¿Quién ganó el debate?
En lo personal, creo que en el evento organizado por Actívate X Puebla ni hubo debate, ni ganador, ni buena producción en la transmisión, ni nada.
Eso sí, los grandes perdedores de siempre fueron los poblanos.
Y es que el mentado debate organizado por Actívate X Puebla fue un evento que dio pena, que quedó a deber, que no aportó nada a la tan anhelada y cacareada democracia, que se centró en el “yo puedo”, “yo soy”, “yo hice”, “tú me conoces” y toda clase de adornos personales.
Nunca debatieron los tres aspirantes a la presidencia municipal de Puebla.
Ni José Antonio Gali Fayad, ni Enrique Agüera Ibáñez, ni mucho menos, Miguel Ángel Ceballos López, replicaron y debatieron lo dicho entre ellos.
Vamos, ni la moderadora del dichoso debate lució.
Mucho ruido y pocas nueces, así resumiría el malogrado debate.
Tal vez si “El Profe Ceballos” hubiese llevado a sus edecanes que paseaban en el Congreso del Estado el debate habría dado un mejor espectáculo, ni duda cabe.
De entrada, el formato y la producción del debate fueron de lo peor. Era evidente que el acto era un traje a la medida.
El tiro de la cámara se abrió perfectamente para Gali y para Ceballos, mientras que para Agüera se cerró a lo mínimo, provocando que el candidato se viera sin cuello.
La transmisión fue pésima, del asco.
A Gali se le vio al principio muy relajado, tranquilo, como si ya hubiese estudiado las preguntas y respuestas con anticipación. Se le vio sobrio, seguro de lo que señalaba.
Agüera, perdió la cámara por un momento y parecía nervioso, sin su característica de mostrarse como un buen orador, manejador de las luces, las cámaras y la acción.
Y aunque siempre tuvo claridad en sus ideas, el nervio pareció haberlo traicionado por momentos.
De “El Profe Ceballos” puedo decir muy poco, demostró que es un muy mal conferencista, pues se mantuvo agachado la mayor parte del tiempo, leyendo y revisando su acordeón.
Vergüenza debería darle proclamarse ganador del debate, si es que lo hizo.
Antonio Gali, fue quien atacó a su adversario, Agüera, con el tema de “no regresar al pasado”, con el tema del marinismo, con la vuelta en “U”. Empero, el ex rector de la BUAP, aguantó a pie firme e hizo caso omiso a las agresiones, aplicó el valemadrismo ante la guerra sucia y no cayó en el juego.
Sin embargo, Agüera, no manejó bien sus tiempos y en reiteradas ocasiones dejó mucho tiempo al aire, de sobra, que bien pudo aprovechar.
Ambos candidatos, quienes son los verdaderos competidores en esta elección, Agüera y Gali, prefirieron centrarse más en el tema de las propuestas, poco innovadoras, por cierto.
Y así se desarrolló el famoso gran debate.
Sin chispas, ni destellos; sin ataques, sin las famosas bombas que pronosticaron los gurús del periodismo poblano contra Agüera.
Eso sí, la verdadera lucha se dio donde siempre; donde se encuentra actualmente, en la base, en las redes, en la calle, en la operación camuflajeada.
La verdad, qué asco de debate.
Se me hace que hubiese sido más conveniente que se dieran hasta con la cubeta. Que corriera la sangre.
Lo que sí hay que reconocer es que “El Profe Ceballos” cumplió su promesa de no mostrarse en esta ocasión como el palero de uno de sus dos adversarios.
Bueno, al menos algo hizo bien, Ceballos.
Al final, las ventajas para el anfitrión del debate, perdón, para el candidato por Puebla Unida, José Antonio Gali, se notaron.
Gali, cerró el debate como lo empezó, con los mismos ataques y trayendo a la memoria al personaje que olvidó encarcelar siendo funcionario, Mario Marín Torres.
Por cierto, ¿a alguien se le antoja otro debate?
¡Hey, hey, hey! ¿Qué, nadie va a levantar la mano?
Eso sí, no necesariamente quien gana el debate gana la elección, ¿verdad, senador, Lozano?
Y como dijera “El Pirrurris”: “Abuurrr…”
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