Posdata
La llegada de Pablo Fernández al PRI
Sorpresiva e inesperada, aunque yo agregaría efectiva, resultó para la clase política de Puebla la designación de Pablo Fernández del Campo como nuevo delegado-presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.
La especulación y el futurismo político sobre la decisión de Pedro Joaquín Coldwell, con relación en el PRI poblano, hizo presa a muchos.
Ninguna de las versiones y/o trascendidos periodísticos sobre la llegada del nuevo mandamás del partido tricolor en Puebla acertó. Nadie imaginó el arribo del ex diputado local y aspirante a diputado federal por el Distrito XII.
Todas, apenas, coincidieron con la salida de Fernando Morales Martínez y su desastrosa dirigencia en el PRI, misma que se encargó de dividir, enfrentar, fragmentar y polarizar a las distintas corrientes en un sólo objetivo: La desmembración de su instituto político.
El sometimiento en el que Fernando Morales y sus colaboradores mantuvieron a la militancia priista en Puebla, está de sobra comentarlo.
Hoy lo trascendente es que el hijo del ex mandatario poblano, Melquiades Morales Flores, su único mérito político, fue removido de la dirigencia estatal del PRI en Puebla y parece ver disminuido su influyentismo en el partido al que le debe todo lo que es.
La llegada de Pablo Fernández del Campo es, sin duda, un claro mensaje de que el PRI está dispuesto a dar la batalla en los próximos comicios locales de 2013, en los que jugará por las 41 diputaciones locales y las 217 alcaldías de 4 años con 8 meses.
La tarea de Pablo Fernández es construir las ruinas en que dejó al PRI el junior de la familia Morales. Tratar de limpiar toda la suciedad que dejó incrustada y conciliar intereses entre los propios priistas.
De paso, el joven político priistra tendrá que demostrar de qué está hecho.
Atrás deberá dejar su pasado político, su derrota electoral, su relación con el marinismo y su miedo a decir de frente lo que no le gusta de su partido. Ya es momento de que Pablo Fernández despierte y muestre su mano dura.
Por lo pronto, deberá aprovechar su buena relación con el sector empresarial, su estructura lograda en los años que lleva en la política, su amistad con los medios de comunicación y la confianza que le brindó el CEN priista.
No hay duda que Pablo tiene enfrente el reto más importante de su carrera política, toda vez que los ojos de la política nacional priista tendrán los ojos puestos en su figura.
Será interesante observar su trabajo al frente del PRI poblano, la relación que mantendrá con el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, su postura como partido de oposición y la estrategia que emplee para competir en los comicios locales entrantes.
Por cierto, lo dije en Twitter y lo reitero: Qué asco da ver a los priistas que durante la administración de Fernando Morales en su partido no dijeron ni pío, y ahora que se fue salen a festejar su partida.
Eso se llama miedo u oportunismo político.
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Otras Posdatas:
* El Judas del PRI…
Con la novedad de que el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, Edgar Salomón Escorza, ya perdió el piso, la dimensión del poder que le confiere su cargo y su responsabilidad como priista.
Bien dicen que el poder te cambia si no tienes los pies bien puestos en la tierra.
Y un claro ejemplo es Salomón, quien se promueve como aspirante a la presidencia municipal de San Martín Texmelucan sin el menor recato político.
Dicen que el flamante diputado ahora se mofa de las críticas en su contra, señalando que mientras esté bien con el jefe le importan un bledo los gatos, los medios de comunicación.
Su prioridad es convertirse en edil de su rancho y en dueño de Puebla.
Por lo pronto, el fin de semana prefirió continuar su proselitismo adelantado en San Martín que asistir al “curso ilegal” que ofreció su partido a los aspirantes a candidatos a ediles. Al fin y al cabo, dijo, “yo ya pague los 10 mil pesos”.
La gota que derramó el vaso del descaro con Salomón, fue escuchar y leer sus declaraciones en contra de Pablo Fernández del Campo, su nuevo dirigente de partido.
Lo bueno es que Pedro Joaquín Coldwell ya lo sabe.
Lo malo, para Salomón, es que le dolió la remoción de su compadre, Fernando Morales.
En twitter: @poncharelazo
