Traiciones, expulsiones y la Carabina de Ambrosio en el PRI
El PRI poblano está convertido en un circo de tres pistas, en un hervidero de grillos, en la jaula de las locas y en un teatro montado quién sabe con qué objetivo.
El PRI poblano está herido de muerte y sangra sin cesar.
El PRI poblano está a punto de morir y de dejar muchos viudas y viudos que buscan por todos los medios detenerse de Morena, de la candidatura de Luis Miguel Barbosa Huerta, o de cualquier otra institución con financiamiento público para poder sobrevivir.
El PRI poblano está prácticamente desecho.
Sus líderes ya negociaron su voto.
Su candidato al gobierno, Alberto Jiménez Merino, es un fantasma de la política y del círculo rojo.
El PRI poblano no entendió que tiene que purgarse, renovarse, limpiarse y reconstruirse en su totalidad.
El PRI poblano, junto con todos sus actores políticos, nunca pudo entender que Mario Marín Torres es su peor pesadilla, es el motivo por el que la gente dejó de votar por sus siglas y uno de los grandes responsables de su infortunio.
El PRI poblano perdió el rumbo, no sabe hacia dónde va.
En el PRI poblano las traiciones ya son pan de cada día, ni extrañan, ni asombran.
Más bien lo extraordinario y sorprendente sería que estas no existan si son ya un hábito.
Porque los actores y protagonistas de esas traiciones son los mismos de siempre, quienes por privilegiar sus intereses deciden pasar corriente a la oposición, al partido o candidato más fuerte.
Empero, el tema de las traiciones en el PRI poblano es una vacilada, un circo y un teatro al que todo mundo le entra para hacerse notar y para tratar de ser nota.
Y es que en el PRI a los traidores todo mundo los conoce, los ve y los trata pero nadie los denuncia públicamente. Nadie los desenmascara.
Siempre amenazan con expulsarlos pero los traidores del PRI gozan de cabal salud.
Si hasta se burlan de los tramites y denuncias priistas por su ridiculez, por lo absurdo de estas.
Desde el 2010, cuando el PRI perdió la gubernatura ante el difunto Rafael Moreno Valle Rosas, se habló de expulsar a muchos priistas y esto nunca sucedió.
Se habló de la expulsión de Enrique Doger Guerrero, de sus colaboradores, de muchos priistas que según se dijo habían traicionado al PRI pero las amenazas sólo quedaron en eso, en simples advertencias que nunca prosperaron.
En cuestiones y motivos que tampoco nunca se probaron.
Por eso digo que el PRI poblano es como la Carabina de Ambrosio, porque es como aquel famoso programa: un show cómico, mágico y hasta musical.
El PRI poblano es todo un desastre.
Su tercer lugar en la elección del próximo 02 de junio está prácticamente asegurado.
No se ve por dónde el PRI pudiera volver.
Hoy se habla de nuevos traidores y nuevas expulsiones, de Javier López Zavala, ex candidato al gobierno en 2019; de Leobardo Soto Martínez, líder de la CTM, y quien mantuvo una buena relación con el morenovallismo.
Sin embargo sucede lo mismo de siempre: se amenaza, se advierte, ahora ya le pusieron nombre y apellido a sus traidores, pero las expulsiones siguen sin cuajar.
En el PRI poblano las cosas van de mal en peor.
A sus dirigencias, la estatal y nacional, nadie las respeta, sus órdenes se las pasan por el arco del triunfo.
Los priistas más pensantes ya prefirieron callarse y observar cómo se hunde el barco.
Coinciden en que el PRI debe refundarse, desaparecer si es necesario para poder levantarlo de su letargo, para poder sacarlo de su desdicha.
Y bien dice el candidato al gobierno por el PRI, Alberto Jiménez Merino, el próximo 02 de junio los poblanos van a confirmar que el gober precioso sigue siendo la peor de las pesadillas del partido tricolor.
Y van a confirmar, también, que su gallo como candidato sólo es una muy buena persona.
RIP para el PRI.
Ni hablar.
En twitter: @poncharelazo
