Vergüenza, dignidad y orgullo, lo que le falta a El Yunque
Si los miembros panistas de El Yunque tuvieran vergüenza, dignidad y orgullo, no habrían salido ayer públicamente a hacer el ridículo que los caracteriza desde que decidieron, incongruentemente, alabar y descalificar al gobernador Rafael Moreno Valle Rosas al mismo tiempo.
Y es que primero lo empujaron e impulsaron para lograr la gubernatura del estado y después lo atacaron y descalificaron.
Los yunquistas lanzan la piedra y esconden la mano.
Es decir, son pero no son; si pero no.
Su actitud los condena, ayer no tuvieron ni siquiera el valor de acusar directamente al autor y promotor de las más de 13 mil afiliaciones masivas o corporativas en su partido, a pesar de conocerlo perfectamente.
Lo dije en las redes sociales y lo sostengo, “pobres yunquistas, tan lejos de la congruencia y tan cerca del ridículo”.
Y es que el ala conservadora del PAN en Puebla carece de toda lógica, congruencia, credibilidad, madurez y razón, particularmente, el ex edil capitalino, Eduardo Rivera Pérez, quien pasó de ser un líder panista a un político frustrado que no ha podido con el gobernador del estado.
Es triste ver cómo Lalito se revuelca en su incoherencia.
Cuando tuvo la autoridad suficiente, la posibilidad -política y económica- para inconformarse por los presuntos abusos que tanto le adjudica al gobierno, se quedó callado.
Eduardo Rivera enmudeció, prefirió cerrar la boca, permanecer en segundo plano como en aquel Grito del 15 de septiembre cuando apenas logró sacar la mano para intentar hacerse notar en la fotografía del balcón del Palacio Municipal, en la que el gobernador aparece dando el tradicional Grito de Independencia.
Prefirió tragarse su rabia y su coraje con tal de seguir cobrando como edil y así evitar un enfrentamiento con el gobernador del estado que le pudiera costar el cargo.
Muy fácil, Lalito prefirió la comodidad, su estado de confort, privilegiar sus intereses económicos y permanecer en el poder antes que enfrentar a quien hoy considera su acérrimo enemigo.
Qué poca vergüenza.
El reducto yunquista en el estado primero le abrió las puertas al hoy gobernador para derrocar al PRI y tratar de revertir sus más de 70 años de vicios políticos; lo placeó, lo impulsó, lo respaldó, lo vitoreó, y ahora lo quiere muerto.
Eso aquí y en China se llama incongruencia.
Los yunquitas primero le alzaron la mano y ahora lo quieren crucificar.
Qué bárbaros.
Lo que deberían hacer es esconder la cabeza en la tierra como avestruces, asumir sus culpas, su responsabilidad y pagar caro el papel que jugaron para allanarle el camino a quien les enseñó a hacer política.
Su pronunciamiento de ayer, sobre las afiliaciones, no es más que un show mediático.
Los panistas-yunquistas saben perfectamente que en el PAN nacional el gobernador Rafael Moreno Valle tiene gran influencia y su petición nunca va a prosperar. Ricardo Anaya Cortés es un aliado más del mandatario.
Lástima, pobres yunqistas.
A ver si el contraataque y la respuesta a su afrenta no les sale muy caro.
Eduardo Rivera debería recordarlo, dejó muchos pendientes en el ayuntamiento los cuales se siguen solventando.
Qué pronto se esfumaron sus sueños de ser gobernador.
De aquella vacilada ya sólo queda el puro zurrón.
Ni la dama de azul, la aguerrida Ana Teresa Aranda Orozco, se salva de la crítica por su falta de congruencia.
Ella también contribuyó para que la última elección local el grupo que tanto odia ganara los comicios.
¿De Francisco Fraile García, qué podría decirse?
En breve le va a estallar una bomba en la delegación del IMSS en Puebla por andar orquestando y organizando denuncias en contra del personal de la dependencia, las cuales tienen como destinatario a su titular, Rodolfo Reyes Coria, quien tampoco está manco.
Así que con excepción de Fraile, Ana Tere y Eduardo Rivera, el resto de los presentes en la rueda panista -la pipitilla- da pena.
Por cierto, ojalá que ahora que los yunquistas se ven tan seguido, Lalito Rivera le pida a su chofer y subordinado de siempre, al regidor Adán Domínguez Sánchez, explicaciones sobre los entuertos y acuerdos privados que cocina con la administración del presidente Tony Gali.
En una de esas y hasta se reparten las ganancias.
Muy mal, señores de El Yunque.
Dijera el chapulín colorado: “¿Y ahora, quién podrá ayudarlos?
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