La marcha por la paz en Puebla
Más allá de la guerra de cifras, del número de asistentes a la marcha por la paz contra el gobierno, de la reyerta pública y mediática que impulsan los inconformes con la administración que encabeza el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, y del provecho que siguen sacando con la muerte del niño, José Luis Tehuatlie Tamayo, hay que ver los pros y los contras de la movilización.
Y es que por más que lo nieguen ambos bandos, el conflicto suscitado por el desalojo de la Carretera Puebla-Atlixco, a la altura de San Bernardino Chalchihuapan, sigue siendo un botín político y económico para muchos.
Del lado de los quejosos, hay que reconocerlo, la muerte del menor de 13 años fue el pretexto perfecto para empezar una guerra pública sin tregua que está siendo aprovechada por los detractores políticos y sociales del gobierno en turno.
Lo mismo ha servido para catapultar la imagen de la diputada federal perredista, Roxana Luna Porquillo, y familia como para acrecentar los intereses político-electorales de personajes que clara y engañosamente lucran con el movimiento, como el diputado federal priista, Enrique Dóger Guerrero, y la panista, Ana Teresa Aranda Orozco.
Ambas figuras de la vida política de Puebla no han perdido momento para tatar de sacar provecho y beneficio para su imagen y persona.
Y es que Ana Tere, por ejemplo, cuando fue funcionaria federal abandonó Puebla y dejó de preocuparse por lo que le sucedía a su gente.
Hoy quiere volver a revivir aquellos tiempos, estar en los reflectores y participar en los eventos en los que negociaba su participación en la vida política del estado.
En cambio Dóger, a él lo único que le interesa es la candidatura al gobierno del estado por el PRI, llegar a Casa Puebla a costa de lo que sea y convertirse en el mandamás de los poblanos.
Algo que sorprendió a propios extraños fue la asistencia de la diputada local por el PVEM, Geraldine González Cervantes, quien asistió a la movilización y quién, además, estuvo muy activa en redes sociales.
La diputada, por lo menos, mostró más agallas que cualquier otro legislador que está a favor o en contra del movimiento por la paz. Aunque así de participativa debería ser también en las cuestiones internas que competen a su partido.
En la manifestación salieron a relucir, también, aquellos panistas que no tienen un espacio en el gobierno, que guardan cierto rencor por haber quedado fuera del erario pero que apoyaron en su momento al gobernador, Rafael Moreno Valle, como Violeta Lagunes Viveros, y que sólo quieren una venganza política.
¿Quién los entiende?
Otros contras que mancharon y desacreditaron la marcha por la paz fueron los partidos políticos que pretendieron hacer suyo el evento con tal de sacar raja político-electoral en el 2015 pero que en el pasado, cuando les convino, insisto, apoyaron la llegada del gobernador a Casa Puebla.
Ejemplos hay muchos, sólo hay que hacer memoria.
Perredistas, panistas, petistas y militantes de Morena, por su puesto, están haciendo su luchita para ganar votos y adeptos de cara al proceso electoral que se avecina.
En general, el movimiento por la paz en Puebla pierde credibilidad por dejar pasar este tipo de acciones que obedecen más bien a un asunto político y no social.
Los medios, no hay que sorprenderse, se mueven conforme a sus filias y fobias, a sus intereses como empresas, a sus acuerdos y a sus capacidades.
No es nuevo que algunos periodistas sean alarmistas y otros equilibrados o cargados, a quien eso asuste no conoce la radiografía política de Puebla, ni las entrañas del poder, ni mucho menos la vida pública del estado.
Por cierto, alguien por ahí en las redes, refiriéndose a la concurrencia en la marcha, cuestionó: ¿Y dónde están los 20 mil manifestantes que repudiaron en su momento al “Góber Precioso”?
Y acertó, la inconformidad esta vez parece menor en número.
Los pros de la marcha también fueron muchos.
Con la marcha quedó demostrado que si los ciudadanos se unen por una demanda social que pudiera ser real y legítima, la voz del pueblo y sus acciones sí pueden levantarse para ser escuchadas.
La marcha por la paz, de igual forma, le sirve al gobierno para reflexionar y corregir sus errores, para atender las demandas de la ciudadanía y para no desviar su atención en asuntos que resulten triviales para la administración del estado.
Ejemplos de malos gobiernos, de corrupción, represión y de soberbia los hay.
El gobernador, Rafael Moreno Valle, debe tomarlos en cuenta para evitarlos. Ahí está el “Góber Precioso”, Mario Marín Torres, y toda su camarilla, la que hizo millonaria gracias a su benevolencia, la cual, por cierto, quiere despertar y volver al ojo del huracán.
La marcha por la paz de Puebla es un movimiento que sirve a todos, así que a nadie le deben asustar los excesos que pretendan hacer ver. No hay gobierno, ni administración perfecta, todos sabemos que tenemos que aportar nuestro granito de arena para poder vivir y convivir de la mejor forma.
Los equilibrios, como siempre lo he dicho, nos convienen a todos.
Los excesos, de todos tipos, nos pegan directamente también a todos.
Lo mejor es actuar, dejar de hablar, de grillar o de moverse conforme los tiempos políticos.
Puebla es un estado de paz que debe mantenerse igual.
En Twitter: @poncharelazo
