¿Y dónde están los panistas?
Es una pena que hasta los panistas poblanos, esos que una vez caída la familia Moreno Valle dijeron ser los dueños de las siglas de su partido, hayan abandonado a su candidato al gobierno de Puebla, Enrique Cárdenas Sánchez.
Porque aunque de repente aparezcan en escena es evidente que desean que su abanderado caiga para después empezar su rebelión a fin de quedarse con lo que queda del PAN.
El caso más claro es el de Humberto Aguilar Coronado, el mentado tigre, y quien forma parte del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) panista, encabezado por Marko Cortés Mendoza.
Este panista “connotado” intento mil veces y por todos los medios pegarle a la actual dirigente estatal panista, Genoveva Huerta Villegas, para tratar de quedarse con la presidencia que ella encabeza.
Sin embargo, la intentona le salió mal y tuvo que morder el polvo cuando Marko Cortés ordenó dejar en paz a Genoveva porque ella sería quien organizaría la campaña en Puebla.
Esto le provocó una severa indigestión y diarrea al famoso tigre, quien sí ceso la guerra interna y externa que había emprendido con Genoveva pero que al final decidió no entrometerse en la campaña de su partido, ni para bien, ni para mal.
Es decir, se inclinó por la salida más fácil, por hacer una campaña de brazos caídos.
Y lo mismo hicieron otros panistas que ya tuvieron cargos públicos gracias a los movimientos hechos en su partido por los distintos actores del morenovallismo.
¿Cómo es que Enrique Cárdenas no logra reunir, por sí solo con ayuda del PAN, un evento de al menos 200 o 300 personas?
El único acto de campaña que se ha registrado con una convocatoria regular fue el organizado por el presidente municipal de Atlixco, Guillermo Velázquez Gutiérrez, quien está agradecido con los dioses por haber aceptado ceder la candidatura del PAN al gobierno.
Sin embargo, la pregunta ante la pobre campaña de Cárdenas sigue siendo ¿y dónde están los panistas poblanos?
Y es que tienen abandonado a su candidato.
¿Dónde están, por ejemplo, por parte del morenovallismo, los hermanos Riestra, Mario, Rodrigo y Susana?
Susana, aunque no era panista, se movía al ritmo que le tocaran el pandero en el albiazul.
¿Dónde quedaron, también, los ricos y poderosos hermanos Trawitz, quienes empezaron con el difunto Rafael Moreno Valle su gobierno?
¿Dónde está Patricia Leal Islas?
¿Dónde quedaron todos los aliados y amigos panistas de Martha y Rafael?
Y del lado del yunque, francamente, tampoco se ve apoyo para Cárdenas.
Ayer, el ex edil y ex candidato, Eduardo Rivera Pérez, acompañó a su candidato a un evento sobre movilidad y a una rodad en bicicleta en la que sólo reunieron un máximo de 50 personas.
¿Dónde habrá dejado Lalo a toda su estructura?
A esa misma gente que lo apoyó en la campaña pasada.
No es nada extraño, ni casual que los panistas poblanos, los que se dicen los “verdaderos”, no convoquen, ni inviten, ni acarren gente para su candidato si lo que quieren es que pierda.
Que pena por el ex rector de la Udlap porque tampoco es un mal hombre.
Los panistas, está visto, hacen campaña de brazos caídos para Enrique Cárdenas, quien es víctima de la ambición de poder que tiene el partido más grande que lo abandera.
El objetivo real de los líderes azules no es otro que la dirigencia estatal del PAN.
A ese tema se atribuye la nula movilización electoral del panismo en Puebla.
Porque la verdadera batalla interior del PAN ahora no es cómo quedar bien con su candidato sino más bien es cómo derrocarlo -a discreción- para poder quedarse, a la postre, con la dirigencia estatal de su partido.
Por cierto, dicen que Jorge Aguilar Chedraui, el ex líder del Congreso del Estado, está más que puesto para disputarle a cualquiera de los yunques lo que quedará del PAN luego de los comicios del próximo 02 de junio.
Lo que no ha medido el ex diputado es que cualquiera de los yunques le ganaría el comité panista debido a la larga cola, a la gran estela y al tan agudo y fétido olor a corrupción que dejó a su paso por la administración pública.
Y pruebas, dicen, hay muchas.
¡Ah, que Jorgito!
Dos últimas preguntas: ¿Qué candidato estará más en desgracia, el panista con sus traidores en la espalda, o el priista, Alberto Jiménez Merino, quien aceptó que el gober precioso, Mario Marín Torres, le apestara y le terminará su campaña en un dos por tres?
¿Quién dice yo para contestar?
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