Moda ecológica
Soliloquio
Moda ecológica
Por Felipe Flores Núñez
Muy encomiable la aprobación legislativa que derivará en una reforma de ley para prohibir en Puebla que en tiendas, supermercados y comercios se obsequien bolsas de plástico y popotes.
De reconocerse también la aprobación de la autoridad municipal poblana para prohibir de manera progresiva a partir de enero de 2020, el uso de bolsas de plástico, popotes y unicel en tiendas comerciales, con multas de mil 200 a 42 mil pesos e incluso cancelar la licencia de funcionamiento.
Es deseable que tales medidas tendientes a cuidar el medio ambiente vayan mucho más allá y sean un sólido resorte para impulsar otras acciones de mayor visión, y no se reduzcan a un solo reflejo de la inercia actual, a la mera adopción de la una moda que ya se identifica en el país como “populismo ecológico”.
Y es que pareciera que de pronto nos invadió una conciencia ecológica, a juzgar por las diversas determinaciones similares que en meses recientes han formalizado muchos otros gobiernos, entre ellos Tlaxcala, Oaxaca, Jalisco, Tamaulipas, Veracruz, Querétaro, Baja California Sur, Michoacán, Sonora y Chihuahua, más otros que están en proceso legislativo.
Es verdad que es urgente adoptar acciones para preservar el medio ambiente, pero debe asumirse que la sola restricción para el uso de bolsas de plástico y popotes es insuficiente en lo que debiera ser un esfuerzo integral por combatir la contaminación en todas sus expresiones.
De entrada no es alentador que en todos los casos, aun siendo válidas, las iniciativas encaminadas a prohibir el uso de ciertos productos plásticos con el argumento de minimizar el impacto ambiental se hayan producido de manera impositiva, sin planeación y sobre todo, sin el fundamental concurso de la sociedad.
Pongo un ejemplo: en Chile, donde la ya medida está en vigor con resultados exitosos, se siguió un meticuloso proceso previo, que incluyó la aplicación de estudios y diversas encuestas, así como la celebración de foros públicos en los que participaron especialistas técnicos y ambientalistas, además que en forma paralela se difundió una intensa
campaña mediática de concientización social y se impulsan acciones de cultura cívica.
Una vez que el tema pudo ser consensado y se promulgó la ley, se otorgó un periodo de prueba de seis meses en los que los supermercados y las grandes tiendas entregaban sólo dos bolsas, lo cual obligó a sus clientes a adquirir sacos reciclables o de tela para contener sus productos a lo cual los chilenos se fueron habituando para dejar el plástico de lado. Según una reciente encuesta, el 80% de la población ya se acostumbró a ir a hacer sus comprar con bolsas reutilizables.
Pero más allá de las formas, que con frecuencia determinan los fondos, lo preocupante es que la medida restrictiva en nuestro país no vaya acompañada de otras acciones de igual o mayor envergadura, como es el caso de la debida separación de desechos orgánicos e inorgánicos, lo cual al menos en Puebla no es obligatorio para la ciudadanía.
Está acreditado que buena parte de los altos índices de contaminación provienen de un mal manejo de los residuos, muchos de los cuales terminan en tiraderos al aire abierto no solo en la capital poblana, sino en gran parte del interior de la entidad.
A la separación de basura en biodegradables y permanentes le hace falta también medidas sancionadoras a quienes contaminen ríos y afluentes, lo cual tampoco ocurre; los casos del Río Atoyac y el Alseseca son los mejores ejemplos.
En conclusión, se aprecian las medidas para prohibir el uso de bolsas de plástico y popotes en Puebla; es irrefutable que así se contribuye a la preservación del medio ambiente, ante cifras que son patéticas: en nuestro país se consumen 650 bolsas por persona al año y su promedio de uso es de 12 minutos, la mayoría termina en el mar. De acuerdo a los datos de la ONU, se consumen 5 billones de bolsas de plástico en el mundo al año, la mayoría hechas de polietileno, un derivado del petróleo que demora cerca de 500 años en biodegradarse.
Por tanto, a las medidas restrictivas habría que impulsar nuevas políticas integrales y de largo alcance, tendientes a lograr lo que se conoce como “la economía circular”, que implica la adopción de las 5 R’s: Reducir, Reciclar, Reutilizar, Repensar y Rediseñar, para revertir así la creencia de que todo obedezca a una mera moda ecológica.
