Orfandad priista
La renovación en la dirigencia estatal del PRI se ha convertido en el anhelo y reto más grande para la militancia de este instituto político, debido a que la orfandad en la que se encuentra hundido el ex partidazo cada día que pasa se agudiza más y más.
El desgaste sufrido por Pablo Fernández del Campo Espinosa, actual dirigente estatal tricolor, es ya muy peligroso para él, para la nueva bancada en el próximo Congreso del Estado y, en general, para el futuro del priismo local.
A los priistas ya les urge cerrar 2013 por distintas razones.
Primero, porque el año que termina es uno de los más trágicos para su historia, luego de 2010, cuando el candidato del marinismo, Javier López Zavala, perdió la elección ante el hoy gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas.
Y segundo, porque el año que está por concluir significó un golpe fulminante más para el PRI por la derrota que sufrió el pasado 7 de julio en los comicios locales.
El resultado ya todos lo conocemos y las consecuencias aún continúan su curso.
Está claro que por el momento para el CEN del PRI no es prioridad la resurrección de su partido en Puebla, sin embargo, la indefinición en la que se encuentra el Comité Estatal puede descomponer aún más las cosas entre su militancia y cobrar factura en la elección de 2015.
Resulta imprescindible que César Camacho Quiroz, dirigente nacional del PRI; Ivonne Ortega Pacheco, secretaria General; Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, y/o el propio presidente, Enrique Peña Nieto, defina cuál será el futuro del PRI en Puebla.
Hasta el momento ha trascendido la existencia ya de una posible terna para suceder en el cargo a Pablo Fernández; empero, en los hechos nadie sabe nada, ni quién será el elegido, ni los tiempos, ni los procesos que seguirá el CEN para poner orden en sus filas.
Y es que mientras el PRI se desmorona, otros partidos como el PAN, el PRD y hasta los de registro local siguen creciendo, avanzando y ganando terreno.
Al PRI le urge una nueva cabeza, un nuevo líder que venga a reorganizar las cosas en su partido.
Alguien que venga a conciliar entre los distintos grupos, que reconstruya y refrende la estructura priista que aún puede equilibrar la política poblana; alguien que llegue a darle dignidad y orgullo a su militancia, que dé un manotazo en la mesa para meter en cintura a quienes han lucrado con sus siglas.
La renovación del PRI es inminente, urgente y necesaria.
De qué le sirve al PRI poblano que lo visiten dinosaurios como Humberto Roque Villanueva, si no es capaz de abandonar la mediocridad política en la que está sumido desde 2010.
¿Qué aporta el libro presentado por el autor de la “famosa Roque señal”?
Vamos, ¿de qué le sirve a los priistas poblanos?
Lo que el PRI poblano requiere, lo que urge y necesita, son nuevos cuadros, nuevos liderazgos, diputados locales y federales inteligentes -que no se vendan-, que se acabe con el zavalismo amenazante, que se termine con el dogerismo y sus políticas de amenazas y caprichos.
Que se termine con el melquiadismo, ese que ya quiere la próxima candidatura a la gubernatura para su cachorro; que se logre conformar una bancada en el Congreso local sólida, unida y capaz de enfrentar los embates de la cargada sin la necesidad de vender sus votos por tres monedas.
En el nuevo PRI se necesita de un líder joven, con el perfil de otros políticos como del propio gobernador, Rafael Moreno Valle, negociador, astuto, que logre los consensos entre las distintas fuerzas, decidido y atrevido.
Lamentablemente, no se ve un perfil en Puebla de ese tipo para el PRI, que pudiera hacer un contrapeso real al gobierno.
Guillermo Deloya Cobián parece muy verde.
Desapareció en los momentos claves de su partido.
Y quién sabe si el marinismo no lo haya marcado como a otros políticos que gozaron de las mieles del poder en el sexenio pasado y se hicieron los occisos.
El panorama para el PRI es difícil y no se ve cómo pueda levantarse.
En twitter: @poncharelazo
