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¿Y si Tony Gali es el mediador?

Es un hecho que los comicios locales del próximo año, para renovar la gubernatura del estado y suceder en el cargo al mandatario Rafael Moreno Valle Rosas (RMV), serán unas elecciones cerradas, sangrientas, tal vez las más competidas en la historia de Puebla.

Y es que a diferencia del 2010, cuando el morenovallismo derrocó al PRI y al marinismo del poder, las condiciones políticas, sociales y hasta económicas en la entidad eran otras.

Por algo perdió el PRI y el marinismo; y por algo, también, ganó el PAN, la coalición y el morenovallismo.

Qué tan disgustados e inconformes estarían los ciudadanos con la administración saliente en aquel momento, al grado de haberle negado sus votos al partido en el gobierno y haber sufragado por una opción distinta para que administrara el estado.

En aquella ocasión el PAN, la coalición y los enemigos del marinismo, es decir, la oposición al poder, fueron los beneficiados.

¿Será ese mismo disgusto el que priva hoy en día?

¿Causará el mismo efecto en el 2016?

¿Se dará el mismo escenario y sucederá lo mismo que aquella ocasión?

Aunque la historia política en Puebla marque aquello de “gobernador no pone gobernador”, en lo personal creo que aún hay tiempo para poder corregir muchos de los errores que podrían poner en peligro la elección para el PAN y sus aliados, pero el tiempo se agota.

Las reglas no necesariamente siempre se cumplen.

Sobre todo porque, insisto, las circunstancias políticas de hoy no son las de antes.

Ni Rafael Moreno Valle es Mario Marín Torres, ni el PAN es el mismo; eso sí, tampoco el PRI nacional es el mismo.

Aún existen varias alternativas que podrían beneficiar al presidente municipal de Puebla, Tony Gali, si es que éste decide lanzarse con todo a buscar la minigubernatura del estado.

El camino, él lo sabe, es difícil y está lleno de obstáculos ajenos, de responsabilidades que no le corresponden.

Sin embargo, el edil es un personaje de una sola pieza, alguien sin temor a equivocarse, que se arriesga por un proyecto de gobierno.

¿Qué pasaría si el mismo Tony Gali se convierte en el mediador del viejo y del nuevo PAN?

¿Qué sucedería si también es un mediador entre el gobierno y los ciudadanos?

Es decir, ¿y si Tony demuestra que en realidad él es el propio conductor de su campaña, de su proyecto, de su candidatura, de su ruta?

Por qué no mostrar que en realidad el edil es quien lleva su estrategia para competir en la elección que se avecina.

Sería de gran beneficio para su posible campaña si Tony Gali empieza a recomponer las cosas en el PAN, si empieza a reconciliar con los grupos y sectores que el gobierno morenovallista hizo a un lado una vez que asumió el poder.

Con los grupos con los que la administración estatal está enfrentada.

¿Qué pasaría si Tony Gali se sienta a dialogar con los encarcelados, a platicar con los burócratas despedidos, a asumir compromisos con los ciudadanos disgustados con algunas obras, con RUTA y con programas como la fotomulta?

El reto no es tan descabellado y la personalidad del edil se lo facilita.

Su estilo de gobierno, hay que subrayarlo, es muy distinto al de RMV.

Por qué no pensar, incluso, en una acción aún más contundente por parte del edil capitalino.

Por qué no pensar en marcar ya su propio estilo y desmarcarse de calenturas ajenas, algo que si en su momento hubiese hecho Javier López Zavala, entonces candidato al gobierno del estado por el marinismo y el PRI, tal vez le habría abierto las puertas de Casa Puebla.

Si Zavala, en su momento, hubiese actuado al estilo “Bronco” otro gallo le cantaría.

Sin embargo, dejó pasar los agravios, nunca negó ser parte del grupo que abusó del poder, de las arcas del estado, de la confianza de los ciudadanos.

Hoy por hoy podría suceder lo mismo.

La diferencia es que Gali posee personalidad propia, tiene las manos limpias, es poblano y no tiene un pelo de tonto.

De boca de los propios enemigos del gobernador Moreno Valle ha salido que con Tony Gali no tienen ningún problema, porque simple y sencillamente “la bronca no es contra él”.

Así que si el edil y futuro candidato decide negociar, pactar y apoyar la causa de muchos agraviados por el gobierno en turno esto puede ser la fórmula para levantarse con un triunfo en el 2016.

Y por lo delicado de la elección, quién sabe qué tanto convenga al edil capitalino solicitar o no licencia definitiva al cargo, si es que decide jugarse su futuro político como el candidato del PAN y una posible coalición en el 2016.

De perder los comicios, entonces, todo habría acabado para él.

En Twitter: @poncharelazo