Que alguien me explique
Que alguien me explique por qué en el PRI poblano se siguen haciendo como “El Tío Lolo” con respecto al tema de los traidores y supuestos Judas que operaron en la elección pasada en contra de su propio partido.
Que alguien me explique por qué los priistas no ponen orden de una vez por todas en su instituto político y echan a aquellos que contribuyeron a la derrota de sus abanderados, tanto en la capital, como en el interior del estado.
Que alguien me explique por qué le hacen tanto al enmascarado.
Que alguien me explique por qué si todo mundo conoce quiénes son esos priistas nadie se atreve a sacarlos a patadas de sus filas.
Que alguien me explique por qué los siguen tolerando.
Que alguien me explique por qué si los diputados federales, Javier López Zavala y Enrique Dóger Guerrero, son dos supuestos renegados siguen gozando de las mieles del poder que siempre les ha brindado la estafeta tricolor.
Que alguien me explique por qué, por ejemplo, Zavala, siempre advirtió que el PRI perdería la elección en los municipios donde sus subordinados no encabezaron candidaturas, y así sucedió.
Que alguien me explique por qué Zavala niega ser un traidor cuando en la víspera de la elección local pasada del 7 de julio sostuvo diversas reuniones con los operadores del SNTE y del Partido Social de Integración (PSI).
Una de esas reuniones, por cierto, se dio el 5 de julio en el Hotel Puebla de Antaño, donde estuvieron el impulsor del frustrado “proyecto Z” y personajes como Iván Conrado Camacho, ex candidato a edil del PSI por Cuyoaco.
Que alguien me explique, entonces, qué hacían allí, en el mismo lugar que Zavala, los simpatizantes de Carlos Navarro Corro, protegido, empleado de Zavala en el sexenio marinista y, además, actual dirigente estatal del PSI.
Que alguien me explique cómo se le llama a eso, casualidad, traición o marranada.
Empero, también, que alguien me explique por qué ni Pablo Fernández del Campo, dirigente estatal priista, ni Fernando Moreno Peña, delegado nacional del tricolor, se inmutaron de las cochinadas de sus dizque candidatos y protegidos.
Que alguien me explique por qué Pablo no puso a trabajar a su gente para, siquiera, ganar un distrito de la capital poblana.
Y lo peor, que alguien me explique por qué desde ese momento se le metió en la cabeza al dirigente priista crear una estructura personal para lanzarse en el futuro como candidato a presidente municipal de Puebla por el PRI.
Que alguien me explique qué le pasa a este hombre.
Ojalá que alguien me explique por qué César Camacho Quiroz, dirigente nacional del PRI, no se faja bien los pantaloncitos y pasa la guadaña en su partido, en Puebla, para intentar limpiar, sanear y depurar a toda su militancia.
Que alguien me explique por qué el PRI sigue disputándose el poder, cuando ya no le queda nada.
Que alguien me explique por qué los priistas no entienden que hace falta una purga completa en su partido, debido a que siguen siendo los mismos liderazgos quienes se prestan a la dirigencia estatal de su partido por pequeños periodos que han terminado en el fracaso.
Y la última: Que alguien me explique por qué el ex gobernador y ex senador, Melquiades Morales Flores, ya promueve a su hijo, Fernando Morales Martínez, como el redentor del PRI poblano de cara a 2018.
Que alguien me explique si es que este connotado priista habla al tanteo o ya sabe algo.
En twitter: @poncharelazo
