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Cuitlatlán

Más de 100 mil votos le cedió el PRI al PAN en 2006 por intervención de Fox

Entre los años 2004 y 2007, el PRI estaba en las “nubes” por su alta votación, luego tiene una caída brutal y al poco tiempo regresó a sus números de siempre

Foto: Especial
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La reciente confesión de Vicente Fox Quesada de que “hice ganar a –Felipe– Calderón, aunque no es muy democrático decirlo… y efectivamente, Calderón gana con un nada de votos, con muy poquitos votos”, no solo confirma que en la contienda presidencial de 2006 hubo un fraude electoral en contra de Andrés Manuel López Obrador, sino también que Puebla fue uno de los epicentros de dicho robo, pues en la entidad se operó para “regalarle” unos 100 mil sufragios al entonces candidato panista.

El cinismo con el que Fox le dice al periodista español José Luis Cebrián Echarri –fundador del periódico El País– que no estaba dispuesto a entregarle la presidencia a alguien que no fuera del PAN, hace creíble entonces la versión que ya se ha contado en esta columna, la cual dice lo siguiente:

Empezaba a correr el mes de marzo de 2006 y en Puebla se vivía una crisis política, pues tres semanas antes había estallado el escándalo de las grabaciones –que difundió La Jornada– en las cuales se escuchaba al entonces gobernador Mario Marín Torres hablar con el empresario de origen libanés Kamel Nacif Borge, en donde se ponía al descubierto la trama para encarcelar indebidamente a la periodista Lydia Cacho y buscar que en prisión fuera agredida sexualmente, o incluso perdiera la vida.

Para ese momento ya había un ambiente en el que se daba por hecho que Mario Marín iba a caer del poder. El propio priista se preparaba para dejar la titularidad del Poder Ejecutivo.

El escándalo de las grabaciones estalló “el día del amor y la amistad”, es decir el 14 de febrero de 2006. Al siguiente fin de semana, en la plaza principal de Huejotzingo, el candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, utilizando una cartulina para emular una “tarjeta roja” del fútbol, advirtió que, si ganaba las elección, Marín se iba del cargo, por las buenas o por las malas.

Calderón necesitaba urgentemente ganar simpatías electorales, ya que la intención del voto del PAN se había resquebrajado por el mediocre gobierno de Vicente Fox y por la avasallante popularidad de Andrés Manuel López Obrador.

El panismo estaba apostado a derribar a Marín del cargo para ganar el impulso que tanto necesitaba para frenar el avance del obradorismo.

Fue entonces –a principios de marzo de 2006– que Mario Marín recibió una llamada telefónica desde una oficina del Gobierno de la República, les pedían permiso para que un helicóptero del Estado Mayor Presidencial aterrizara en Casa Puebla y su ocupante pudiera intercambiar “un saludo” con el mandatario.

Marín esperó la aeronave y de ella bajó Carlos Abascal Carranza, un empresario devoto del catolicismo hasta rayar en el fanatismo y que era el secretario de Gobernación de Vicente Fox.

El mandatario poblano esperaba una conversación ríspida, que el encargado de la política interna del país le exigiera renunciar, pero ocurrió todo lo contrario, Marín se quedó boquiabierto al escuchar que el funcionario foxista le pedía “ayuda”. O mejor dicho, que mutuamente “se ayudaran”.

Si en Puebla se obtenía un resultado electoral a favor de Calderón –habría ofrecido Abascal–, el panismo olvidaría el juicio político que había ofrecido contra Marín. Se le iba a dejar que terminara su gobierno, al cual le quedaban cuatro años. Es lo que cuentan quienes conocieron de cerca esa intriga.

El gobernador de Puebla con cierta incredulidad le pidió a Abascal pruebas de que Vicente Fox cumpliría con el acuerdo que le estaban proponiendo.

La mejor manera de demostrar que era serio el planteamiento es que el mismo día del encuentro entre Abascal y Marín, se dio la orden en Puebla, entre los candidatos del PAN a diputaciones federales y el Senado, de que el tema del “góber precioso” dejaba de ser mencionado en las campañas electorales. No existía ese asunto.

Con el paso de los días el marinismo notó ese cambio radical en las actividades proselitistas del albiazul.

Fue entonces que el secretario de Gobernación estatal, Javier López Zavala, hoy preso por feminicidio, echó a andar una operación para desarticular la movilización electoral del PRI. A nadie se le sacaría a votar, el día de los comicios.

En lugar de darles apoyos económicos y el respaldo de la estructura gubernamental, a cada uno de los candidatos del PRI se le llamó a las oficinas de Gobernación y se les advirtió que debían “sacrificarse” por el partido. Solo dos renegaron y se opusieron. Los demás acataron la orden.

Es cuando surge “la magia de la alquimia electoral” del PRI. Y se da un comportamiento que se sale de toda lógica en las votaciones de Puebla, de la siguiente manera:

Entre los años 2004 y 2007, el PRI estaba en las “nubes” por su alta votación, luego tiene una caída brutal y al poco tiempo regresó a sus números de siempre.

En 2004, Mario Marín como candidato del PRI gana la gubernatura con 886 mil votos y supera al panista Francisco Fraile García por una diferencia de 244 mil votos, equivalente a 13 puntos. Es decir, el priismo arrasó.

Para 2006, el PRI pierde, o mejor dicho le hacen perder desde el Gobierno del estado, alrededor de 426 mil votos, en comparación con la contienda de dos años antes. Ya que su número de sufragios apenas llegó a los 460 mil.

Y en cambio, el PAN en los comicios de 2006 ganó en todos los rincones del estado con 743 mil votos, es decir, 100 mil más que la elección anterior.

Un año más tarde, una vez que ya pasó el fraude contra Andrés Manuel López Obrador, en la elección intermedia del sexenio de Marín, los números regresaron a sus niveles tradicionales. El PRI obtuvo 764 mil sufragios y el PAN 540 mil.

Es importante entender que, en 2006, la fuerza del panismo se reducía a zonas muy específicas del estado, que eran: la zona metropolitana de Puebla, Tehuacán y Atlixco.

Y en ese año, el PAN ganó hasta en lugares donde ni siquiera había un comité municipal del partido.

Si se parte que, de acuerdo a los resultados oficiales, Calderón le ganó a López Obrador por una diferencia de apenas 233 mil votos, equivalente al 0.56% del total de los sufragios, se concluye que los 100 mil votos que “le regalaron” al PAN en Puebla fue “oro molido”.