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Renovarse o morir, el morenovallismo y el súper diputado

El resultado de la elección del pasado primero de julio dejó muchas enseñanzas y una muy buena lección al grupo que aún controla el estado, el morenovallismo.

La más importante, tal vez, es que descubrió que también se equivoca y que no es tan perfecto como lo había presumido.

Porque la carrera por la gubernatura por poco y la pierde, junto con todo el poder en el estado.

Sólo faltaba que Morena ganara Casa Puebla para que demostrara que le había pasado por encima al morenovallismo y a su líder, Rafael Moreno Valle Rosas, el ex gobernador que vio en sus anteriores aliados a sus más crueles verdugos.

Nadie sabe para quién trabaja, caramba.

Aunque ciertamente hubo un muy mal cálculo y una mala estrategia para el 2018 porque el periodo de gobierno de Tony Gali debió haber sido de casi 5 años y no de apenas dos.

El caso es que el grupo morenovallista aún está en el dilema de retener o no la gubernatura, cosa que se antoja más complicada para Luis Miguel Barbosa Huerta, candidato de Morena al gobierno, que para Martha Erika Alonso Hidalgo, gobernadora electa de Puebla.

Sin embargo, independientemente de la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf), lo que debe hacer el morenovallismo es renovarse o resignarse a morir.

Sobre todo ante el escenario político tan complicado que tiene enfrente.

Y debe renovarse y reorganizarse porque de lo contrario corre el riesgo de vivir lo que el marinismo en su momento: la extinción por no haber sabido administrar el poder.

Así que todavía puede resultar más afectado si no renueva sus liderazgos, limpia su imagen y se reconcilia con la gente.

Y para ello Martha Erika tiene que replantear su escenario como nueva líder del grupo que gobierna el estado desde hace casi 8 años.

De entrada, me parece que deberá gobernar con gente nueva, con nuevos personajes, con nuevos bríos, con muchos cambios en el gabinete; sin los Jorge Aguilar, sin los Víctor Carrancá, etcétera, etcétera.

En el morenovallismo hacen falta nuevos cuadros para poder retomar la fuerza política pero sobre todo la credibilidad que amasó y logró en 2010.

Porque hasta en el grupo morenovallista hay políticos que valen la pena y que son dignos de un reconocimiento público, aunque sean los pocos.

Allí está Max Cortazar, el propio gobernador Tony Gali, y muchos otros hombres y mujeres que han sido discretos y que han sabido mostrar su trabajo y su capacidad en beneficio de los poblanos.

Entre esos hombre está, también, Gerardo Islas Maldonado, el diputado electo local del distrito 22, y a quien desde hace ya mucho tiempo bauticé como el “súper secretario”, aunque ahora deberá demostrar que puede ser el “súper diputado”.

El Gerry, como lo conocen sus amigos, ha dado muestras de ser uno de los pocos políticos poblanos que han operado con una estructura creada por sí solo, y desde una trinchera no oficial.

Porque Gerardo sabe ser un aliado desde la trinchera que le asignen y le designen.

Prueba de ello es su trayectoria política, su desempeño como funcionario estatal, como dirigente de un partido y como gestor social.

Gerardo Islas ya demostró de qué está hecho, ganó la elección local por una diferencia de casi 8 mil votos por encima de su más cercano competidor y se impuso al efecto tsunami llamado Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el presidente electo de México.

Gerardo logró una votación de 48 mil 943 sufragios, contra 40 mil 392 de Raúl Barranco de Morena, el PES y PT.

Es uno de los políticos más jóvenes en el estado y alguien que ha sabido cuidarse de los escándalos, de la parranda, de los excesos, de la corrupción y de muchos otros vicios que otorga el poder.

Es un poblano joven al que le ha ido bien por el trabajo, el empeño y el colmillo retorcido que ha afilado con su larga trayectoria e inteligencia.

En estos personajes debe el morenovallismo recargarse para poder renovar sus filas y sus liderazgos. Y es el perfil de Gerardo el tipo de político que debe impulsarse para futuros gobiernos.

Hoy por hoy, Gerardo tendrá la oportunidad de asumir un liderazgo importante en el Congreso del Estado porque es allí donde los poblanos y la gobernadora electa lo van a necesitar.

De sobra esta decir que es conciliador, negociador, antepone el dialogo para sacar el trabajo de la administración pública a flote y en beneficio de los ciudadanos.

Empero, sobre todo hay que subrayar que el equilibrio de fuerza en el Poder Legislativo es lo que más le conviene a los poblanos, ya que de esta forma podrían desaparecer los excesos, las prebendas, los cochupos y los amarres por debajo de la mesa.

Ya veremos si Morena, el grupo que tiene mayoría, termina con todos los abusos y negociaciones oscuras que se dan en el Congreso local.

Así que, insisto, el morenovallismo debe entender que tiene que renovarse o está destinado a morir.

En twitter: @poncharelazo