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Posdata

Tiro de gracia…

El priismo local y nacional está convencido que el marinismo es la peor de las maldiciones que pudieran tener sus militantes y su candidato presidencial, Enrique Peña Nieto.
El “Golden Boy”, personalmente, fue quien giró órdenes expresas para que nada que huela a marinismo se acerque a 100 mil kilómetros de él y su campaña.
Y es que el esposo de “La Gaviota” probó en carne propia la desgracia y desprestigio nacional que le acarrea cualquier figura, imagen, personalidad y/o tufo marinista.
Durante su primera gira por Puebla, el candidato del copete fue apabullado por los medios de comunicación, por la opinión pública, por el gremio periodístico del país, por las redes sociales y por una millonada de mexicanos que reprobaron la presencia del ex gobernador, Mario Marín Torres, en uno de sus eventos.
Peña Nieto olvidó la pésima reputación política y mediática de la que goza el protagonista del llamado “Lydiagate” y, además, autor de frases como: “Mi héroe, chingao”, o aquella que decía: “En Puebla se respeta la ley, y al que comete un delito se le llama delincuente”.
Permitió que Marín estuviera presente en su encuentro con la militancia priista en el Hotel Presidente Intercontinental, y que así se convirtiera en carne para sus adversarios y enemigos políticos.
El “gober precioso”, actor principal del “Lydiagate”, escándalo que, por cierto, ayer cumplió seis años de ocurrido, apenas asomó la cabeza con Peña Nieto y le llevó a éste toda clase de condenas públicas y privadas.
Así que tanto el PRI como su candidato esperanzador no quieren saber nada ni del marinismo, ni del ex gobernador, ni mucho menos de sus ex colaboradores, sin excepción alguna.
Por ello, precisamente, Javier López Zavala, ex hombre fuerte del marinismo y ex candidato a la gubernatura del estado, se bajó de la contienda priista por la candidatura al Senado.
A Zavala, el mismísimo Peña Nieto no lo quiso dejar pasar para evitar desgraciar más su poco arrastre en la entidad. Si ya de por sí su partido está fragmentado, peleado, dividido y desmoronado, prefirió no echarse otra palada de tierra en la espalda.
Así que la orden del PRI nacional y de Enrique Peña fue ratificar a Blanca Alcalá Ruiz como primera posición en la fórmula al Senado, acompañada de Juan Carlos Lastiri Quirós, como segundo. 
Lo triste para Blanca, es que Lastiri en vez de sumar, le resta a la dupla y a la campaña encarnizada que van a tener frente a Manuel Bartlett Díaz, abanderado del Movimiento Ciudadano, y a Javier Lozano Alarcón, abanderado del PAN.
Y como dijera mi abuelita Lupita: “Nunca escupas al cielo, hijo, porque tu propia saliva te puede ensuciar”. Es lo mismo que le pasó a Zavalita, quien carga con el fantasma del marinismo y ni Dios Padre nunca lo va a poder limpiar de su estigma.
Cosas de la vida, un 14 de febrero (hace seis años) se vino abajo la carrera política de Mario Marín por los abusos ordenados, a la sazón con el “rey de la mezclilla”, Kamel Nacif, en contra de la periodista, Lydia Cacho; y, ahora, un 14 de febrero a Zavala se le cae la candidatura al Senado.
Por lo pronto, “Z”, como lo llaman sus allegados, ya tiene premio de consolación y le cedieron una diputación federal por la vía plurinominal. Creo que para su figura hasta salió ganando, al menos no estará desempleado.
La posibilidad de irse del PRI es sólo una burda amenaza vana. Zavalita sólo quiso espantar a los priistas con el petate del muerto, como en sus mejores tiempos lo hizo el “loquito” Paredes.
Los verdaderos ganadores de la negociación priista, en torno a las candidaturas al Senado, fueron Fernando Morales Martínez, el gobernador del estado, Rafael Moreno Valle Rosas y Alejandro Armenta Mier.
Al hijo pródigo de los Morales le cedieron el PRI estatal para que declinara su intentona de reventar la fórmula al Senado, mientras que Armenta, su par, se quedó con la coordinación de la campaña de Peña Nieto en Puebla.
En tanto, el mandatario estatal ganó un alfil en su ex partido, Fernando Morales, por lo que terminará por apoderarse de lo poco que queda del tricolor. 
Ya dependerá de Fernando realizar un trabajo a favor del PRI, de su militancia; de tejer fino o no, de operar las elecciones federales en Puebla y de mostrar su madurez política para reconstruir al PRI o dejarlo en el abandono.
Y para cerrar con broche de oro esta edición de Posdata, habrá que comentar que desde hace mucho, todavía el 8 de febrero pasado, confirmé la llegada de Fernando Morales al PRI estatal.  
Algo que a Lastiri no le pareció y que intentó desmentir, al tiempo, sin éxito.

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