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Día de Muertos: Luna y el regreso de las mascotas el 27 de octubre

Este 27 de octubre, doña Carmen y sus hijos preparan un pequeño altar en la esquina donde la perrita que siempre consideraron parte de su familia solía dormir

Foto: Especial

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En una colonia tranquila de la ciudad de Puebla, la familia Hernández prepara cada octubre su altar de Día de Muertos. Sin embargo, desde hace unos años, el 27 de octubre tiene un significado especial: además de recordar a sus familiares fallecidos, dedica un espacio a Luna, la perrita que durante años fue parte de su hogar.

Luna era una perrita mestiza de ojos oscuros y cola siempre en movimiento. Llegó a la casa como un cachorro rescatado y pronto se convirtió en la sombra fiel de los niños, la compañera de siestas de la abuela y la guardiana que ladraba ante cualquier ruido sospechoso.

Cuando murió, hace tres años, el silencio se instaló en los pasillos. Las correas quedaron colgadas y los juguetes, guardados. Pero su recuerdo siguió presente en la familia.

Un altar para recibir a Luna

Este 27 de octubre, doña Carmen y sus hijos preparan un pequeño altar en la esquina donde la perrita solía dormir. Colocan su fotografía favorita –aquella en la que mira a la cámara con la lengua afuera–, un plato con agua fresca, un puñado de croquetas y su pelota deshilachada.

Alrededor acomodan pétalos de cempasúchil naranja, encienden una veladora y dejan el collar rojo con la placa que aún dice: “Luna – Siempre en casa”.

“Dicen que las mascotas regresan primero”, explica doña Carmen mientras acomoda las flores. “Ellas fueron las que siempre nos esperaron en la puerta. Ahora nosotros las esperamos a ellas”.

La familia sigue una creencia popular que ha ganado presencia en México: la de que las almas de los animales de compañía regresan el 27 de octubre para visitar a quienes los amaron. Según esta tradición, el aroma del cempasúchil y la luz de las velas las guían de vuelta al hogar.

Aunque la fecha no forma parte de una práctica uniforme en todo el país, la costumbre ha encontrado un lugar en las celebraciones de muchas personas que consideran a sus perros y gatos parte de la familia.

Recordar a quienes dejaron huellas

Al anochecer, la casa se llena de recuerdos. Los niños cuentan anécdotas, esparcen pétalos para formar un camino hacia la puerta y dejan la ventana entreabierta “por si acaso”.

“A veces siento que ella está aquí”, confiesa el hijo mayor. “Como si el aire se moviera distinto o como si escuchara el golpe suave de su cola contra el piso”.

Al día siguiente, el altar permanece en su lugar. Algunas familias mantienen estos espacios durante varios días; otras incorporan las fotografías y los objetos de sus mascotas al altar familiar del 1 y 2 de noviembre.

Más allá de la fecha elegida, el gesto tiene un significado común: mantener vivo el recuerdo de los compañeros que compartieron la vida cotidiana y dejaron un lugar difícil de llenar cuando se fueron.

Entre flores de cempasúchil, veladoras y objetos que conservan su historia, el Día de Muertos también se convierte en una oportunidad para honrar a esos animales que formaron parte del hogar.

Para quienes encuentran consuelo en esta creencia, el 27 de octubre es una fecha para imaginar que las patas que alguna vez recorrieron la casa vuelven a cruzar su puerta, aunque sea en espíritu.

Y, al menos por un momento, la despedida deja espacio para el recuerdo y la esperanza de volver a decirles: bienvenidos a casa.

Nota editorial: Este relato es una ficción inspirada en las tradiciones mexicanas de Día de Muertos y en el vínculo afectivo que une a las familias con sus mascotas.