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Tanto peca el que mata la vaca?

La dirigencia estatal priista, junto con su delegado especial, Fernando Moreno Peña, no ha terminado de entender que la derrota electoral que sufrió el pasado 7 de julio es su total responsabilidad.

¿De qué sirve buscar culpables hoy que ya todo está perdido?

¿Para qué?

Lo que deberían hacer, tanto Pablo Fernández del Campo Espinosa, dirigente priista, como el mentado delegado del CEN, es callarse la boca y poner manos a la obra en la recomposición del PRI, en Puebla.

¿Para qué alardear tanto y vociferar una traición si en el proceso electoral todo se les fue por una actitud de exceso de confianza?

No hay que ser un experto analista en política para darse cuenta que el más perjudicado fue el ex rector de la BUAP, Enrique Agüera Ibáñez, quien fue el verdadero impulsor de su propia campaña.

Para nadie es un secreto que ni Pablo Fernández, ni Fernando Moreno, ni César Camacho Quiroz, líder nacional del PRI, ni mucho menos, Ivonne Ortega Pacheco, secretaria General del PRI, perdieron más que Agüera.

Quien invirtió, quien se arriesgó, quien apostó su futuro político en la elección del pasado 7 de julio fue el ex candidato a la presidencia municipal de Puebla por la coalición 5 de Mayo.

Pablo Fernández y Fernando Moreno, sólo hacen el ridículo buscando traidores y conejillos de Indias para culparlos de la derrota que les corresponde asumir a ellos y a nadie más.

Si bien los papeles del frustrado ex candidato a la gubernatura del estado en el sexenio marinista, Javier López Zavala, así como el diputado federal por el PRI, Enrique Dóger Guerrero, contribuyeron con la derrota del PRI en los comicios pasados y dejaron mucho que desear, los verdaderos responsables del fracaso electoral tricolor fueron Fernández del Campo y Moreno Peña.

¿Quién conducía los destinos del PRI en ese momento?

¿Quién organizaba las reuniones de logística y operación para los distintos eventos, mítines y reuniones con el supuesto batallón electoral tricolor?

¿Quién ofreció los “brillantes” cursos de capacitación electoral a candidatos y operadores priistas?

¿Quién administró los recursos que liberó el PRI nacional para la elección, en Puebla?

¿Quién organizó aquel ridículo mitin en la explanada del estadio de beisbol Hermanos Serdán, durante la penúltima visita de César Camacho a Puebla?

Que, ¿ya olvidaron, Pablo Fernández y Fernando Moreno, que ni ellos, ni sus asesores, ni su gente operativa pudieron reunir siquiera cinco mil personas para ese evento?

Sería bueno que les contaran sus subordinados cómo se burlaron de aquel suceso.

¿Ya de qué sirve buscar culpables y hacer pública una acción de justicia en su contra?

¿No sería mejor actuar en consecuencia?

¿Por qué no aceptar que al gobierno federal y a Enrique Peña Nieto les valió sombrilla la elección en Puebla?

¿Por qué ni Pablo ni Fernando presionaron lo suficiente a la federación para contar con los recursos necesarios para ganar la elección?

Aunque fuese cierta la versión sobre las traiciones de Zavala y Dóger, ¿los delegados federales poblanos, dónde estuvieron?

¿Qué responsabilidades tuvieron en la elección?

¿Por qué mejor antes de hablar, tanto Pablo Fernández, como Fernando Moreno, no se ponen a pensar y ordenar todo lo que hicieron para perder la elección, en Puebla?

Aquí no hay de otra, “tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata”.

Sí, los traidores son culpables, tanto como los dirigentes que los solaparon.

Por cierto, otro de los responsables, con no menor culpa fue el aún dirigente estatal del Partido Verde, Juan Carlos Natale López, quien pronto tendrá noticias de su relevo en Puebla, muy pronto.

La grilla interna en la vida del partido del tucán se va a poner buena.

Al tiempo.

En twitter: @poncharelazo