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La peligrosa y suicida ”estrategia blanca”

Mucho más peligrosa que la propia judicialización de la próxima elección del 5 de junio -para elegir al nuevo gobernador del estado-, resulta la estrategia suicida ordenada por el PRI a sus militantes, líderes, operadores y medios aliados para reventar a como dé lugar los comicios.

El método está claro: ensuciar la elección y demostrar -cueste lo que cueste y como sea- que Tony Gali, el candidato puntero, representante de la coalición “Sigamos Adelante” que encabeza el PAN, utilizó sus propias viejas prácticas para ganar la jornada electoral del domingo entrante.

Es decir, que hizo lo que el PRI siempre ha hecho para ganar elección: valerse de la estructura gubernamental para llegar al poder.

Bien dicen: el que las hace no las consiente.

Y es que el PRI parece que camina a una inminente derrota, la cual podría convertirse en paliza si no sucede algo extraordinario.

La mentada resistencia civil, y el cuento de que habrá violencia en la jornada electoral del domingo 5 de junio, no son más que una mezquina estrategia para tratar de tirar los comicios con cualquier tipo de escándalo y judicializar la elección.

La orden se dio desde el sábado pasado y el objetivo del PRI ya no es intentar ganar sino estallar un escándalo de tales magnitudes que el Instituto Nacional Electoral (INE) decida atraer y hasta cancelar la elección en Puebla para repetirla.

Para ello trabajan día y noche en el PRI de la Diagonal, en la sede tricolor, donde se teje cualquier número de artificios que lleve a detener de cualquier forma la avanzada del galismo y su gallo, Tony Gali.

Es una pena observar y escuchar a los priistas cuando advierten que habrá una jornada violenta el día de la elección.

Más aún cuando se lee entre líneas y se entiende que el llamado tricolor, desde sus medios, a través de sus plumas, es precisamente a violentar la elección y a provocar una desgracia con tal de evitar el triunfo del PAN.

Empero, es entendible tal desesperanza debido que Puebla y Veracruz son los estados con el padrón de votantes más grandes del país, y el PRI está a punto de perderlos.

En Veracruz, por la corrupción, los abusos, la violencia y la brutalidad para gobernar por parte de Javier Duarte Ochoa, quien ha sido el peor gobernante del puerto jarocho y del priismo nacional.

Y en Puebla, por no haber consolidado un partido maduro, sólido, que una vez que perdió el poder en 2010 aprendiera a ser oposición.

El PRI poblano parece que volverá a dejar ir la oportunidad de oro de regresar al poder por haber traicionado sus propios principios, por seguir manteniendo a seudo militantes que sólo se han dedicado a saquear las arcas de su instituto político, y que han utilizado sus siglas únicamente como trampolín para llegar al poder.

Al PRI poblano no le dio la gana renovarse desde que perdió el gobierno en 2010 con Javier López Zavala, a quien sacrificaron; tampoco le importó limpiar su casa, expulsar a los traidores, impulsar nuevos cuadros que le dieran forma y fondo a su decálogo.

Los priistas que quedaron desde su caída en su partido se dedicaron exclusivamente a beneficiar sus cuentas personales, a negociar con el enemigo, a agachar la cabeza a cambio de dádivas y beneficios personales.

Es inconcebible que hoy se espanten y se alarmen de acciones ejecutadas en el gobierno del estado, las cuales ellos mismos avalaron en el Congreso del Estado.

Si hay algo que reclamar en el PRI, eso que lo hagan a sus diputados -locales y federales-, a sus delegados, quienes se dedicaron desde que llegaron a sus cargos a nadar de muertito y a hacerse los locos cada que había en la política local un escándalo.

Los priistas tendrían que reclamar su posible nueva derrota al gobierno federal y a sus operadores, quienes los abandonaron desde el 2013 cuando Enrique Agüera Ibáñez perdió la elección porque simple y sencillamente lo dejaron morir solo.

Desde aquellas derrotas, insisto, del 2010 y 2013 el priismo ha jugado doble, está infiltrado y espiado por su propia gente, por sus propios líderes y operadores.

Blanca Alcalá se equivocó al aceptar la candidatura porque la sacrificaron los verdaderos coyotes del PRI, los caníbales se la comieron.

Esos lobos que están sedientos de sangre y que ya urgen por enterrar el proyecto blanco de Blanca para imponer el suyo.

Esos mismos que sostienen reuniones en lo oscurito para empezar a lavarse la cara, las manos, para evitar culpas, para evadir responsabilidades y para empezar a armar el nuevo proyecto de cara a la elección del 2018.

Porque según sus propias palabras: “a Blanca ya se la llevó la chin…”.

El principal error de la campaña de Blanca fue, sin duda, el exceso de confianza y el haber incluido en su aventura político-electoral al góber precioso, Mario Marín Torres, y a sus huestes, el grupo más corrompido y nefasto del PRI poblano.

Los blanquistas se rodearon de supuestos operadores priistas-marinistas que resultaron unos buenos para nada.

Esos mismos que ahora desconfían de las instituciones y llaman a una revuelta social, política y electoral.

Eso sí, en el pecado van a llevar la penitencia.

En Twitter: @poncharelazo