Peña no es Marín
Muy interesante será ver y analizar los movimientos políticos de aquellos priistas que no comparten la idea de que Enrique Agüera Ibáñez, ex rector de la BUAP y ahora virtual candidato del PRI al ayuntamiento de Puebla, pudiera ganar la próxima elección local.
Habrá que mirar quién arroja la primera piedra, como lo dice aquel pasaje de la Biblia.
Y es que, hay que reconocerlo, la candidatura de Agüera no le cayó nada bien a ciertas expresiones priistas que se creen dueños de la estafeta tricolor.
Enrique Dóger Guerrero, Blanca Alcalá Ruiz, Juan Carlos Lastiri Quiroz, Jorge Estefan Chidiac, Javier López Zavala, sólo por mencionar a algunos.
Varios de estos personajes, por no decir todos, ya piensan en 2018 y en la sucesión del actual mandatario poblano, quien, por cierto, está siendo muy cauteloso para moverse en las turbulentas aguas que se anticipan a la próxima elección local del 7 de julio.
Tal vez a eso se deba la versión de que el secretario de Infraestructura, José Antonio Gali Fayad, podría decidir bajarse -de última hora- de la pugna por la candidatura del PAN al ayuntamiento de Puebla.
O aquella que señala que el diputado federal por el PRI, Enrique Dóger, podría ser el gallo de la coalición Puebla Unida por no haber salido beneficiado en la última competencia interna priista.
Esto, por supuesto, es parte de los trascendidos y de la aguda rumorología que ya se desató en Puebla, capital.
Empero, regresando al tema del PRI, es importante analizar las posiciones de los priistas que podrían inconformarse con la designación de Enrique Agüera, haciendo una campaña contraria a la de su partido.
Es decir, que por sus ambiciones personales y sus repudios al ex rector de la BUAP decidan hacer una campaña de brazos caídos para perjudicar directamente al próximo candidato.
Que no operen y que no movilicen a sus estructuras por simples caprichos.
Esto, desde luego, podría suceder igual que en 2010, cuando Zavala perdió la elección a la gubernatura.
Por supuesto que en aquella elección las circunstancias políticas eran otras, lo mismo que los gobernantes y líderes de los partidos.
Sin embargo, algo que Enrique Dóger o Blanca Alcalá no han medido es lo peligroso que podría resultar jugar las contras al PRI y a Agüera.
De entrada, las condiciones político electorales en Puebla, insisto, son totalmente diferentes.
En esta ocasión no es Mario Marín Torres el padrino político de Enrique Agüera.
Tampoco, el presidente, Enrique Peña Nieto (EPN), es el ex gobernador, Mario Marín, para actuar tibiamente en contra de sus adversarios, de los traidores y de quienes busquen perjudicar sus decisiones en Puebla.
Es más, se dice que ya empezaron a llegar a la capital y al estado observadores, operadores, encargados de la movilización electoral priista e informadores del PRI y de EPN.
Muchos son los personajes que están encargados de albergar a varios de estos personajes.
Lo cierto es que ni Enrique Agüera es Zavala, ni tampoco tiene el desprestigio o el tufo de la corrupción marinista.
Me cuentan que si cualquiera de los priistas que encabezan las distintas expresiones juega en contra de su partido, eso lo sabrán, con pelos y señales, EPN, el PRI nacional, César Camacho Quiroz, Miguel Ángel Osorio Chong, el poderoso secretario de Gobernación federal; Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda; Ivonne Ortega Pacheco, secretaria General del PRI, y otros operadores que toman decisiones conjuntas para la presidencia.
El peñismo, aseguran, no es nada comparado con el marinismo y sus lagunas para poner en orden las cosas en el PRI.
La elección, en Puebla, sigue calentándose y poniéndose buena.
En twitter: @poncharelazo
