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No me ayudes compadre (la expresión para el nuevo delegado del PRI)

Parece que la desgracia político-electoral del PRI, desde que perdió el poder en Puebla -a manos del marinismo- con un escandaloso descalabro propiciado por el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, no tiene límites ni mucho menos fecha de caducidad.

Desde aquel fatídico 2010, año en el que el PRI perdió la brújula y quedó políticamente muerto en vida por tener que ceder la gubernatura, nada más no da una.

Dirigentes, delegados, candidatos y toda clase de “políticos experimentados” han pasado por el comité estatal priista para tratar de recoger las cenizas de lo que fue el mentado ex partidazo e intentar hacer aunque sea un ladrillo con ellas.

Empero, para tristeza de los priistas, todo esfuerzo ha sido en vano.

Y es que ninguno de sus líderes, ni siquiera el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priista, junto con todos los presidentes que desde entonces han tomado las riendas del partido, ha logrado reorganizar, recomponer y reconstruir al Revolucionario Institucional en la localidad.

De aquel partido poderoso, dueño de todo Puebla, de los tres poderes de gobierno, padre de los distintos sectores en la entidad, sólo queda el puro zurrón.

Y para desgracia del priismo, la presentación del nuevo delegado nacional tricolor en Puebla, Ismael Alfredo Hernández Deras, ya derivó en un nuevo escándalo para el PRI porque nuestro personaje en cuestión resultó con una tremenda cola de dinosaurio.

Delegados nacionales priistas han ido y venido a Puebla sin entregar al CEN buenos resultados; ex gobernadores con un cartel de súper lujo han llegado a tratar de oxigenar a su partido en la entidad y las cosas, a pesar de todos sus esfuerzos, siguen igual o peor para los tricolores.

El PRI es un partido fragmentado, dividido, peleado, aporreado por sus propias corrientes, y prácticamente dejado de la mano de Dios.

Los delegados nacionales sólo le han dado dolores de cabeza al PRI poblano.

No ha habido uno que muestre las agallas para sacar del limbo al partido que hoy gobierna el país.

El trabajo de los delegados priistas que llegan a Puebla ha dado el mismo resultado, un verdadero fracaso.

Utilizan el mismo patrón, guión y machote: llegan a Puebla, los presentan con bombo y platillo como los mesías de la política nacional y la grilla priistas, y al final resultan todo un fiasco. Así como llegan se van.

En el 2010 el CEN del PRI designó como su delegada nacional para Puebla a Paloma Guillén Vicente, mejor conocida como la hermana del Subcomandante Marcos y ahora ex subsecretaria de Migración y Asuntos Religiosos de la Segob.

Los andares de Paloma en el estado tuvieron un efímero resultado positivo que concluyó con su intempestiva partida del estado.

Posteriormente, al relevo llegó Maximiliano Silerio Esparza, ex gobernador de Durango, quien prácticamente cargó, junto con el marinismo y su líder moral, Mario Marín Torres, con la histórica derrota del PRI poblano en 2010, cuando perdió la gubernatura ante el hoy mandatario estatal.

Al norteño del mostacho no le quedó otra que agachar la cabeza y salir corriendo del estado porque cavó la tumba del PRI, y él fue uno de los responsables directos que clavó el ataúd político de su partido.

El resultado de aquella elección, responsabilidad de un delegado nacional, ex gobernador de Durango, fue catastrófico para el PRI y todo mundo lo conoce.

Hoy, casualmente, llega a Puebla otro delegado nacional que también es ex gobernador de Durango; a ver si no resulta la misma historia.

Después de la partida de Silerio, llegó a Puebla como delegado nacional del PRI el aguerrido pero fracasado Fernando Moreno Peña, ex gobernador de Colima, quien perdió la elección local del 2013 en un resultado abrumador para su partido.

El PRI, entonces, perdió la capital y la mayoría de las diputaciones, así como los ayuntamientos más importantes del estado.

Moreno Peña hablaba mucho, amenazaba, pero representaba a la perfección aquel dicho popular de “perro que ladra no muerde”.

Ni él, ni Pablo Fernández del Campo pudieron con el ejército morenovallista.

Recientemente, la Senadora yucateca Angélica Araujo Lara dejó el cargo de delegada nacional del PRI en Puebla.

Su cambio ni se vio, ni se notó, ni se sintió debido a que su trabajo como delegada lo desempeñó, regularmente, desde Yucatán, desde el propio senado y desde la Ciudad de México.

Poco le importó el pasado, presente y futuro de su partido en Puebla. Se dice que sólo aceptó el cargo de delegada por hacerle el favor a Ivonne Ortega Pacheco, actual secretaria general del PRI nacional.

Recientemente, el PRI poblano presentó con bombo y platillo a su nuevo delegado, como se lo ordena su guión, Ismael Hernández, por lo que de inmediato salieron a relucir los escándalos en los que se vio inmiscuido por presuntos nexos con el cártel del Pacífico, por desviar supuestamente 6 mil millones de pesos del erario, por haber organizado una fiesta de 10 millones de pesos y por ser socio en algunos negocios del ramo turístico.

Los antecedentes del nuevo delegado tricolor, por supuesto, no dejaron nada contentos a los priistas poblanos.

Es más, algunos de plano vociferaron, luego de su presentación, “no me ayudes, compadre”.

En Twitter: @poncharelazo

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