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Se reagrupa el PRI. ¿Por cuánto tiempo?

¿Cuánto tiempo durará la supuesta nueva unión del PRI ordenada y cacareada por la secretaria General del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) tricolor, Ivonne Ortega Pacheco, el fin de semana pasado?

¿Cuánto la cordialidad y el supuesto trato de camaradería entre los líderes priistas?

¿Cuánto, también, la doble cara de algunos priistas que en la ciudad de México pactan una cosa y a Puebla vienen a hacer otra?

¿Cuánto tiempo pasará para que alguno de los asistentes a la reunión del sábado pasado vuelva a arremeter en contra del diputado local y dirigente estatal priista, Pablo Fernández del Campo?

¿Cuánto para que Enrique Dóger Guerrero y/o Javier López Zavala olviden sus rencillas y se unan nuevamente para exigir la cabeza de su dirigente partidista en Puebla?

¿Cuánto tardará para que se vuelva a dar una traición más en el PRI?

¿Cuánto para que el PRI vuelva a ser el partido de antes?

¿Cuánto para que sus supuestos líderes lo reconstruyan?

Y, ¿cuánto tiempo de vida les dará el gobernador del estado para lograrlo?

Aunque las intenciones del CEN, del mismo presidente nacional del PRI, César Camacho Quiroz, y de Ivonne Ortega Pacheco sean las mejores para su partido en la entidad, mientras los compromisos de algunos de sus militantes sean tan grandes, como lo son, con el gobierno sus intenciones serán vanas.

Ya el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, el diputado local, Víctor Manuel Giorgana Jiménez, puso el ejemplo y lo dejó muy claro.

Públicamente le hizo al Pedro Infante en su personaje de la película “A toda máquina” y señaló en entrevista aquello que dice así (léase ritmo de la canción del inmortal del cine mexicano): “Si te vienen a contar cositas malas de mí, manda a todos a volar y diles que yo no fui (…) Yo te aseguro que yo no fui…”

Y es que Giorgana, el priista que se sacó la rifa del tigre en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) al ganar su elección como candidato a legislador, luego de que nadie lo pelaba, aclaró que la postura crítica de la bancada priista en las últimas comparecencias de los secretarios morenovallistas que se llevan a cabo en la sede del Congreso no es obra de él.

Vamos, solito derramó el tepache después de atragantarse con un sorbo de ineptitud y sostuvo que la rudeza sus de sus legisladores fue una orden que salió del CEN del PRI y no de su oficina.

“Verdad de Dios que yo no fui”, dicen que le confirmó a los panistas en el Congreso.

Y es que al flamante Giorgana Jiménez ya le tiene cero confianza su partido y sus jefes en el PRI por su tibieza política mostrada en últimas fechas, antes de iniciadas las comparecencias.

Así que ahora tiene que seguir el script y respetar las órdenes de quienes lo pusieron donde está.

Para variar hoy será nombrada la senadora, Angélica Araujo Lara, como nueva delegada del PRI en la entidad, así como Gabriel Barragán Cáceres, ex director del Colegio de Bachilleres de Yucatán y operador político de Ivonne Ortega, como delegado en Puebla, capital.

A ver si los nuevos delegados logran que los priistas se respeten entre sí de una vez por todas.

Su tarea, por supuesto, se antoja muy difícil pero no imposible.

Si priistas, como Leobardo Soto Martínez, Enrique Dóger, Javier López, José Luis Márquez Martínez, Jesús Morales Flores y Carlos Sánchez, tienen la voluntad de poder permitir la reconstrucción de su partido tal vez podría lograrse.

De lo contrario, ellos mismos cavarán la tumba del ex partidazo.

Por lo pronto las intenciones públicas son buenas, ya sólo falta enterarse de lo que se dice en las reuniones privadas que es donde los priistas antiunidad se explayan maldiciendo a sus correligionarios y preparando sus traiciones.

A ver cuánto les dura el gusto.

En twitter: @poncharelazo