Urge limpia en el PRD y el PRI (por la cruda electoral)
Si la cerrazón, la soberbia, la torpeza y la estupidez siguen haciendo presa a los dirigentes de algunos partidos locales, lidercillos y políticos en general, la vida de sus institutos políticos va a continuar en terapia intensiva.
Dos ejemplos -y casos- de lo que no se debe hacer en política luego de una elección, sobre todo tras un resultado tan aplastante como el del domingo pasado, el cual favoreció a Tony Gali y al morenovallismo, están vistos en el PRD y el PRI.
El primero de los casos es del sol azteca, partido que si bien salió beneficiado a nivel nacional por las alianzas que pactó con el PAN en Puebla es un desastre.
De entrada, no hay que soslayar que la poca visión, la torpeza de sus lidercillos y los negocios del senador Luis Miguel Barbosa Huerta pusieron al PRD al borde del abismo.
Así es.
El PRD apenas la libró de panzazo, aunque terminó en un penoso cuarto sitito del resultado de la elección porque fue muy fácilmente desplazado por Morena y su nefasto candidato.
Tal vez por eso hoy por hoy el sol azteca poblano vale lo mismo que un billete de cien mil pesos: nada.
Es increíble que la dirigente estatal perredista, Socorro Quezada Tiempo, junto con otros de sus correligionarios, poco pensantes por supuesto, como Carlos Martínez Amador, líder de la Nueva Izquierda, sigan peleando.
Ciertamente esa ha sido la historia de toda la vida de los perredistas pero parece que aún no se han dado cuenta que en el estado caminan para atrás y no para adelante como deberían.
Los perredistas poblanos no crecen, no avanzan, no evolucionan, no cambian y, mucho menos, no entienden que podrían acabar con su partido si no adoptan una estrategia política que les permita refrendarse como una verdadera opción de gobierno en la entidad.
Los perredistas están dedicados a pelearse dentro y fuera de su partido.
Recién concluida la elección, en lugar de estar pensando cómo corregir el rumbo están enfrascados en un nuevo chisme de expulsión, de cambio de poderes, de venganzas absurdas.
Lo que en el PRD debe suceder, sin siquiera exponerlo públicamente, es que se renueve todo su comité estatal y hasta el inútil de su consejo político.
Ni los perredistas-barbosistas, ni mucho menos los perredistas-morenovallistas sirven para algo.
Bueno, para algo sí, para estorbar.
Así como Socorro Quezada debería dejar la dirigencia del sol azteca por los pésimos resultados electorales obtenidos por su pobre visión política, también Carlos Martínez debería dejar de jugar al gato y al ratón y mostrar su supuesta capacidad política dando resultados como operador político, porque le ha quedado mucho a deber al morenovallismo.
En el PRD poblano debería ejecutarse una limpia ordenada por Agustín Basave Benítez, su dirigente nacional, luego de los desastrosos resultados electorales registrados.
Y eso mismo debería suceder en el PRI del estado.
Porque si el revolucionario institucional quiere tener la posibilidad, algún día, de volver disputar la gubernatura del estado como el partido poderoso que fue hace 80 años entonces tiene que renovarse o morir.
Y precisamente tiene que hacer lo que algunos de sus líderes y militantes tanto piden a últimas fechas, reorganizarse.
Empero, si en el PRI algo tiene que cambiar es toda su estructura, a toda la camarilla que controla al partido desde el marismo.
Del PRI se tienen que ir, de una vez por todas, los marinistas que tanto daño le han hecho a su partido.
Y eso implica una limpia total porque el zavalismo, el lastirismo y todas las corrientes y lidercillos que fueron discípulos e inventos del gober precioso, Mario Marín Torres, siguen incrustados en su partido, y ya es hora de ponerlos de patitas en la calle.
Si el PRI quiere cambiar de verdad, tiene que deshacerse de los falsos e incapaces líderes autonombrados como Jorge Estefan Chidiac y José Chedraui Budib, ambos dirigentes del estado y la capital.
Porque de los priistas que controlan hoy el PRI no es posible que ninguno le haya podido siquiera advertir a Blanca Alcalá Ruiz que era un peligro acercarse al impresentable de Mario Marín.
Eso evidenció su ignorancia y poca capacidad política.
Quien no entienda que el marinismo es hoy el equivalente a corrupción, mafia y desprestigio no es un político ni es nada.
En el PRI debe haber una limpia total de sus líderes, de sus cuadros, de sus delegados, de todos sus jefes.
A ver si ahora los priistas se siguen valiendo de operadores como Juan de Dios Bravo Jiménez, a quien llaman “la memela”; o de operadores de medios que lo único que hacen es estorbar por su incapacidad y soberbia.
Vaya cueva de ladrones, traidores y simuladores en que la que está convertido el PRI poblano.
Que su Dios -Baco- los perdone.
En Twitter: @poncharelazo
