Nada nos parece (el caos en la L2 de RUTA)
Es toda una realidad el caos generado por la apertura e inicio de operaciones de la Línea 2 (L2) de la RUTA; las quejas, las mentadas de madre, la inconformidad de muchos ciudadanos y el permanente enfado de los usuarios afectados seguro permanecerán por unos días más.
El gobierno del estado, desde luego, no puede hacerse de la vista gorda ante los hechos y tiene el deber de atenderlos cuanto antes. Para eso, dicen, ya se trabaja.
Y es que las unidades que circulan por la L2 (75 en total) son insuficientes para poder atender la gran demanda de los poblanos, quienes al ver un servicio gratuito abarrotan hasta el tope la ya de por sí demandada ruta 11 Norte-Sur, hoy en día el corredor vial más circulado y saturado de la capital.
Las largas colas y filas para poder abordar y trasladarse de un lugar a otro por los autobuses de la nueva línea de la RUTA se tendrán que reorganizar a fin de evitar cualquier contratiempo, particularmente, para preservar la integridad de los niños, los adultos mayores, las personas con discapacidad y las mujeres embarazadas.
Empero, es un hecho que toda transformación siempre genera molestias y cambios de cualquier tipo, laborales, profesionales, físicos, sentimentales y hasta de pareja, y la RUTA no es la excepción.
Y es que a los mexicanos, a los poblanos en particular, nada nos parece.
Somos muy exigentes porque vivimos en el cuarto estado más importante del país y esto implica que la vida en Puebla, necesariamente, cuente con servicios de primera pero regalados, sin el mayor esfuerzo.
Eso sí, hacemos nada, o hacemos muy poco, por lograr cambios importantes que nos permitan gozar de una mejor calidad de vida.
Pocos son aquellos que ponen su granito de arena para poder contar con una sociedad más participativa y despierta.
Nos quejamos de la contaminación, pero no hacemos nada por evitarla; mentamos madres por el transporte pero lo vemos nuevo y lo destruimos; se tapan las alcantarillas y se inundan las calles cuando llueve pero seguimos tirando basura a las coladeras, en fin, nada nos parece pero no ayudamos a mejorar el entorno.
Nuestro transporte público de antes era uno de los más caros de la nación.
Para entenderlo mejor, teníamos un servicio de quinta que cobraba como de primera, de súper lujo.
Mientras los usuarios sufríamos las de Caín con atropellados, muertos, choques mortales por las carreras y competencia que emprendían los cafres del volante y del transporte que circulaba por la 11 Norte-Sur, los concesionarios de las rutas Galgos del Sur, San Ramón-Agua Azul, San Miguel, entre muchas otras, se hicieron millonarios.
Su riqueza la logaron, prácticamente, a costa de la desgracia de la gente.
Tan sólo Ángel Sierra de la Rosa, conocido como “Don Cuco”, contaba con casi 200 concesiones que le dejaban unos 6 millones de pesos mensuales.
A pesar de ello, el servicio de sus camiones nunca mejoró. Sexenio tras sexenio negoció su tranquilidad con las autoridades y la permanencia de sus vehículos en la ruta 11 Norte-Sur, aunque éstos se estuvieran desarmando y siguieran cobrando vidas.
Nuestro transporte público nunca se dignificó. Las famosas troncales del marinismo fueron todo un fiasco.
¿Quién no se quejó alguna vez de las chatarras que circulaban por la 11 Norte-Sur echando carreras?
Vamos, ¿quién no le mentó la madre alguna vez a uno de los conductores de aquellos camiones por haberle echado encima su monstruoso vehículo?
El caos vial que provocaban los camiones que circulaban por la 11 Norte-Sur ya era un desastre y había que poner orden.
El cambio en el servicio del transporte, hay que reconocerlo, ya era necesario y urgente.
Hoy, la modernización de la citada ruta por fin llegó y es un hecho, por lo que no queda otra que adaptarse al nuevo modelo y esquema del transporte público.
Eso sí, el gobierno tiene que apurarse a adquirir más unidades articuladas para poder atender la demanda de los usuarios de la ruta más saturada de la ciudad.
De lo contrario el tiro le podría salir por la culata en estos tiempos electorales.
Por lo pronto, el inicio de operaciones de la RUTA, la organización de las alimentadoras, su circulación y toda la parte técnica y operativa deberá asentarse y mejorar para bien de los ciudadanos y del gobierno.
Y algo más, los poblanos usuarios de la RUTA, de ambas líneas, deben entender que toda la infraestructura del nuevo transporte es un beneficio colectivo.
Así como se le exige al gobierno un mejor servicio de transporte, así como se le mienta la madre, ¿por qué no hacemos lo mismo con quienes dañan y afectan el patrimonio del estado, que es de todos?
¿Por qué no nos educamos y hacemos lo que nos toca para mejorar el servicio?
¿Por qué no empezamos por tener paciencia para que se estabilice el servicio?
Exijamos respeto a quien daña las nuevas instalaciones del transporte público que heredarán nuestros hijos.
Da coraje ver cómo en apenas unos días algunos desquiciados ya pintarrajearon y grafitearon los nuevos vehículos de la RUTA.
Digo, así qué derecho tenemos de reclamar, ¿o no?
En Twitter: @poncharelazo

