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Urge en Morena la operación cicatriz

En el partido Morena en Puebla los ánimos están calientes y se están desbordando, lo que podría perjudicar las aspiraciones de su futuro candidato al gobierno del estado.

Porque independientemente de quien sea su próximo candidato -Luis Miguel Barbosa Huerta o el senador Alejandro Armenta Mier- la división en el partido que lidera Yeidckol Polevnsky ya es muy evidente.

Y el riesgo para lograr un resultado favorable en la elección extraordinaria crece.

Porque aunque morena lleve por mucho la delantera, tal como lo señalan e indican las encuestas, esto podría modificarse en caso de que Armenta o Barbosa no fuesen beneficiados y decidieran mover sus fichas de manera independiente.

Es decir, que no quedaran conformes con la decisión y designación de la candidatura, se quedaran conformes aparentemente pero que operaran, vías sus bases, en una alianza de facto con otro partido.

En ese escenario, el PRI y el PAN tendrían mucho que ganar.

Por ello considero que a Morena le urge implementar la operación cicatriz para evitar cualquier susto o desencuentro, con un resultado fatal, entre sus aspirantes.

Sobre todo porque Morena, se supone, es un partido incluyente, democrático, transparente y justo, en el que se respeta la libre expresión, la libertad para aspirar y el derecho para decidir.

La imagen de Morena, de sus líderes, de su militancia y hasta de su creador, o padre político, podría quedar muy deteriorada en Puebla en caso de que barbosistas y armentistas se sigan dando con todo por la grande.

Urge que en Morena se den la mano y se den acuerdos que les permitan ir en equipo para evitar una desbandada y una fragmentación que los afecte en los comicios que se avecinan.

De lo contrario, insisto, el PRI y el PAN serían los beneficiados en caso de que entre los morenos exista una ruptura.

Y aunque el escenario político-electoral no es el mejor para el mentado Prian bien podría capitalizarse la fractura en Morena para meter a la jugada a cualquier abanderado que pudiera hacer contrapeso al puntero.

Porque si bien el PRI o el PAN no ganan solos la elección sí podrían hacerle la maldad al favorito quitándole votos al primero y sumando al segundo lugar los sufragios que más pudieran.

Cosa que sería oro molido, electoralmente hablando, para el aspirante panista o priista que se meta a la competencia electoral por la gubernatura.

Morena tiene mucho que perder en esta guerra por su candidatura al gobierno, por lo que debe, de inmediato, poner el remedio a su mal.

Y es que a los morenos les podría suceder -muy pronto- lo que sufrió el morenovallismo: se quedó sólo y sin aliados por su ambición.

Seguro que Morena y quien se convierta en su candidato bien podría concretar una coalición con la chiquillada pero los 799 mil 757 votos del PAN y los 555 mil 18 sufragios del PRI también podrían hacerles mella en una elección complicada.

Morena no debe confiarse de las encuestas ni de los encuestadores porque muchas veces son engañosas y engañosos.

Más vale negociar, pactar e ir a la segura bajo un acuerdo.

Lo único que deben hacer los militantes y simpatizantes de Morena es dialogar.

Ya, tanto Armenta como Barbosa, mostraron que tienen punch y arrastre, ya es hora de que logren un acuerdo que les permita ir unidos para consolidar a Puebla como uno más de sus bastiones.

Ni el PRI, ni el PAN les harían absolutamente nada si estuvieran unidos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ya debió haber mandado la famosa “pinche señal”, a fin de evitar más pleitos entre sus pupilos, amigos y seguidores.

Y debería hacerlo él porque a la dirigente nacional de Morena le gana la víscera y empieza a inclinar su dedito sin el mayor pudor posible.

En lo personal sigo pensando que Barbosa lleva la delantera precisamente por el respaldo y apoyo que la dirigencia nacional le brinda, así como por el compromiso que tiene el presidente del país con él.

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Flaca la caballada del PRI y del PAN

Cómo estará de flaca la caballada en el PRI para que se anuncie que Ricardo Urzúa Rivera, un priista que sólo conocen en su casa pero que cuenta con el dinero suficiente para hacer campaña, sea perfilado como el aspirante más fuerte para asumir la candidatura al gobierno.

Y lo mismo sucede con Alberto Jiménez Merino y Lorenzo Rivera Sosa, quienes no tienen la menor posibilidad ni de ser los candidatos, ni de poder ganar la próxima elección debido a su poca popularidad.

Los tres mencionados priistas, por cierto, son marinistas puros que parecen llevar el mismo encargo.

Y en el caso del PAN la situación es la misma.

Aunque allí en el albiazul la cosa es más grave porque nadie quiere ser candidato a excepción de Blanca Jiménez Castillo, quien pretende dos cosas: la primera, suicidarse políticamente o hacer el negocio de su vida en la elección extraordinaria.