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Simulación gubernamental

Es una lástima que el presidente municipal de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, esté más ocupado y preocupado en promover su imagen a nivel nacional, en sus giras, en sus cosas personales, en su ego, en su campaña y en quedar bien con el PAN, y con el presidente, Enrique Peña Nieto, que en la seguridad de los poblanos.

Como a unos chinos nos engañó el edil, quien generó mucha expectativa durante su arribo al gobierno de la capital.

¿Por qué nunca dijo que sólo venía de paso y de paseo al Palacio Municipal?

En ese sentido, su capacidad como un político y gobernante poblano la resumiré, simple y sencillamente, en un dicho popular: “Mucho ruido y pocas nueces”.

Para nadie es un secreto que Eduardo Rivera inició su gobierno de la mano del estatal, pero de dientes para afuera. Poco tiempo le duró su luna de miel con la administración estatal.

Rivera, hay que decirlo, tuvo que someterse y subordinarse a las órdenes de quien verdaderamente administra el estado, el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas.

No por nada se ganó el mote de “El Patrullero 777”, ese personaje de Cantinflas que decía: “A sus órdenes, jefe”.

Más tardó en acomodarse en la silla del Palacio Municipal que en acatar las disposiciones de sus superiores en la política poblana. Esto, por supuesto, le generó un sinfín de críticas en los medios, en las redes sociales, en los distintos sectores de la sociedad.

Eduardo Rivera, nunca fue el funcionario que tanto presumió y cacareó.

A él y a Amadeo Lara Terrón la delincuencia los rebasó, los hizo añicos.

Hoy, los únicos poblanos seguros son los que se encuentran recluidos en el Cereso de Puebla, y eso porque todo el tiempo los vigilan.

¿Qué nos espera a quienes estamos afuera, en las calles, en los distintos hogares y en nuestros empleos?

Si no son los robos a cuentahabientes, a mano armada, con violencia, a los conductores de vehículos, a los comerciantes formales, a todos quienes poseen algún espacio público establecido, los robos a los domicilios están a la orden del día.

En Puebla, capital, ya nadie está seguro.

Y es que el ayuntamiento de Puebla cuenta con menos policías, con esquemas de seguridad inoperantes, con un secretario y edil que están más entretenidos empacando sus cosas para irse que en garantizar la seguridad de los poblanos.

Lo peor es que Eduardo Rivera ni nos ve, ni nos oye, como diría el clásico.

¿Qué podemos esperar de un gobierno que ya se lavó las manos, como Pilatos, en el tema de la seguridad, y que ya dejó a su suerte el proceso electoral que se juega en Puebla?

Porque si Eduardo Rivera no atiende la seguridad, mucho menos meterá en cintura a los partidos políticos (todos) que se han apropiado del centro histórico y el mobiliario urbano para colocar sus propagandas.

Pruebas, hay muchas; escritas, en videos, en fotografías.

¿Con qué estúpida excusa saldrán, Eduardo Rivera y Amadeo Lara, con relación en el robo a casa habitación en agravio del reportero, Agustín Hernández?

Es evidente que a Rivera le vale pito la seguridad de los poblanos.

¿Esa es la gran ciudad que queremos?

El gobierno de la capital está hecho un cochinero.

Insisto, están más preocupados en temas ajenos al bienestar de los ciudadanos, en los electorales y personales, que en lo que le sucede al resto de los poblanos, esos mortales de a pie.

La ciudad y el centro histórico son un caos por la basura electoral, por la inseguridad, por las calles cerradas, por las manifestaciones.

Ni el Instituto Electoral del Estado (IEE), ni el ayuntamiento de Puebla han podido poner orden.

A ver si a Eduardo Rivera y a sus asesores se les antoja salir a las calles para observar cómo, además de insegura, la ciudad es un asco.

Ojalá que alguien nos pueda explicar lo que algunos regidores cuestionaban en días pasados:

¿Cuánta propaganda electoral se encuentra ubicada en lugares prohibidos?

¿Qué carajo está haciendo el ayuntamiento para poner orden?

¿Por qué en postes de alumbrado, en árboles y en todo tipo de mobiliario urbano hay colocada propaganda de los distintos partidos?

¿A qué partidos se ha sancionado por la colocación de propaganda política?

Y en el tema de la inseguridad: ¿Hasta cuándo va a cesar, señor presidente, Eduardo Rivera?

¿Quién sigue?

Yo lo sufrí en carne propia.

¡Ah!, y Agustín Hernández y la porra lo saludan.

En twitter: @poncharelazo