La ruta de Tony Gali (al 2016)
Algo que debería operar, ejecutar y apresurar el presidente municipal de Puebla, Tony Gali -de cara a los comicios locales de 2016-, es la operación cicatriz al interior del PAN poblano, particularmente entre el grupo morenovallista y el Yunque, vía Eduardo Rivera Pérez.
Seguro que esto le sería de gran beneficio a sus aspiraciones y le ayudaría a cristalizar sus intenciones de suceder en el cargo al gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.
Lo llevaría a un triunfo inevitable.
Su posición lo convertiría, además, en un mediador inteligente que mataría dos pájaros de un tiro: primero, lograría sumar a su causa a los panistas inconformes y molestos con el morenovallismo, quienes han sido presionados y marginados de las decisiones en su partido.
Lograría apagar el fuego que quema a ambos grupos y que, aunque lo nieguen, partió a Acción Nacional a la mitad.
Y segundo, sumaría a verdaderos operadores que bien podrían reforzar sus intenciones de convertirse en el minigobernador de un año y ocho meses, quien rendirá protesta como primer magistrado de la entidad para cubrir el periodo que se necesita a fin de empatar las elecciones federales y estatales en 2018.
Porque si bien los panistas-morenovallistas ahora son los amos y señores del PAN poblano, lo cierto es que dejaron fuera de la jugada a otros liderazgos que pese a lo que se diga tienen presencia importante en Puebla y podrían robustecer la estructura electoral de Tony Gali.
Dicen que “lo cortés no quita lo valiente”, y eso es lo que debería aplicar el edil capitalino para poder garantizar un “triunfo sin complicaciones” el próximo año cuando se tenga que elegir al nuevo gobernador del estado.
Así que bien haría el virtual candidato en buscar un acercamiento, una posible negociación y pactar un acuerdo que le permita unificar fuerzas en el PAN para evitar, por aquello de las cochinas dudas, complicar de más el triunfo que le permita la entrada a Casa Puebla.
Los panistas inconformes, como les dicen, ni siquiera ven en Tony Gali a un enemigo directo, más bien visualizan a un posible aliado y, tal vez, a su último recurso para lograr acuerdos con el grupo dominante en su instituto político.
Se dice que aquellos panistas como Rafael Milcalco Méndez, ex dirigente estatal del PAN, y Eduardo Rivera, ex edil poblano, por ejemplo, no tendrían empacho en dialogar y acordar con el galismo de cara al 2016.
Sobre todo porque saben que el estilo de gobierno y el perfil del mismo Tony son muy distintos al del mandatario estatal, quien rompió toda relación y contacto con los panistas del viejo cuño.
El futuro candidato, además, debe ir tomando decisiones personales que muestren libertad en lo que respecta a su candidatura, a su próxima nominación y al triunfo por el que día con día trabaja.
Tony Gali debe mostrarse como el candidato más democrático e incluyente, el más sensible y abierto con la gente; el más accesible, el más inteligente.
El camino por el que transita para la convertirse en candidato ha sido perfecto por varias razones, así que correría el riesgo de complicar su camino si no teje alianzas con otros partidos, con otros liderazgos, con otros hombres y mujeres ajenos al grupo político al que pertenece.
El edil poblano está en la mejor de las posiciones, pues es un personaje querido por los poblanos, así que, insisto, no debe permitir que se dificulte su camino.
Si bien los compromisos cumplidos, las obras, los apoyos sociales y todos los aciertos logrados por su administración son importantes, es necesario que se muestre como un político magnánimo, incluyente y abierto a sumar a su campaña a toda la gente.
Si Gali ya demostró que sí cumple lo que promete entonces eso debería explotarlo y demostrarlo en su campaña.
Dicen que “el que no arriesga no gana”, y eso lo sabe Tony Gali.
En Twitter: @poncharelazo
