La tercera en discordia: ¿Olivia Salomón o Claudia Rivera?
La disputa ya no es solamente por un nombre, está en juego la relación entre el Gobierno estatal y el Ayuntamiento de Puebla
En política, cuando dos fuerzas chocan de frente, no siempre gana la más poderosa: a veces, la oportunidad termina en manos de quien consigue convertirse en punto de encuentro. Y en la disputa por la candidatura de Morena a la alcaldía de Puebla para 2027, esa hipótesis comienza a cobrar relevancia.
De un lado está Gabriela “La Bonita” Sánchez Saavedra, identificada políticamente con el gobernador Alejandro Armenta Mier; del otro, el alcalde José “Pepe” Chedraui Budib, decidido a buscar la reelección a pesar de la opinión del jefe político en el estado: el gobernador. El escenario de una ruda confrontación entre ambos proyectos plantea una pregunta inevitable: ¿qué ocurriría si ninguno logra construir un acuerdo que satisfaga a las principales corrientes del partido? ¿Qué pasaría si es tal el choque de trenes –y de intereses– entre estos dos grupos, que el proceso interno acaba colapsando y dañando y fracturando al partido?
La posibilidad de una tercera vía no es un asunto menor.
La teoría de el o la tercera en discordia no es ciencia ficción.
Desde el pasado mes de septiembre hay quienes ven a, por ejemplo, Olivia Salomón Vibaldo como una alternativa ante las diferencias entre Armenta y Chedraui.
No se sabe si la directora general de la Lotería Nacional se registró al vencimiento del plazo para poder hacerlo (el pasado domingo), pero que lo haya hecho o no, resulta irrelevante, pues el partido la puede o no incluir a conveniencia.
¿Puede ser Olivia Salomón el factor de conciliación?
Su trayectoria en la administración pública estatal y su cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo desde la campaña federal en 2024, le dan un perfil distinto al de los dos protagonistas del posible choque de trenes.
Sus críticos afirman que no ganaría ni en su casa de La Vista y su eventual aparición como candidata de consenso dependería, sin embargo, de que la dirigencia de Morena la considerara una opción viable y de que los grupos enfrentados estuvieran dispuestos a aceptar una salida distinta a sus preferencias iniciales.
Por su parte, Claudia Rivera Vivanco, quien sí se registró –corre la versión que a solicitud de la dirigencia nacional de Morena– es, le pese a quien le pese, una carta con antecedentes propios.
La ex presidenta municipal y actual diputada federal arrastra negativos desde su desastroso paso como presidenta municipal de Puebla, pero tiene experiencia electoral y conocimiento de la política poblana.
Además, corre a su favor –como de Olivia– el factor género, sobre todo ahora que la política poblana parece haberse reducido al estribillo más repetido: “es tiempo de mujeres”.
El registro de Claudia Rivera en el proceso interno de Morena confirma que su nombre sí forma parte del tablero político rumbo a 2027.
Aunque una cosa es participar en la contienda y otra muy distinta convertirse en la alternativa capaz de destrabar una negociación entre los grupos en pugna.
Claudia Rivera tiene otro punto a favor: su familia, fundadora del partido, conoce como nadie los entresijos de Morena, tiene relaciones al más alto nivel de la 4T y sabe qué botones apretar para que la balanza se incline hacia su lado.
No obstante, hay que subrayarlo: Olivia podría representar una salida negociada; Claudia, una opción con trayectoria propia dentro del movimiento. Ninguna tiene asegurado ese papel, y sería prematuro presentarlas como candidatas de reserva de alguno de los bandos.
La disputa, además, ya no es solamente por un nombre. Está en juego la relación entre el Gobierno estatal y el Ayuntamiento de Puebla, así como la capacidad de Morena para procesar sus diferencias sin convertirlas en una fractura electoral.
Al final, el verdadero o la verdadera tercera en discordia –si es el caso, nadie puede afirmarlo– podría no ser quien tenga más reflectores, sino quien logre reunir condiciones de aceptación entre los grupos internos y superar el procedimiento de selección partidista.
Es decir, quien garantice que Morena Puebla no llegará dividido o enfrentado internamente a las elecciones de 2027 y que puede conciliar tantos intereses en juego: es decir, dar a cada quien su rebanada de pastel.
Aun así, se ve difícil –aunque no imposible– tal escenario.
Porque si Armenta apuesta por Gabriela Sánchez y Chedraui insiste en la continuidad, la pregunta no es únicamente quién tiene más respaldo, sino quién estará dispuesto a ceder. Y si ninguno lo hace, la política poblana podría abrirle espacio a una alternativa que hoy parece secundaria, pero que mañana podría convertirse en el centro de la negociación.
En Morena, la candidatura de Puebla capital se decidirá con base en un acuerdo político –con las encuestas como parte de la escenografía–. La tercera vía existe como hipótesis; que se convierta en realidad dependerá de cómo evolucione el choque de trenes.