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Posdata

Ni amarillismo, ni cargada en el caso Chalchihuapan

Son muchos los correos ingresados al buzón electrónico de Posdata referentes a las críticas vertidas en este espacio contra diputados locales, federales, contra elementos de seguridad, contra el gobierno del estado y hasta contra los responsables de la manifestación que dejó un saldo sangriento el pasado 9 de julio en la Atlixcáyotl.

Todos, sin excepción, dan su versión de los hechos y culpan o justifican a algunas de las partes en conflicto.

Algunos, también, defienden la pasividad de los diputados locales y la intensa actividad que algunos legisladores federales han tenido en el escándalo que dejó como saldo varios heridos y un menor de edad que se debate entre la vida y la muerte, como la diputada perredista, Roxana Luna Porquillo.

Lo curioso es que es ninguno tiene un remitente serio, ni aporta datos para contactarlo, por lo que es imposible publicarlo.

Los insultos, mentadas y halagos a quien esto escribe salen sobrando.

Lo cierto es que en el creador de Posdata ha intentado ser un comunicador y un columnista equilibrado que no se ha sesgado.

Lo he dicho desde la primera edición en la que hice referencia al tema de San Bernardino Chalchihuapan y la violenta manifestación que ejecutó el estado en la vía Atlixcáyotl.

He censurado al gobierno por haberse excedido en sus acciones, por presuntamente utilizar balas de goma, gas lacrimógeno y todo tipo de armas “no letales” que por los excesos pudieran poner en peligro la vida de alguna persona.

Lo mismo me he pronunciado porque se corten cabezas en los mandos de seguridad, tanto por los errores cometidos al momento de dispersar la manifestación como por no haber aplicado los protocolos correspondientes para preservar la integridad física de los ciudadanos inconformes.

Y lo reitero, si hay uno o varios responsables en el gobierno, sean funcionarios de primero, segundo o tercer nivel, tienen que ser castigados.

Ninguna manifestación, desalojo o liberación de carretera valen la vida de una persona.

Sin embargo, tampoco me pongo en el papel de fustigar al gobierno sólo por pegarle y sumarme a la cargada del amarillismo.

Todos tenemos cola que nos pisen. Eso sí, unos más que otros.

Da coraje ver cómo algunos medios utilizan las escalofriantes imágenes de los heridos, del niño José Luis Tehuatlie Tamayo y de otras personas que fueron grabadas luego del choque con los cuerpos de seguridad para sacar provecho de todo tipo.

En lo personal, por respeto a los afectados, prefiero no lucrar con las imágenes de desgracias ajenas, sangrientas y que no tienen el menor de los recatos.

No es posible que se exhiban tan a la ligera los videos, como el del menor desagrándose, quien ahora se encuentra en coma por la brutalidad tanto de policías como de los manifestantes que lo llevaron estúpidamente al bloqueo de una carretera.

Lamentablemente hay comunicadores que no respetan el dolor ajeno y eso no se vale.

En el caso Chalchihuapan hay muchos responsables, las autoridades por excederse y actuar brutalmente contra los manifestantes; los quejosos por llevar niños, mujeres y personas de la tercera edad a un bloqueo; los medios de comunicación que se han callado la noticia, diputados locales, federales que se hacen patos y se voltean para no opinar al respecto, el gobierno federal que le vale sorbete Puebla y todos aquellos quienes utilizan el tema para lucrar.

Lo mismo sucede con la diputada, Roxana Luna, y sus huestes, quienes ahora se quieren hacer pasar como todos unos santones.

Nadie olvida que el tema de violencia, confrontación y personas heridas en San Bernardino Chalchihuapan no es un tema nuevo y que tiene su origen en los intereses de la familia Luna Porquillo.

Al grado que la disputa por el “Salón de Evangelización”, contiguo a la Capilla del Patrón San Bernardino -iniciado desde 2002- sigue vigente y se recrudeció el 6 de octubre de 2012, cuando líderes sociales y sus grupos se enfrentaron.

Lo interesante, es que precisamente han sido Roxana Luna y su familia los más interesados en alentar la inestabilidad en Santa Clara Ocoyucan.

Y es que la legisladora siempre se ha aprovechado de los grupos sociales para ganar espacios en su partido, a costa de ellos sin importar si los utiliza o no como carne de cañón.

El año pasado, las diferencias de carácter religioso, las cuales terminaron en el ámbito político, dejaron al menos medio centenar de heridos en una confrontación donde nuevamente los apellidos Luna Porquillo estuvieron presentes.

Los Luna Porquillo ya vieron que violentando la ley, faltando a las creencias religiosas, azuzando a la gente, utilizando los conflictos sociales y desestabilizando comunidades se pueden ganar jugosos beneficios políticos y económicos. Ya se les hizo una costumbre esta práctica.

Ya bájenle, no chinguen.

En Twitter: @poncharelazo

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