La crisis en Morena (las broncas entre JJ y Abdala)
Ni el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido político de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha podido librar la crisis por la que atraviesan algunos partidos locales por la disputa, la envidia y el conflicto por los intereses personales de sus protagonistas.
Las mismas dificultades que enfrenta el PRD, PRI, y ahora el PAN nacional ya se presentaron en el comité de Morena en Puebla.
Y es que en Morena empieza a darse el fenómeno que se dio en el PRD cuando éste empezó su debacle como el partido más representativo de la izquierda mexicana, de la izquierda en Puebla.
Porque así como brilla Morena, alguna vez resplandeció el partido del sol azteca, el cual hoy está convertido en una piltrafa política que no vale ni cinco centavos.
El PRD poblano es más una trinchera de malogrados izquierdistas que, como dice el dicho, pegan con la izquierda pero cobran con la derecha.
Los lidercillos del partido amarillo son parte de un falso grupo de supuestos socialistas revolucionarios.
Porque antes al de la Revolución Democrática lo mismo se le sumaron ex priistas, ex panistas, ex petistas y hasta líderes ciudadanos que al final abandonaron al partido porque se les presentó una mejor opción para satisfacer sus intereses personales, o de plano porque vieron en el instituto político lo mismo que en otros partidos, un jugoso botín que estaba siendo disputado sólo por unos cuantos.
Allí está Miguel Ángel de la Rosa Esparza, por ejemplo, ex dirigente perredista que hoy está más metido en asuntos relacionados con los panistas morenovallistas que en los del partido que lo hizo rico y que lo hizo político.
Y si se trata del PRI, mejor ni hablamos.
La crisis priista en Puebla trae a su partido, a sus dirigentes y a sus militantes por la calle de la amargura.
La expectativa priista de cara al 2018 es de pena ajena.
Si no es el delegado del IMSS, Enrique Doger Guerrero, el candidato que dispute la gubernatura, no veo de qué forma pudiera el PRI participar decorosamente en los próximos comicios.
Doger, todo mundo lo sabe, es hasta ahora el aspirante más competitivo.
Ni Juan Carlos Lastiri Quirós, funcionario de la Sedatu; ni Jorge Estefan Chidiac, líder estatal del PRI, ni ningún otro priista connotado podría hacer un mejor papel.
Empero, el caso es que a Morena ya le sucede lo mismo.
AMLO, hay que decirlo, está de moda; dicen que por ahora es la figura más representativa de la izquierda en el país, será candidato presidencial por enésima ocasión y tiene serias posibilidades de ganar si PRI, PAN y PRD no hacen nada para detenerlo.
Y si a esto agregamos que Morena es el único partido que tiende a crecer en estos tiempos modernos de la política nacional por la mala situación por la que atravesamos, esto hace aún más atractivo el pastel para los “políticos profesionales inconformes” con el sistema, los cuales quieren ser amigos del peje.
Y más aún, si sumamos a todo esto el rotundo fracaso de los candidatos ciudadanos o independientes, o como les quiera usted llamar, la cosa se pone más difícil para el negocio, perdón, para el partido de Andrés Manuel.
Porque a Morena se seguirán sumando y sumando simpatizantes, sus filas se verán engrosadas por priistas, panistas y desertores de otros partidos que en cualquier momento podrían reventar el corazón y las venas de su fuerza política.
Igual que en su momento, insisto, sucedió con el PRD.
La guerra entre el presidente municipal de San Pedro Cholula, José Juan Espinosa Torres (JJ), recién nuevo morenista; el diputado federal de Morena, Rodrigo Abdala Dartigues; y el líder estatal de Morena, Gabriel Biestro Medillina, es sólo un ejemplo de la mencionada crisis.
La disputa entre estos tres tristes tigres pejistas es un claro foco rojo y la alarma más clara del problema en que está metido Morena.
Para nadie es un secreto que José Juan es un tiburón de la política aldeana, cuenta con las tablas y los recursos suficientes para empujar en el estado a su nuevo partido y a su nuevo líder.
Y sin regatearle nada al edil, quien es adicto a la polémica, hay que decir que está curtido y probado como político, por lo que cuando se lo propone es muy peligroso y hace mucho daño a sus adversarios.
Así que Rodrigo Abdala y Gabriel Briesto sí tienen mucho de qué preocuparse porque el famoso JJ va por todo en su partido.
Y otra razón que no los beneficia, ni a Abdala ni a Briesto, es que de militantes de izquierda, de políticos y luchadores sociales me parece que tienen muy poco.
Les falta aún mucho camino por recorrer.
Y lo peor, el diputado federal está marcado como la sombra del senador y ex gobernador Manuel Bartlett Díaz, mientras que el dirigente es sólo un protagonista más de Morena que no lució ni tantito en los comicios pasados.
Ni como ayudarlos.
En twitter: @poncharelazo
