Los enroques de Peña
Aunque el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, asegure que no le interese la popularidad, por supuesto que buena parte de sus intentos de comunicación política tienen que ver con recuperar aceptación ciudadana.
La jugada que hizo en el gabinete para sacar a Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público no fue ni por mucho un asunto derivado sólo del escándalo de Trump.
Sí. Fue su coordinador de todo en campaña y en la etapa de transición.
Sí, fue eslabón importante con los hombres del dinero.
Sí, Videgaray es su amigo, pero también era un semi delfín que no llegó a tener aletas propias y había que sacrificarlo.
La salida de Videgaray se puede entender sin duda alguna en medio del precario crecimiento económico y la falta de impacto de las “grandes reformas estructurales”, así, con comillas, en materia fiscal y hacendaria.
No pudo en ningún momento mantener sano el equilibrio de las finanzas públicas, y mucho menos detener la vorágine de críticas que lanzó incluso el grupo de acreditadotas financieras internacionales por el manejo de la deuda pública.
Es importante para el presidente cambiar de caballo antes de que se le ahogue en el río, por lo que no tuvo el menor empacho en hacer el relevo por otro tecnócrata, pero de mucho mayor nivel: José Meade.
El actual secretario de Hacienda, lo he escrito en varias ocasiones, es uno de los personajes que ha logrado brincar los sexenios panistas y priistas sin mojarse, sin enfrentar críticas o acusaciones de enriquecimiento ilícito o malos manejos.
Es más: diría yo que es el mejor visto por los personajes del dinero tanto en México como en el extranjero.
¿Entonces qué pasará con Aurelio Nuño? Se preguntarán.
Bueno, lo que sucede es que el presidente está jugando sus cartas para poder llegar a la posibilidad de influir directamente en su propia sucesión.
Aunque esto implique incluso, explorar la posibilidad de entregar la plaza, pero en manos de quienes han sido ya factores de negociación.
Con quienes ya ha negociado, pues.
Le dejo una última reflexión.
¿Y si lo de Trump estuvo planeado? ¿Y si era un plan que excedía al presidente de México y su gobierno?
¿Y si la llegada de Meade a la SHCP estaba planeada varios días antes, como me quedó claro después de ver las ocho columnas de El Universal del miércoles?
Son preguntas, claro, que usted puede responder con absoluta especulación, como lo hago yo.
Gracias y nos leemos el lunes, pero antes nos encontramos en Periscope y Twitter en @erickbecerra1
