La radicalización de las protestas en México
A diferencia de otros años en donde el hartazgo social no pasaba de publicaciones en redes sociales, en este 2017 existen síntomas distintos que nos indican que las protestas contra la clase política de México y el presidente, Enrique Peña Nieto, van irremediablemente en el camino de la radicalización.
En Puebla ya hemos vivido los primeros brotes de radicalización con el bloqueo de la autopista México – Puebla, la toma de casetas en diversos puntos de la entidad y las marchas por las principales calles de la ciudad.
Y lo más interesante es que no están convocando partidos políticos, ni aspirantes a cargos de elección popular.
Es una reacción de la sociedad que, por fin, demostrará que la clase política sólo sirve para encubrir los robos millonarios a la nación y no defiende los verdaderos intereses de los mexicanos.
La sociedad mexicana, y desde luego la poblana, camina de manera espontánea a tomar las calles para protestar contra el aumento en el precio de la gasolina, luz y gas L.P.
Y también lo hace contra Enrique Peña Nieto y los senadores y diputados federales del PRI, PAN y PRD que aprobaron la llamada Reforma Energética que provocó el incremento en los precios y que generará una escalada de precios de la canasta básica, servicios del transporte y un sinfín de artículos.
Los mexicanos están cansados de tanta corrupción, impunidad y de la clase política porque sólo se encubren entre ellos.
Por eso resulta interesante ver como un buena parte de la República las protestas se han multiplicado de manera espontánea porque es un reflejo de que el hartazgo pasó de las redes sociales a las calles.
Así que el 9 de enero está convocada una megamarcha en la Ciudad de México contra el llamado gasolinazo en donde se exigiría que bajen los precios de la gasolina, la luz y el gas L.P.
Además de que se pedirá una vez más la renuncia de Enrique Peña Nieto como presidente de México.
Una vez que se realicé la megamarcha habrá que estar pendiente de la reacción de la sociedad porque la clase política le apuesta a que las protestas se terminen pronto.
Pero existe la enorme posibilidad de que de las protestas surge un movimiento nacional que pueda meter en serios problemas a la clase política para el proceso electoral del 2018.
Así que nadie se diga sorprendido de que el país tome el rumbo de otros países de América Latina en donde los presidentes han caída por su ineptitud y corrupción.
Y en el caso de México sobran casos de funcionarios públicos y electos mediante el voto popular que se enriquecen a costa de millones de mexicanos.
Todo tiene un límite y en el caso de México parece que está por llegar.
La clase política debe estar temerosa.
No es para menos.
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