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Una sociedad de miedo (el caso del Colegio Americano del Noreste)

 Las fuertes y escalofriantes imágenes captadas en vídeo y en fotografía de los momentos en que un niño de 15 años, de nombre Federico, estudiante del Colegio Americano del Noreste al sur de Monterrey, dispara con una pistola calibre 22 contra su maestra y sus compañeros de clase ponen los pelos de punta.

Provoca un miedo profundo que alarma a cualquiera.

Temor que de inmediato crea en la mente serios cuestionamientos sobre la sociedad de miedo que hoy en día estamos formando y fomentando.

Sobre los niños y personas que estamos educando.

O más bien, sobre la educación que no estamos ofreciendo y en la que estamos fallando.

Son muchas las reflexiones y los pensamientos sobre la tragedia ocurrida el Monterrey Nuevo León la mañana de ayer.

Pensamientos, desde luego, encontrados por lo delicado de los hechos.

¿Qué hacía un menor de 15 años con una pistola calibre 22; con un artefacto que mata instantáneamente a cualquiera?

Con un puñado de balas como para ejecutar a todo el salón de clase si así lo hubiese pensado.

¿Por qué lo hizo?

¿Qué lo orilló a realizar un acto tan sanguinario?

Y los padres, ¿qué les falló en la educación de su hijo?

No es posible que México siga siendo un país de autoridades reaccionarias y no preventivas.

Siempre que se ahoga el niño es cuando ya se quiere tapar el pozo.

¿Qué dirá ante esto la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), organismo que se ofende si se violan las garantías de los niños al momento de aplicar el “operativo mochila”?

¿Qué pensarán las asociaciones de padres y demás organizaciones que siempre se han manifestado en contra de tal medida, disque porque se violan la privacidad y los derechos de los niños?

Y lo peor, la capacidad de asombro se nos está terminando día a día por vivir en una sociedad de miedo en la que todo puede suceder, desde el saqueo de negocios y empresas de renombre hasta la balacera en una escuela.

¿A dónde estamos llevando a nuestros hijos?

Está claro que la falta de valores, de una educación de calidad, de la tarea que deben realizar los padres para inculcarles el respeto a los demás, a los animales, al medio ambiente y en general a nuestro planeta, nos ha llevado a vivir en una sociedad descompuesta, en una sociedad de miedo en la que todo puede pasar.

Que pena por los familiares de los niños involucrados y heridos.

Que tristeza que en México ya suceda cualquier cosa, que se den sangrientos tiroteos en los que resulten personas heridas y hasta muertas.

Es momento de reflexionar, de pensar y hacer un alto.

Ya es hora de recomponer el camino, el país donde vivimos, la sociedad que integramos.

De lo contrario a dónde vamos a parar.

¿Cuántos muertos más son necesarios para poder entender que urge reinventarnos, educarnos, sensibilizarnos?

Los padres de familia, hoy, resuelven la inquietud de sus hijos entregándoles un teléfono celular, una tableta, un ipad, una computadora portátil y hasta un arma de fuego para que dejen de molestar.

¿Y la formación que se debe dar en casa para tratar de humanizar y sensibilizar a los niños mexicanos dónde está?

La tecnología, el internet, el desinterés por formar personas de bien en casa está provocando que los niños aprendan sin respetar a los demás.

Y lo mismo sucede con las autoridades encargadas de regular y administrar los esquemas y planes educativos que se ejecutan en las distintas escuelas del país.

Autoridades que tienen la obligación, además, de ejecutar alternativas para erradicar otros fenómenos sociales como el bullying, el acoso escolar, sexual y demás abusos contra los niños en las escuelas.

El trágico capítulo de sangre ocurrió en Monterrey es una alerta y un llamado de atención para los padres, escuelas, autoridades, sociedad y gobierno.

Insisto, ¿cómo y cuánto estamos educando a nuestros hijos, a nuestros niños?

De entrada los medios de comunicación deberíamos empezar por respetar la integridad e imagen de los menores de edad.

Da asco ver que por ganar la nota, visitas, por vender y acaparar la atención de las personas utilicemos el amarillismo, el sensacionalismo y la escena sangrienta mostrando imágenes como las que ayer circularon en redes de la tragedia en Monterrey.

Ética y valores es lo que nos falta.

Ojalá que todo esto nos haga pensar y replantear la vida y la educación que les estamos dando a los niños, al llamado futuro de México.

En twitter: @poncharelazo