Posdata
Otra vez Antorcha
Por enésima ocasión, la agrupación política nacional, Antorcha Campesina (AC), liderada en Puebla por Juan Manuel Celis Aguirre, y a nivel nacional por Aquiles Córdova Morán, volvió a desquiciar el tráfico en la ciudad.
Acostumbrados al chantaje, a las prebendas, a la negociación política, a los beneficios que deja el poder y a las bondades que ofrece el erario público, los antorchistas poblanos organizaron sendas manifestaciones -la semana pasada- que acabaron con la paciencia de los poblanos.
Nuevamente, exigieron más y mejores obras públicas para las colonias donde mandan y gobiernan.
Y es que AC es una organización que hace y deshace a su antojo, en el momento que así lo deciden sus líderes, quienes maquinan cada uno de los movimientos antorchistas desde sus lujosas residencias y promisorios negocios.
Es por ello que considero prudente reproducir una de las ediciones pasadas de Posdata, referente, precisamente, al tema de AC:
“El negocio de los pobres
Muy atrás quedó la verdadera lucha social y nacionalista que emprendió a favor de los campesinos y de los más pobres, en los setenta, aquel profesor oriundo de Tecomatlán, Puebla, región ubicada en la Mixteca, Aquiles Córdova Morán.
También quedó atrás la imagen y el significado de lucha de una agrupación organizada, dedicada a ‘ayudar a los campesinos mexicanos a resolver su problemática de elevar su producción y, en consecuencia, su nivel de vida’.
Y aún más atrás, en el rezago total, quedaron los intereses de los antorchistas agremiados, quienes se mantienen más como soldados, como la tropa que siempre está lista para acatar las órdenes de sus superiores.
Antorcha Campesina (AC) surgió como un grupo que organizó a la gente pobre para mejorar su suerte. Y, en efecto, con el paso del tiempo aglutinó a un buen número de personas, quienes provocaron que mejorara la suerte antorchista, pero la de sus líderes.
Antorcha es hoy un trabuco político capaz de mover masas enteras. Capaz de organizar manifestaciones masivas y ejercer una fuerte presión y jaqueca al gobierno. Capaz de obtener lo que se proponga utilizando la amenaza y el chantaje; capaz de arrebatar sin pedir tregua.
AC abanderó siempre las causas nobles, las de los más necesitados, pero, al final, para amasar poder y hacer dinero, utilizó el pretexto perfecto para lograrlo: La necesidad de los pobres.
Para nadie es un secreto que la familia Córdova Morán pasó de ser, rápidamente, una familia campesina a una raza pudiente, líder, política y sobresaliente; vamos, una estirpe muy adinerada. Sin embargo, a la par, también, se convirtió en el monstruo de mil cabezas que aborreció toda la vida. En el grupo caciquil que vomitó, criticó y reprobó en el pasado.
Y para descubrirlo sólo hay que echar un vistazo a la historia y vida de AC.
Parte de los postulados antorchistas señalan lo siguiente:
‘La organización nació con el propósito de organizar a los grupos más pobres, más necesitados, más desprotegidos del campo y de la ciudad para luchar por sus intereses inmediatos, pero, también para luchar por sus intereses históricos, es decir, por la justa distribución del ingreso, la eliminación de las diferencias sociales radicales, para lograr mejores condiciones de vida de una manera permanente para los propios trabajadores’.
Lamentablemente, ese mensaje se distorsionó totalmente. La familia Córdova Morán escondió en lo más profundo de su núcleo su lucha original. Descubrió el poder y se dejó seducir y abrazar por las delicias que éste ofrece.
En la actualidad, AC es un verdadero negocio familiar. Es una franquicia con 32 sucursales en el país. En Puebla, no vamos lejos, Tecomatlán es territorio y propiedad, cien por ciento antorchista, por ser la cuna de la organización.
La familia Córdova Morán cambió los huaraches por el fino calzado.
La ropa modesta por prendas de exclusivas tiendas departamentales.
Los animales de carga y los vehículos modestos por automóviles de súper lujo.
La comida del campo por exquisitos manjares.
Las reuniones populares por encuentros político-empresariales.
Los líderes de AC hoy son portentosos empresarios que viajan en lujosos autos.
Tan sólo en Puebla, son capaces de apoderarse de cualquier lugar, de cerrar calles en el momento que se les antoje y de amenazar a la autoridad. AC controla una flotilla de grúas, negocios de abarrotes y un restaurante.
En Puebla, los antorchistas se apoderaron, bajo el amparo de gobiernos pasados -en particular del marinismo- de varios inmuebles históricos.
En pleno centro de la ciudad, en la 5 Poniente, entre 3 y 5 Sur, AC se apoderó de al menos cinco edificios que utiliza como su sede estatal, como dormitorio de mujeres, de hombres, como tiendas comerciales y uno más como un lujoso restaurante, ‘La Fonda Margarita’.
En esta misma calle, también administra un estacionamiento que funciona como pensión de 24 horas. Su dirigente, Juan Manuel Celis Aguirre, es propietario de al menos tres vehículos de lujo; un Passat blanco es uno de éstos.
Para variar, el líder nacional de AC, Aquiles Córdova, surte su guardarropa en Angelópolis. Utiliza calcetines Hugo Boss y ropa interior de marca; qué más da si recursos, cuotas y coperachas de los agremiados a AC, sobran. Lautaro Eleusis, ex vocero de AC, es su acompañante cuando se trata de ir de compras.
Para la familia Córdova la pobreza y la miseria quedaron muy, muy atrás.
Los pobres, no cabe duda, ahora son su mejor negocio…”
En twitter: @poncharelazo
