La ley de la selva
Con la novedad que el ayuntamiento de Puebla, en voz directa del edil capitalino, Eduardo Rivera Pérez, ya dio permiso y dejó carta abierta a los distintos partidos políticos que participan en el proceso electoral local para que hagan y deshagan en la ciudad.
Palabras más, palabras menos, ayer el gobernador de la capital poblana sostuvo que ni sancionará, ni retirará la propaganda política que todos los partidos han colocado en el mobiliario urbano de la ciudad.
Las coaliciones, Puebla Unida y 5 de Mayo, son las que más espacios, propiedad de la Comuna poblana, han ocupado para colocar su basura electoral.
Envalentonado, el edil panista, advirtió que él ni ve, ni oye los reclamos de los ciudadanos que ven mal esta práctica abusiva de parte de los partidos y candidatos, quienes, sin duda, se harán patos para retirarla una vez pasados los comicios.
Eso sí, casualmente, según el propio, Eduardo Rivera, ayer sostuvo una reunión con el consejero presidente del Instituto Electoral del Estado (IEE), Armando Guerrero Ramírez, a quien le consultó la situación.
Qué lástima que el presidente municipal tenga que pedir permiso para ejecutar una acción que le ordena y mandata la ley.
Los ciudadanos, quienes pagamos su sueldo, deberíamos jalarle las orejas.
Como Pilatos, el flamante presidente municipal, pretende lavarse las manos y echarle la bolita al IEE para que responda por la colocación de propaganda en espacios propiedad del ayuntamiento capitalino.
Ni siquiera eso ha podido resolver el presidente.
Qué diferente es el Eduardo Rivera de hoy al de hace algunos años atrás.
Ése que era combativo y un guerrero en el Congreso.
El que asumió a la perfección su papel como militante y funcionario de un partido de oposición.
Apenas quedó el puro silbido de aquel potente cohete político en que estaba convertido, Eduardo Rivera, quien intentó ser el maestro, padrino o sensei del actual dirigente estatal del PAN, Rafael Micalco Méndez.
Y es que, hay que decirlo, con Micalco sucedió todo lo contrario que con el edil, Rivera.
Sobre todo, porque el dirigente panista está convertido en un auténtico tiburón de las aguas políticas de Puebla.
Como dicen, el alumno superó al maestro, y Micalco hoy está echado para adelante, operando la elección en la capital y al interior del estado a todo lo que da. Ni más ni menos.
Empero, que a nadie sorprenda, tampoco, la actitud del presidente municipal de Puebla, quien está más preocupado en intentar ser nota nacional que en ayudar a su partido a ganar la próxima elección local.
Al fin y al cabo, para llegar a la silla que actualmente ocupa en el Palacio Municipal no tuvo que esforzarse. Vamos, ni siquiera que agitarse, porque el hoy gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, fue el ganador de aquella elección y el fenómeno político de 2010.
Qué cosas, ¿no?
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