La presencia recurrente de fenómenos meteorológicos de alta intensidad en las costas del Pacífico y el Golfo de México representa un desafío para las comunidades asentadas cerca de ríos, arroyos y zonas bajas.

El huracán Rachel alcanzó la categoría 3 el pasado 1 de octubre, cuando se ubicaba frente a las costas del Pacífico. En ese momento, el Servicio Meteorológico Nacional informó que el sistema registraba vientos máximos sostenidos de 195 kilómetros por hora y rachas de hasta 240 kilómetros por hora. También se pronosticaron lluvias intensas, con acumulados de hasta 150 milímetros en algunas regiones.

Para el 6 de octubre, Rachel se había debilitado a categoría 1 y se alejaba gradualmente del territorio nacional, aunque todavía generaba oleaje elevado en costas de varios estados.

Más allá de cada fenómeno meteorológico, las inundaciones también dependen de las condiciones de las cuencas, la capacidad de conducción de los cauces y el estado de las obras de protección.

Desazolve y mantenimiento, parte de la prevención

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) mantiene acciones de desazolve y protección en ríos de regiones consideradas vulnerables. Entre estas labores se encuentran la limpieza de cauces y la conformación de bordos de protección para reducir riesgos de inundación durante la temporada de lluvias.

La necesidad de mantener los cauces también ha sido señalada por autoridades federales. En enero de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum informó sobre obras de protección contra inundaciones, rectificación y desazolve de cauces, al señalar que el estrangulamiento de algunos ríos disminuye su capacidad de conducción.

El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) también documenta los costos que pueden generar los daños a la infraestructura hidráulica. Sus evaluaciones incluyen afectaciones a sistemas de agua potable, infraestructura hidroagrícola, obras de protección y trabajos de restauración, desazolve y limpieza de cauces.

La prevención forma parte de la gestión del riesgo

La Ley General de Protección Civil establece que la gestión integral de riesgos contempla acciones previas a la ocurrencia de un fenómeno, entre ellas la identificación de peligros y vulnerabilidades, el análisis de posibles efectos y las medidas de prevención y mitigación.

A nivel internacional, el Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 plantea prevenir nuevos riesgos y reducir los existentes mediante medidas económicas, estructurales, ambientales e institucionales, además de fortalecer la preparación para responder y recuperarse ante los desastres.

En México, el Cenapred reportó que durante 2024 ocurrieron 283 eventos de desastre, con un costo estimado de 14 mil 434 millones de pesos, lo que refleja el impacto económico y social que pueden generar estos fenómenos.

La atención de las cuencas, el mantenimiento de cauces y las obras de protección forman parte de las acciones que pueden contribuir a reducir la exposición de las comunidades ante lluvias intensas y ciclones. La prevención, junto con la planeación territorial y la conservación de las zonas naturales de las cuencas, representa un componente de la gestión integral del riesgo.

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