La guerra de las encuestas y las cuentas alegres
La guerra de las encuestas, las cuentas alegres y los festejos por adelantado no podían faltar en el proceso electoral que se vive en Puebla y el resto del país; prueba de ello es que ya los corifeos tricolores cacarearon un supuesto triunfo que no tiene ni pies ni cabeza; ni certeza, ni una argumentación creíble.
Y es que las casas encuestadoras, igual que los medios de comunicación, por supuesto que también juegan un papel importante en cualquier proceso electoral.
Igual que los medios, las empresas que miden las preferencias también pueden marcar tendencias y tirar una peligrosa línea con todo y anzuelo.
Empero, no hay que olvidar cuántas empresas dedicadas a los estudios de opinión han pronosticado triunfos erróneos tanto para la presidencia de la República como para las elecciones de las distintas gubernaturas, diputaciones, presidencias municipales y otros comicios menores.
Ejemplos de esto hay muchos, se han dado en distintos procesos electorales, como el ocurrido en el 2010 cuando alguien por ahí aseguró que el PRI y Javier López Zavala ganarían la elección para hacerse de la gubernatura del estado.
Me reservo los nombres de aquellos que se atrevieron a asegurar tal aberración por el simple hecho de haberse comprometido a diseñar un traje a la medida en el que se jugaron y vendieron prácticamente sus siglas, su prestigio y su credibilidad.
Hoy, la encuestitis empezó y estoy seguro que los panistas no tardarán, también, en presumir sus números.
Ya después vendrán los candidatos y partidos de izquierda, como Morena, los cuales anunciarán con bombo y platillo su crecimiento y sus “altas intenciones de voto”.
Las elecciones en las que se compite en circunstancias tan disparejas como resultan ser las de este año siempre son así, muy predecibles.
Si analizamos la situación de cada partido en Puebla, por ejemplo, no es tan difícil avizorar quién pudiera ganar la mayoría de los distritos, particularmente los más importantes y grandes del estado como los de Puebla, capital.
No olvidemos, además, quién gobierna el estado, qué partido.
Y aunque tampoco hay que soslayar que las elecciones intermedias siempre son una guerra de estructuras y voto duro, también se tiene que tomar en cuenta como está distribuido el poder y como están controladas las fuerzas políticas en la localidad.
Hagamos un análisis muy sencillo:
El PRI en Puebla es un partido fragmentado, dividido y peleado en lo interno, sin dirigencia ni estatal ni municipal.
Lo único que logró con su llegada a la presidencia estatal tricolor Ana Isabel Allende Cano, fue sumar, sí, a los priistas en un solo grupo pero en su contra por las decisiones unilaterales y sesgadas en beneficio de unos cuantos.
En la elección federal, en lo que va del proceso, han permanecido muy callados, casi en silencio, los zavalistas, los melquiadistas, los dogeristas, bueno hasta los priistas non gratos, los marinistas, es decir el grueso de la estructura priista.
La pregunta es la siguiente: ¿dónde están sus líderes, sus estructuras, sus votos?
¿Ya los vendieron, los negociaron?
Los priistas, sin duda, saben perfectamente de lo peligroso que podría resultar para ellos y su futuro una participación directa en la elección, particularmente porque de ganar la guerra electoral el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, las consecuencias serían catastróficas para sus intereses.
En esta elección, en particular, el morenovallismo empuja fuerte para poder ganarla.
Las cosas en el PRI poblano están muy complicadas a pesar de los números lanzados, por ejemplo, por la empresa Parametría, la cual señala que el PRI mantiene una ventaja de 8 puntos sobre el PAN en todo el país.
En Puebla, insisto, las cosas son distintas a las tendencias marcadas, y no es la primera vez que esto sucede.
El PRD, por otra parte, junto con Nueva Alianza, es un aliado más del morenovallismo. Y no resultaría extraño que a esta alianza de facto se sumen otros partidos como el PT.
El PAN, en tanto, se conduce de la mano del morenovallismo para hacerse de la mayoría de los distritos y las diputaciones.
Digan lo que digan, en la capital -los cuatro distritos- la elección está prácticamente ganada por los soldados del gobernador.
El PRI hizo mal en abandonar al Partido Verde y a sus candidatos.
A excepción de Ajalpan, Izúcar de Matamoros, Atlixco, y tal vez Tepeaca, el PAN, el del morenovallismo, sigue firme y con muchas posibilidades de ganar la mayoría en los próximos comicios.
El viejo PAN y sus grupos ultraconservadores difícilmente podrían hacerle daño al grupo del gobernador. Su miedo, su ambición y su empecinamiento fueron, son y serán siempre su perdición.
En Twitter: @poncharelazo
