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Garganta Profunda

Taddei y el inútil deslinde presidencial

La presidenta puede intentar reescribir la historia, es típico de regímenes totalitarios, lo que no puede es desaparecer los hechos

Foto: Especial
Foto: Especial

Pretender que Guadalupe Taddei es ajena a Morena y a la 4T no es una explicación política. Es un insulto a la inteligencia.

Claudia Sheinbaum pretende convencer a los mexicanos de que la expresidenta del INE nada tiene que ver con el movimiento que la respaldó, la defendió y terminó otorgándole poderes extraordinarios. Una versión tan conveniente como insostenible frente a los hechos.

Porque los vínculos no son producto de la imaginación opositora.

Ahí están Jorge Taddei Bringas, primo de Guadalupe y delegado federal del obradorismo en Sonora; Pablo Taddei, su sobrino segundo, colocado al frente de LitioMX, e Ivana Taddei, también sobrina segunda y diputada de Morena.

Pero hay algo todavía más revelador.

En 2023, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador celebró su llegada al INE, defendió su integridad y la calificó de honesta. La propia Sheinbaum hizo exactamente lo mismo.

Y cuando Taddei necesitó mayores facultades para controlar la estructura administrativa del organismo electoral, la mayoría legislativa oficialista modificó la ley para concedérselas.

¿Y ahora resulta que Morena no tiene nada que ver con ella?

La coartada presidencial es francamente grotesca: como Taddei inició su carrera antes de que existiera Morena, entonces sería ajena a la 4T. Con semejante razonamiento, buena parte del gabinete presidencial tampoco tendría relación con el movimiento obradorista.

El problema para Sheinbaum no es solamente el escándalo de presunta corrupción que precipitó la salida de Taddei. Es la memoria pública.

Porque una cosa es exigir que las investigaciones determinen responsabilidades y otra, muy distinta, pretender borrar los respaldos políticos, las conexiones familiares y los favores legislativos que están perfectamente documentados.

Morena no puede presumir a sus aliados cuando le convienen y declararlos desconocidos cuando se convierten en un escándalo.

La presidenta puede intentar reescribir la historia. Es típico de regímenes totalitarios. Lo que no puede es desaparecer los hechos.

Y ellos, los hechos, no dejan dudas: Guadalupe Taddei no apareció por generación espontánea en la cúpula del INE.

El obradorismo la abrazó, la defendió y la empoderó.

Ella pagó maniobrando a favor de Morena.

Ahora que estalló el escándalo, pretenden desconocerla.

Pero todo mundo sabe que Taddei es su Taddei, que la corrupta es su corrupta: el Frankenstein que volvió a exhibir cómo la corrupción es el aceite que nutre todo el sistema nervioso de la 4T, una realidad que supera toda ficción.