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Sobre la homofobia

Me sorprende la reacción que han tenido en Puebla los graves casos de homofobia registrados y relacionados con la política y las leyes de sociedad. Ambos, sin duda, son muy delicados y tienen que ser resueltos cuanto antes.

En particular, el caso de homofobia protagonizado por el diputado local del Panal, Héctor Alonso Granados, quien desató, desde la semana pasada, diversos comentarios sobre el tema por su absurda e ignorante actitud discriminatoria.

La historia ya todo mundo la conoce. Héctor Alonso es el terror de los medios, reporteros, fotógrafos y ahora de las personas que tienen preferencias sexuales distintas.

Empero, el tema va más allá del simple rechazo y animadversión del legislador, a quien, por cierto, ya apodan de mil formas.

Y es que el tema no es para menos.

Puebla, desde su historia, ha sido un estado conservador; se ha mantenido ajeno a los temas relacionados con la diversidad sexual, la discriminación, el rechazo y la fobia que se les tiene a las personas con preferencias sexuales diferentes.

Lo grave, es que en el estado las autoridades del gobierno, del PRI y el PAN en particular, nunca han querido discutir, regular y/o modificar la ley en beneficio de este sector de la sociedad, la lésbico-gay.

Los temas relacionados con la convivencia de las personas del mismo sexo, les aterra a los poblanos. Y lo mismo sucede con asuntos como la decisión de las mujeres a evitar un embarazo.

En ese sentido, habrá que recordar que en el Congreso local -en la congeladora- se encuentran dos iniciativas relacionadas con el tema que sufre el sueño de los justos, la iniciativa de Ley de Sociedades en Convivencia para el Estado de Puebla y la iniciativa de Ley para Despenalizar el Aborto.

Los dos proyectos legislativos se expusieron, por parte de la bancada perredista, a través del diputado, Rodolfo Huerta Espinosa, al pleno de la entonces LVI Legislatura que presidió, en su momento -por un lapso corto de tiempo-, el hoy gobernador del estado, Rafael Moreno Valle Rosas, cuando éste aún era priista.

Aquella LVI Legislatura, hay que decirlo, se caracterizó por su polémica, por sus decisiones y por su descomposición. Evitó, a toda costa, discutir el tema de la convivencia entre personas del mismo sexo y tampoco le entró al tema del aborto.

Y fue histórica -en lo político-, tan sólo por el simple hecho de aglutinar a personajes como el diputado, Enrique Vite Vargas, fallecido a causa de las lesiones que le dejó un trágico accidente carretero.

En ese Congreso estuvo, también, como diputada del PRI, Zenorina González Ortega, actual representante de la LVIII Legislatura. Lo mismo que José Juan Espinosa Torres por Convergencia, Fernando Morales Martínez, hoy dirigente estatal del PRI; así como Héctor Alonso, quien protagonizó sus primeros desmanes como diputado, pero del PRI.

Otros legisladores de aquella época que se mantienen en activo en la política poblana son: El edil panista de Tehuacán, Eliseo Lezama Prieto; y Hugo Alejo Domínguez, diputado del PRI y hoy del Panal.

El caso es que ninguno de estos legisladores, ni sus partidos, se tomó la molestia de insistir sobre los temas antes señalados, sobre la discriminación, sobre el rechazo a las parejas gay, a los ataques a los homosexuales y a la intención de poder regular la ley.

Es asombrosa la actitud de personajes como Gerardo Islas Maldonado, dirigente estatal del Panal, a quien le temblaron las piernas para reprobar y castigar la actitud de su legislador, Héctor Alonso.

Gerardo Islas sólo se la ha pasado tratando de resarcir el efecto mediático negativo que le dejó a su partido la bronca actitud de Alonso, a quien, me aseguran, ni siquiera le llamó la atención.

En estos momentos es cuando el joven dirigente debería mostrar valor, madurez, liderazgo, autoridad y solidaridad con los ciudadanos.

Y no es necesario esperar a que un perturbado diputado agreda a más personas, a que se incrementen más las muertes por odio y homofobia, a que se manifieste la comunidad lésbico-gay y a que los medios intervengan para que las autoridades tomen cartas en el asunto.

Van 6 los crímenes de este tipo en Puebla, en lo que va del año. El de Agnes Torres, defensora de los derechos humanos de la comunidad Lésbico, Gay, Transexual y Bisexual (LGTB) en Puebla, es uno más que pone el dedo en la llaga.
 
¿Cuántos más faltan para poder entender?

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