Slim y la 4T: una historia de poder, negocios y pragmatismo
El empresario no solo anunció una inversión: respaldó públicamente la capacidad de interlocución del alcalde
La fotografía de Carlos Slim y José Chedraui Budib anunciando una inversión de 4 mil millones de pesos en el Centro Histórico de Puebla tiene una lectura que rebasa los negocios inmobiliarios.
Slim no llegó a la cuarta transformación: la 4T llegó a coincidir con Slim.
Durante los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, las empresas del magnate han participado en grandes proyectos de infraestructura, telecomunicaciones y energía, al mismo tiempo que el empresario ha mantenido interlocución directa con ambos gobiernos.
Se han contabilizado más de 2 mil 600 contratos para empresas de Slim durante ambas administraciones, producto –quién puede dudarlo– de una relación privilegiada con el poder.
Ahí está la esencia de la relación: poder, negocios y pragmatismo.
Slim no necesita militancia partidista. Su fortaleza está en algo más eficaz: la capacidad de sentarse con gobiernos de distinto signo y encontrar espacios de coincidencia económica.
López Obrador tuvo con él diferencias y acuerdos; Sheinbaum ha mantenido reuniones y una relación pública que ella misma ha descrito como buena –sobre todo tras el terrible caso de la Línea 12 del Metro.
En ambos casos, el diálogo político terminó acompañado por negocios concretos.
En Puebla, esa lógica adquiere una dimensión particular.
Chedraui no es simplemente el alcalde que presentó una inversión. Es empresario, llegó a Morena después de una trayectoria política vinculada al PRI y, además, existe un vínculo entre ambas familias: su hijo José está casado con Ana Isabel Slim Aramburu, nieta de Carlos Slim.
Además, busca la reelección.
Por eso, cuando Slim dice que el proyecto poblano nació de una invitación de Chedraui, la frase tiene peso político. El empresario no solo anunció una inversión: respaldó públicamente la capacidad de interlocución del alcalde.
Y Chedraui recibe algo más que capital privado. Recibe una fotografía de enorme valor político: el hombre que ha construido buena parte de su poder económico en México aparece a su lado para anunciar una de las inversiones privadas más importantes para la capital poblana.
El momento tampoco es menor. Morena está por fijas las reglas para las contiendas internas municipales y Chedraui ha manifestado interés en continuar tres años más en el ayuntamiento capitalino; en ese contexto, mostrar resultados de inversión, empleo y recuperación urbana forma parte naturalmente de su narrativa de gobierno.
Pero aquí conviene separar los hechos de la interpretación.
Los 4 mil millones son una inversión privada de Grupo Carso, no recursos públicos. El proyecto –que por lo que se ve, no apoya el Gobierno estatal– todavía requiere autorizaciones, particularmente por ubicarse en el Centro Histórico y estar sujeto a la intervención del INAH.
Carlos Slim tiene experiencia en revitalizar centros históricos. Su intervención en el Centro Histórico de la Ciudad de México se convirtió en uno de sus grandes proyectos urbanos y en uno de los vínculos más visibles con López Obrador –el caudillo máximo de la 4T– desde su etapa como jefe de Gobierno.
Ahora, más de dos décadas después, el mismo modelo vuelve a aparecer en Puebla, pero con un protagonista político distinto: José Chedraui.
La política, sin embargo, está presente.
Porque en la Puebla de hoy Slim representa capital, Chedraui representa gobierno y la familia representa un vínculo que hace todavía más estrecha la relación entre ambos mundos.
Algo muy usual en la política mexicana: la convergencia de intereses entre quienes tienen capital y quienes tienen poder institucional.
Y en el caso de Slim, la historia reciente demuestra que ese pragmatismo ha funcionado con gobiernos distintos.
Ahora Puebla es el nuevo escenario.
El negocio está en San Francisco. La inversión es de Grupo Carso. Pero la fotografía –Slim y Chedraui juntos– pertenece, inevitablemente, a la política.
Y la política, hoy, está en 2027.
Pero sobre todo en el 2030.
