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Lo bueno, lo malo y lo feo de la elección panista

Con o sin la participación del viejo PAN, de los yunquistas, de los antiguos líderes del partido que hoy por hoy gobierna el estado y el municipio más importante de Puebla, ayer la dirigencia estatal del albiazul quedó renovada y cambió de presidente y secretario general.

La fórmula única, integrada por Jesús Giles Carmona y Martha Erika Alonso Hidalgo, fue designada como la nueva titular del Comité Directivo Estatal del PAN en Puebla en sustitución de Rafael Micalco Méndez y David Vázquez Matamoros.

Con esto termina un clico y comienza otro.

Murió un PAN y empieza la historia de otro.

Con la salida de Micalco, el grupo que controla el PAN poblano -el morenovallista- termina con su disidente más aguerrido y atrevido, el que más batalla le dio, el que lo encaró y enfrentó sin miedo.

El que lo retó de frente y sin ocultarse.

Y es que ni siquiera Ana Teresa Aranda Orozco, Francisco Fraile García, ni ningún otro panista y/o líder de antaño tuvo el valor de desafiar al gobernador Rafael Moreno Valle Rosas como lo hizo el también ex diputado federal.

Porque si el supuesto grupo de panistas inconformes con el morenovallismo se hubiese entercado como lo hizo Rafael Micalco y hubiese formado un bloque, quién sabe, tal vez otro gallo les cantaría.

Sin embargo, casi todos esos panistas se quejaron pero ninguno tuvo la osadía de hacer algo sustancial para tratar de cambiar las cosas en su partido.

Es más, hay que recordar que muchos de esos panistas le permitieron al hoy gobernador Rafael Moreno Valle entrar a su partido, quedarse con la candidatura al gobierno del estado y llegar a Casa Puebla con su consentimiento.

Fueron panistas que dijeron que sí pero después se arrepintieron sin mirar lo que habían hecho.

Hoy, el tiempo, las circunstancias y sus decisiones les hicieron perder todo, hasta su partido.

Eso sí, si algo que hay que señalar de la elección panista celebrada ayer en Puebla es que tuvo sus momentos, buenos, malos y feos.

Entre lo bueno para el morenovallismo, por supuesto, es que los comicios siempre estuvieron controlados por sus operadores.

Por ello nadie le pudo competir a la fórmula integrada por Jesús Giles y Martha Erika Alonso, quienes se perfilaron, sin problema, a sustituir en el cargo a Rafael Micalco y a David Vázquez.

Otro punto a su favor, bueno, fue que la dirigencia nacional panista, encabezada por Ricardo Anaya Cortés, les dio la razón y adelantó el proceso de sucesión antes que diera inicio el proceso electoral local del 2016.

Además, la renovación de la dirigencia panista mostró, al menos en apariencia, que Acción Nacional es un partido democrático en donde organizó una elección interna y se terminó con el dedazo.

Lo malo de los comicios azules, fue la ausencia de muchos de sus viejos dirigentes en la jornada electoral.

Lo niegue quien lo niegue, el hecho de que el Yunque haya decidido no participar en los comicios azules desdibujó un tanto el proceso.

Lo ideal hubiese sido que las distintas corrientes al interior del PAN hubieran logrado un consenso para lanzar una fórmula de unidad salida del consentimiento de las distintas fuerzas, cosa que no fue así.

Le salió muy caro al PAN poblano hacer historia en su vida en Puebla.

Lo malo para el PAN y el morenovallismo ahora es que si su partido pierde la elección local que se avecina y tiene que ceder la gubernatura al PRI o a cualquier otro partido, la derrota y debacle azul será responsabilidad única y exclusiva de su mentor, el gobernador.

Y lo feo de los comicios azules, fue precisamente el anuncio hecho por personajes como el dirigente saliente, Rafael Micalco, Eduardo Rivera Pérez, ex edil, Ana Teresa Aranda, entre otros, para no participar en la designación de los nuevos representantes de su partido en el estado.

Se habrían visto mejor si asumiendo una actitud congruente con el partido que les ha dado todo (trabajo, dinero y poder) hubiesen participado hasta el último momento en vez de alejarse y abandonado definitivamente al panismo a su suerte.

El pastor del PAN conservador, Francisco Fraile, hizo bien en convertirse en mediador de las distintas fuerzas al interior de su partido.

Hasta que hizo algo bien.

Ya sólo falta ver si su autoridad aún pesa en el PAN o ya es como el puñal de San Bartolo.

En Twitter: @poncharelazo