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El Barcelona abre la Liga de par en par

El Barcelona abre la Liga de par en par

El fútbol es caprichoso. Hacía dos años y 16 días que al Barcelona no le señalaban un penalti en contra. Una eternidad para un deporte en el que los partidos se suceden sin remedio. Pues bien, llegó el día. Y todos se quedaron en Babia. Mateu Lahoz, el responsable de juzgar el partido en el estadio Gran Canaria, percibió que el balón, después de golpear el palo, rebotaba en el brazo de Digne. Los visitantes se quedaron con la boca abierta. Y Ter Stegen, que nada sabía de enfrentarse a una pena máxima en la Liga, se encontró con el gol de Calleri. El mismo que concedía el empate a Las Palmas.

El mismo que abría la Liga de par en par. El Atlético comparecerá el domingo en el Camp Nou a sólo cinco puntos de distancia. Ahí es nada. [Narración y estadísticas: 1-1]El Barcelona, quién lo hubiera dicho atendiendo a su alineación, se dejó ir en el lugar más inesperado. Y eso que Ernesto Valverde es un técnico poco dado al funambulismo.

En tiempos en los que los entrenadores miden su categoría a partir de la gestión de sus recursos, el extremeño volvió a tirar de pragmatismo extremo. Nada le importó que Las Palmas estuviera clavado en el pozo de la clasificación o que Luis Suárez, su referente ofensivo en el área, estuviera a una tarjeta de la suspensión. Valverde dejó de inicio en el banquillo a los dos fichajes más caros de la historia del club, Coutinho y Dembélé, negó el reposo de Suárez o Messi, y planteó una alineación tipo de la que sólo se cayeron Rakitic y el renqueante Piqué, suplidos por Paulinho -siempre desconcertante- y Vermaelen. Mientras que Digne se ocupó de la banda de Jordi Alba, quien sí tuvo éxito la pasada jornada cuando forzó la sanción.

El caso es que el Barcelona no dio una a derechas. La coartada no debería ser arbitral. Durante largos tramos del partido, las líneas avanzadas de Paco Jémez pusieron en aprietos la construcción azulgrana. Paulinho emuló su nefasta noche en Stamford Bridge y evidenció que la plaza de titular, al menos a este nivel, le viene grande. Aleix Vidal, que era quien debía desplegarse por la orilla diestra, optó por no asomar. Mientras Iniesta hacía lo que podía, era Messi quien se las apañaba para crear peligro en el primer acto. No ya en el segundo.