Peña y el gobernador RMV
Las circunstancias políticas -locales y nacionales-, particularmente por el impulso de las reformas que empuja el presidente, Enrique Peña Nieto (EPN) -energética, hacendaria y educativa-, mantienen un avance fortuito en cada una de las entidades que no termina por alinearse.
Los astros aún no se le acomodan del todo al mandatario nacional, a quien ya se le vino encima su primer informe de gobierno y muchos otros problemas.
Los disturbios provocados por la CNTE, la negativa de algunos diputados para avalar las reformas propuestas, la discusión sobre Pémex, así como las evaluaciones nacionales en las que el gobierno federal no sale del todo bien librado le complicaron mucho las cosas al inquilino de Los Pinos.
Es por ello que la Conago y muchos de sus actores, particularmente, el actual presidente, el gobernador del estado, Rafael Moreno Valle Rosas, han tomado fuerza como gestores y promotores de las propuestas de Enrique Peña.
En lo particular, el gobernador poblano, mantiene un papel importante y trascendente en ese juego que le ha valido acumular fuerza, poder y margen de maniobra en la política local y nacional.
No por nada, Moreno Valle Rosas, mantiene comunicación estrecha y directa con muchos de los integrantes del gabinete peñista, quienes se han convertido ya en sus aliados.
¿Le suena el nombre de Luis Videgaray?
Así es, es ni más ni menos el poderoso secretario de Hacienda con quien el Ejecutivo del estado ya hizo una amistad directa que le permite gozar de la complacencia del gobierno federal.
A esto y a muchas otras circunstancias, como los resultados de las últimas dos elecciones locales (2010 y 2013) -arrasadas por Moreno Valle- se debe el poder político del mandatario, quien tiene ya resueltos con mucha anticipación varios de los próximos eventos políticos en lo local y en lo nacional.
Algunos, por supuesto, tienen que ver directamente con su partido, el PAN, y otros con su ex partido, el PRI.
En lo local se encuentran los temas políticos, el reacomodo de los partidos, las sucesiones universitarias, los relevos en cargos públicos, entre muchos otros temas de trascendencia. Todos, sin excepción, pasan por Casa Puebla.
En el PAN, el revelo en la dirigencia municipal depende, por supuesto, de la venia del gobernador, quien por ningún motivo permitirá que repita en el cargo Gerardo Maldonado Balvanera, el representante de El Yunque.
Ni siquiera los pronunciamientos del edil capitalino, Eduardo Rivera Pérez, abonarán por la causa de Maldonado, quien presume haber entregado buenas cuentas a su partido en la elección pasada, cuando todo mundo sabe que el fenómeno Tony Gali y sus impulsores fueron los verdaderos ganadores de aquellos comicios.
En el PRI, el poder del gobernador no ha permitido que sus huestes y líderes se reagrupen, se organicen, concilien y puedan levantar lo que queda de su partido.
Ni Pablo Fernández del Campo, dirigente estatal, ni el delegado, Fernando Moreno Peña, ni nadie más lo han podido parar.
Mucho menos los delegados federales designados para Puebla, quienes se mantienen como simples espectadores que no se atreven ni a enfrentarlo, ni siquiera a hablarle.
Y ejemplos hay muchos: Juan Manuel Vega Rayet, de Sedesol, quien está más preocupado en hablar con su amigo, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que en ponerse a trabajar.
Resultó mejor operador Mario Rincón González, titular de Sedeso, en Puebla, que el flojonazo de Vega Rayet.
Y lo mismo Juan de Dios Bravo, delegado de Liconsa; Humberto Aguilar Viveros, de Conafor; José Alarcón Hernández, delegado de la SEP, y muchos otros a los que le falta carácter, decisión y ganas de crear
En Puebla el morenovallismo predomina, no hay más.
El poder del gobernador crece y se extiende rumbo a 2018.
En twitter: @poncharelazo
