La mano de Manlio y el caso de los independientes
Se dice que el nuevo dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, ya hizo sentir su poderío, su mano, su fuerza, su oposición al gobernador Rafael Moreno Valle Rosas (RMV) y su control en el partido tricolor como máximo mandamás.
Y es que el aún diputado federal priista parece que pretende convertirse no en un opositor a la actual administración morenovallista en Puebla sino en su peor pesadilla.
Existen versiones encontradas y disímiles sobre la relación entre el mandatario poblano y Beltrones que pudieran hacer suponer de una posible componenda política entre ambos para pactar los futuros temas político-electorales; otras señalan que Manlio viene por con todo y por toda Puebla.
El tema en discordia con RMV no es otro que el 2018 y éste sería la razón.
Sin embargo, lo cierto es que la oposición de los diputados locales priistas a la reforma electoral, en particular al caso de los candidatos independientes, es una muestra de la postura política que el beltronismo va a dictar en los próximos años.
Porque los dóciles legisladores poblanos ya habían aprobado -por decisión propia- avalar la polémica reforma que ciertamente pone en jaque las aspiraciones de aquellos ciudadanos que deseen postularse como candidatos independientes a partir del 2016.
La reforma francamente es una aduana muy difícil de sortear, jugar y ganar.
Empero, se entiende la jugada morenovallista para tapar el paso a los posibles candidatos independientes.
Lo que la mayoría de los legisladores poblanos hizo con la aprobación de la reforma electoral cocinada y consumada el fin de semana pasado fue evitar que al morenovallismo se le vinieran encima muchas posibles candidaturas ciudadanas y que le restaran fuerza a su ejército en la batalla electoral que se avecina.
Porque si de por sí ya el panismo dominante en la entidad desde ahora tiene serias dificultades para poder ganar los comicios locales que vienen, pensar en abrir un frente más en su contra sería prácticamente un suicidio.
Lo que debe hacer el grupo que controla el poder en el estado es llevar a cabo, de una vez por todas, “la operación cicatriz”.
Tiene que cerrar todos los frentes que abrió en su contra, liberar a sus enemigos presos, negociar con sus adversarios, reconciliarse con la ciudadanía, con sus antiguos aliados. Enviar un mensaje de solidaridad a los poblanos por la mala situación económica en el país, por la inseguridad.
Implementar programas sociales y asistenciales reales, pactar una tregua con el sector empresarial, con las universidades críticas, con los organismos no gubernamentales.
Aún hay tiempo de rectificar el camino y poder trascender en la historia como una administración sensata, inteligente y cumplida.
En fin, regresando al tema central de Posdata hay que señalar que los diputados priistas, según dicen, ya habían negociado apoyar la reforma morenovallista sin problema pero una vez que Manlio Fabio tuvo la información completa y el reporte de aquella componenda legislativa en su escritorio de inmediato dio la orden de que se votara en contra.
Fue entonces que los legisladores priistas, a excepción de Víctor Manuel Giorgana Jiménez y Leobardo Soto Martínez, tuvieron que deshacer su arreglo y votar en contra de la mentada reforma.
El golpe, sin duda, fue fulminante e hizo el efecto esperado para los priistas.
Las repercusiones de la votación siguen brotando y pegando en el gobierno local, aunque el riesgo para los morenovallistas en la elección del 2016 sea un poco menos.
Porque todavía falta pensar y planear cómo mitigar el daño que Morena y su dueño, Andrés Manuel López Obrador, harán en el 2016; lo mismo que la confianza priista que retomó el PRI, ahora beltronista, luego del resultado de la elección federal pasada.
Así que a los diputados locales del PRI les jalaron las orejas y les recordaron que no se mandan solos.
A partir de los últimos días el máximo tlatoani priista, Manlio Fabio Beltrones, es quien decide y manda en su partido en Puebla.
Y dicen que la cosa apenas empieza.
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