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Malditas coincidencias

Está visto que el próximo proceso electoral federal se va a caracterizar, en Puebla y el resto del país, por los golpes bajos, los ataques por la espalda y por las campañas negras.

Tanto en el plano nacional como local, los partidos políticos y las coaliciones están en constante ataque a fin de desacreditar, deshonrar, difamar y/o vilipendiar -como sea- a sus adversarios.

La intención de la guerra electoral que se avecina, que en muchos casos ya empezó, va a ser encarnizada. Estará dirigida, principalmente, a los candidatos que puntean en las mil y un encuestas públicas sobre las preferencias presidenciales y legislativas.

Así que gobernantes, partidos políticos, candidatos, militantes, simpatizantes y, en algunos casos, hasta algunos medios de comunicación, harán su luchita para tratar de posicionar a algún determinado candidato(a) o candidatos.

La creatividad en los procesos electorales es el pan de cada día y le surge a todo mundo para aquello de las estrategias y ataques a escondidas. Nunca falta el que pega y esconde la mano.

Lo malo, es que en este contexto también existen los paleros, los amigos y compadres que salen al paso para hacer el juego sucio y beneficiar a algún aspirante determinado, así es regularmente. El caso de Puebla, incluso, no es la excepción.

Fernando Morales Martínez y Leopoldo de Lara Varela, dirigente estatal del PRI y dirigente municipal del Panal, respectivamente, tienen algo en común además de ser líderes de partido.

Ambos carecen de creatividad para encabezar sus proyectos partidistas y/o electorales.

Los dos, también, tienen la mira puesta en la paja del ojo ajeno. Es decir, en vez de estar buscando la forma de que sus candidatos -a diputados y senadores- peguen, hagan click entre la ciudadanía y logren impulsar sus plataformas políticas, se han dedicado a desacreditar al presidente municipal de Puebla, Eduardo Rivera Pérez.

Puede o no estar muy claro por qué ambos líderes partidistas gastan sus fuerzas, sus pobres discursos y sus petardos políticos en poner en entredicho al gobierno municipal.

Dice el dicho: “Piensa mal y acertarás”.

No parece una coincidencia que lo primero que hicieron Fernando Morales y Leopoldo de Lara una vez que asumieron sus cargos en sus respectivos partidos, haya sido golpear a Eduardo Rivera en los medios.

Y sin defender a nadie, francamente, las acciones de ambos personajes son muy burdas. Ciertamente, el Programa Mil Calles del edil poblano ha sido muy cuestionado, principalmente por lo apresurado de su ejecución.

Sin embargo, los dirigentes del PRI y el Panal deberían estar metidos de lleno en las propuestas que van a ofrecer sus partidos en el próximo proceso electoral, en vez de estar perdiendo el tiempo en críticas banales que los dejan mal parados.

Deberían pensar, en el caso del PRI, cómo levantarse de su triste, histórica y aplastante derrota electoral de 2010. Ésa que les obligó a ceder la gubernatura del estado.

Sería mejor que Fernando Morales hiciera cuentas reales y apretara el acelerador en los pocos municipios donde tienen verdaderas opciones de triunfo. Y es que son pocos.

Tan sólo en el caso de los distritos de la capital, se dice que el PRI ya se está tronando los dedos porque ninguno de sus abanderados tiene oportunidad ante los candidatos del PAN y del gobernador.

En el caso del Panal, Leopoldo de Lara tiene un verdadero reto sobre el que se tiene que ocupar.

Y dígame si no es para preocuparse, el Panal lleva como candidatos a Leticia Jasso Valencia, en el Distrito VI; a Luis Alberto Arriaga Lila, en el IX; a la perdedora récord de las elecciones, Silvia Argüello, en el XI, y a la ex priista, Marcela Jiménez, en el XII.

Con estos candidatos, sin duda, cualquiera se volvería loco.

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