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Garganta Profunda

¿Quién quiere calentar la BUAP?

La universidad necesita debate, no sabotaje; argumentos, no encapuchados; soluciones, no conflictos fabricados

La rectora de la BUAP, Lilia Cedillo. Foto: Especial
La rectora de la BUAP, Lilia Cedillo. Foto: Especial

La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) vuelve a colocarse en el centro de la arena política. Esta vez, el detonante es la reforma al sistema de pensiones y jubilaciones impulsada por la rectora Lilia Cedillo Ramírez, una decisión valiente que toca intereses económicos, laborales y políticos del pasado y presente, y que algunos quisieran convertir en el nuevo campo de batalla de la comunidad universitaria.

El asunto no es menor. Modificar un sistema de pensiones implica revisar derechos, obligaciones y compromisos financieros de largo plazo. Hay inquietudes legítimas que deben atenderse. Pero una cosa es debatir una reforma y otra, muy distinta, utilizar el descontento como combustible para desestabilizar nuevamente a la BUAP como en 2025 con el paro estudiantil, un movimiento que empezó con exigencias genuinas y que derivó en botín de perversos intereses políticos.

La rectora Cedillo viene precisamente de un periodo político complicado que ha logrado superar gracias a trabajo, inteligencia y tenacidad. No ha sido fácil, pues ha tenido que navegar en medio de aguas turbulentas y de ambiciones externas e internas que buscan someterla, maniatarla o controlarla, pisoteando la autonomía de la institución.

Parece que muchos no escucharon –o no quisieron escuchar– las palabras que el gobernador Alejandro Armenta Mier expresó con claridad al acudir al más reciente informe de labores de la rectora, a quien respaldó públicamente tras censurar cualquier intento de vulnerar su autoridad. “¡Ay de aquel o aquella que se equivoque o que quiera mancillar la autonomía universitaria!”, sostuvo.

Así que si la relación entre el Gobierno estatal y la Rectoría parece haber superado una etapa de distanciamiento y encontrado un punto de entendimiento, la pregunta no es ociosa: ¿a quién le conviene que la BUAP vuelva a entrar en turbulencia?

Este lunes, un grupo de encapuchados intentó impedir la salida de unidades del Sistema de Transporte Universitario (STU) desde Ciudad Universitaria, bloqueando durante varios minutos los recorridos hacia CU2. Fueron los propios estudiantes quienes terminaron por expulsar a los manifestantes, identificados como “porros”. Por si algo faltara, posteriormente se realizó una manifestación que de espontánea tuvo muy poco.

El episodio merece atención, pero también prudencia. La única certeza es que ocurre justo cuando la BUAP busca reformar su sistema de pensiones y jubilaciones y después de que Lilia Cedillo había salido a fijar una postura más que prudente al anunciar, primero, que la consulta acordada con la Asociación Sindical de Personal Académico (ASPABUAP) se ampliará a todo el personal académico activo de la universidad y, segundo, que se impulsa un paquete de beneficios para los profesores hora-clase, el cual incluye un incremento salarial del 10% y la posibilidad de que ahora puedan votar y ser votados para consejeros universitarios y otros cargos.

Y es aquí donde el calendario político añade una dosis de suspicacia. Con las elecciones de 2027 en el horizonte, la BUAP representa mucho más que una institución educativa: es un espacio de influencia, interlocución y poder. Su comunidad, su capacidad de movilización y su peso en la vida pública poblana la convierten en un actor que ningún grupo político mira con indiferencia.

¿Existen actores externos e internos dispuestos a aprovechar cualquier fisura?

Lo que está en juego es demasiado importante para reducirlo a una lucha de versiones. La reforma de pensiones -a la cual ninguno de los antecesores de Lilia Cedillo se atrevió-  debe discutirse con información clara, participación universitaria y respeto a los derechos laborales.

La BUAP necesita debate, no sabotaje; argumentos, no encapuchados; soluciones, no conflictos fabricados. Si hay inconformidad, que se exprese y se atienda por las vías institucionales. Si hay intereses políticos detrás de la agitación, corresponde identificarlos con pruebas, no con especulaciones.

Sí, ¿quién quiere calentar la BUAP?