Ridículo priista
Resulta increíble ver cómo la dirigencia estatal del PRI, comandada por Pablo Fernández del Campo y Fernando Moreno Peña, tuvieron el atrevimiento y la desfachatez de impugnar el resultado de la elección en el municipio de Puebla.
Lo que no pudieron hacer durante casi dos meses de campaña ahora lo pretenden resolver mediante una ridícula impugnación, por favor.
Ya ahogado el niño, ahora el pozo quieren tapar.
Vaya descaro.
Ojalá que sus esbirros les recuerden que la diferencia de votos entre el candidato por Puebla Unida, José Antonio Gali Fayad, y el abanderado por la alianza 5 de Mayo, Enrique Agüera Ibáñez, fue por más de 58 mil votos.
Vamos, para ser precisos el resultado de la pasada elección del 7 de julio fue el siguiente:
Tony Gali, obtuvo 267,887 votos, mientras Enrique Agüera logró 208,998, lo que da una diferencia de 58,889 sufragios.
Pobre, Pablo Fernández, en el pecado lleva la penitencia, aunque lo niegue.
Y es que hay que ser realistas, al dirigente lo persigue una mala racha política que muy difícilmente se va a sacudir.
Para qué negarlo, esta es su tercera derrota electoral, de más está recordarla.
Lo que debería hacer, Pablo Fernández, es sentarse a reflexionar sus últimas participaciones electorales, su futuro político, su posición en el PRI, todas sus declaraciones y cada una de sus acciones.
Y con esto no pretendo hacer leña del árbol caído, sino una crítica constructiva.
El PRI de Pablo no funcionó, y no hay más, así de sencillo.
Los errores, insisto, el dirigente estatal priista, delegado o subordinado de Moreno Peña, o lo que sea, deberá asumir como son; eso sí, con mucha madurez.
Pablo Fernández, tuvo muchos avisos y llamados de atención durante la campaña y, dicen, hizo caso omiso y oídos sordos.
Su equipo de campaña, ni se diga; la elección que hizo la dirigencia tricolor fue más bien de escritorio, hay que reconocerlo.
El exceso de confianza de los priistas, la esperanza que Enrique Peña Nieto se tentara el corazón y enviara recursos de todo tipo, así como la división, la simulación y el engaño de muchos priistas, sumado a la falta de pericia político-electoral de la dirigencia para hacer campaña fueron lo que llevó al PRI a la derrota.
Por supuesto que hubo traiciones y muchos bloferos que engañaron a los ingenuos candidatos priistas, a todos sin excepción.
Otro factor que contribuyó a la tragedia electoral priista, tal vez el ingrediente más importante en los comicios pasados, fue la falta de recurso económico.
Me aseguran que nadie sacó de su bolsillo para patrocinar sus eventos; juran y perjuran que toda la responsabilidad recayó en el abanderado por la capital.
Y es un hecho que el factor dinero es un elemento básico para ganar cualquier elección; está claro que las campañas se ganan con dos cosas: Con dinero y con gente.
Si no hay dinero, definitivamente, no hay gente, ni mucho menos operación política efectiva para ganar.
Y si la cereza del pastel fue que a Peña Nieto le valió pito (silbido) la elección en Puebla, pues el ridículo priista se hizo realidad.
Lástima por el PRI.
Lamentable por Enrique Peña, quien dejó plantados y colgados de la brocha a los priistas poblanos y a sus candidatos.
Terrible para el futuro de la política tricolor, esa en que ya nadie cree.
Y muy provechoso para los priistas que se beneficiaron por la traición a su partido, el que les ha dado todo a manos llenas.
De sobra estaría mencionar a quienes jugaron doble, usted, amigo lector, bien los conoce.
Lo cierto es que el dogerismo, el zavalismo, el melquiadismo y algunas otras corrientes priistas se quisieron quitar un obstáculo más para jugar libremente sus fichas y su gallo una vez que concluya el sexenio del actual gobernador.
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* Posdatas
Corro, vuela y se acelera…
En el Partido Social de integración (PSI) están vueltos locos.
Los triunfos que algunos de sus candidatos obtuvieron en los comicios pasados los festejaron y festinaron ayer con bombo y platillo.
Carlos Navarro Corro, el risible dirigente estatal del PSI, aún sufre los estragos de la borrachera electoral triunfalista del pasado 7 de julio.
Lo que no ve Corro es que él es como el puñal de San Bartolo, puntiagudo y sin filo.
Ojalá que alguien de su partido le recuerde que su tan cacareado triunfo se debe a las candidaturas comunes, es decir, a la reforma electoral impulsada por el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, durante su efectiva operación política mucho tiempo antes de la elección pasada.
El PSI existe por la benevolencia, los buenos oficios y la buena voluntad del mandatario poblano, y nada más.
Pss, pss, por favor, que alguien despierte a Corro para que no vuele y se acelere, como los ex timbiriches.
Qué bárbaro.
En twitter: @poncharelazo
