La elección y la próxima gubernatura dividen a los partidos
La elección del próximo gobernador del estado, quien se hará cargo de Puebla durante 5 años y medio, sigue provocando en los partidos conflicto, división, traiciones crueles y sangrientas guerras pero sobre todo desconfianza al electorado.
Porque no hay partido que no se salve de la guerra interna, de la lucha intestina y de los conflictos que ponen en entredicho su supuesto compromiso y preocupación por la ciudadanía.
Ni siquiera Morena, partido favorito para ganar la próxima elección, se salva de las mezquindades de sus militantes y simpatizantes.
La lucha entre Luis Miguel Barbosa Huerta y el senador Alejandro Armenta Mier seguramente va a dejar a un buen número de damnificados, de heridos y hasta de muertos políticamente hablando.
Y es que en Morena se están dando con todos.
Ya son muchos los frentes que se abrieron por la búsqueda de la candidatura al gobierno y el control del estado.
Armenta y Barbosa están en una guerra a muerte.
Aquí va a ganar quien mejores números tenga pero particularmente quien logre el apoyo más importante para sus aspiraciones: el del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Tanto Barbosa como Armenta ya mostraron sus cartas, su punch, sus apoyos, sus adhesiones, su respaldo, y sus operadores siguen trabajando con el firme objetivo de lograr la tan anhelada candidatura la cual los llevaría directamente a la gubernatura.
Porque si algo sabe Morena y AMLO es que Puebla ya es prácticamente de su propiedad.
No hay gallo que les haga contrapeso, que les compita, que les pudiera significar una amenaza.
No hay duda Morena va en caballo de hacienda a ganar la elección y a hacerse de otro estado más para beneficio del presidente de la república.
El único problema para Morena se llama división.
Así que tanto barbosistas como armentistas deben tener mucho cuidado para evitar que Morena se siga partiendo porque esto sí que les haría pasar un susto.
Afortunadamente para la causa morenista, insisto, ni en el PAN, ni en el PRI, ni mucho menos en otro partido existe orden, organización o poder para competirles peso a peso.
En el PAN, la desbandada de morenovallistas ya debilitó al partido, lo está ahogando y si los yunques no hacen nada van a terminar como empezaron: sin nada.
El lunes pasado mientras Marcelo García Almaguer anunciaba su renuncia al PAN, esa que apenas le duró 5 años, el presidente municipal de Atlixco, Guillermo Velázquez Gutiérrez, reunió en su municipio a los liderazgos panistas poblanos que tienen la intención de salvar a su partido y hacer una campaña a la gubernatura digna.
Allí, en el Centro de Convenciones de Atlixco, se dieron cita para acompañarlo a la presentación de sus primeros 100 días de gobierno Genoveva Huerta Villegas, Eduardo Rivera Pérez, ex edil y ex candidato al Ayuntamiento de Puebla; Francisco Fraile García, Humberto Aguilar Coronado, Luis Paredes Moctezuma, Leonor Popócatl Gutiérrez, entre otros.
Los panitas poblanos, por donde se vea, están haciendo todo lo posible por perder la elección y por acabar con lo que al morenovallismo le costó construir por más de 8 años.
Porque ahora resulta que todos los morenovallistas son justos, están preocupados por Puebla, son inocentes y ven todo mal de su dirigente.
Por más que se quieran hacer los mártires y los justicieros eso no les queda.
Los morenovallistas están saltando del barco del PAN antes de que se hunda pero muy particularmente porque temen que si hacen contrapeso el próximo gobernador y el presidente AMLO los persiga.
Se quieren curar en salud, para acabar pronto.
Y en el PRI y el PRD no cantan mal las rancheras.
También en esos partidos se traen lo suyo.
En el tricolor, por ejemplo, no se ve quién pudiera competir con Morena, no se ve quién pudiera aliarse con los priistas, ni tampoco van a permitir que un PAN destrozado se les junte.
Tal vez la chiquillada logre amarrar algo con los priistas pero da mucha risa ver a personajes como Lorenzo Rivera Sosa, quien ahora pretende convertirse en candidato cuando no es una figura ni tan popular ni con el suficiente arrastre como para lanzarse en busca de la gubernatura.
Seguro hasta Javier López Zavala, candidato perdedor del PRI en 2010, le ganaría una interna para la extraordinaria.
El PRI necesita un personaje fresco, con buena imagen, con penetración en la gente, de lo contrario van a volver a hacer el ridículo.
Y del PRD qué más se podría decir si no es que su oportunismo y ambición los va a dejar sin nada.
El sol azteca poblano vivió siempre a la sombra del morenovallismo.
Carlos Martínez Amador, su dirigente, se encargó de echar del PRD a todos los adversarios del morenovallismo, particularmente a la ex dirigente Socorro Quezada Tiempo, quien tras los vuelcos que da la vida ahora parece que es a ella a quien la suerte favorece.
Y es que Socorro Quezada siempre fue un soldado del batallón barbosista, por lo que en una de esas se vuelve a hacer de la dirigencia o de un puesto importante si Luis Miguel Barbosa logra su sueño de ser gobernador.
Ver para creer.
En twitter: @poncharelazo
