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La cálida relación Peña-Moreno Valle

Basta observar los gestos y escuchar las palabras, los mensajes y en general la relación que mantiene el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) con el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas (RMV) para entender por qué en Puebla sigue gobernando el PAN.

Pero sobre todo, por qué el PRI es un partido devaluado en el estado.

No hace falta ser un erudito en política para descubrir -en los eventos presidenciales- la camaradería y el buen trato entre ambos gobernantes.

La relación es natural, muy fluida.

Dígase lo que se diga, los acuerdos entre Peña y Moreno Valle son una realidad, se intuyen, no hace falta ni conocerlos a ciencia cierta para entenderlos.

El “¡gracias, Rafa!” que ayer lanzó EPN al gobernador del estado lo dice todo.

Y lo mismo se entiende la razón de la debacle del PRI.

Está claro que al presidente del país le conviene más contar con aliados de alto nivel, como el gobernador Rafael Moreno Valle, quien manda, controla y lidera una estructura considerable en Puebla y otros estados del país, que un comité estatal priista desgastado.

El caso del PRI poblano es el mejor ejemplo de los amigos enclenques, políticamente hablando, que sólo le hacen daño al presidente Peña en estos tiempos de crisis.

Tiempos, por cierto, en los que necesita de planes y estrategias que le ayuden a conducir su barco.

Momentos que le permitan concluir la recta final de su gobierno con broche de oro a pesar de los malos tiempos.

¿De qué le podría servir a EPN un partido, un grupo o un comité dividido y fragmentado?

¿Para qué enfrentarse a un gobernador como RMV que ya disputa la candidatura presidencial en el PAN, y que puede continuar siendo un buen aliado en la oposición?

Y más aún cuando hoy en día el enemigo a vencer, tanto del PRI como del PAN, Andrés Manuel López Obrador, se ve cada vez más poderoso.

Porque los priistas poblanos, sin excepción, siguen conduciéndose como el político de antaño, el dinosaurio: el que quiere asistir a todos los eventos presidenciales y estar sentado en el mejor lugar; el que pretende aparecer en todas las selfies, el que quiere ser el más saludado y el que aparenta ser el mejor amigo del presidente.

Y lo peor, el que se cree dueño del evento por el simple hecho de ser priista, o funcionario público -estatal o federal-, y representante del proletariado.

Los actos a los que asiste el mandatario nacional en Puebla evidencian dos cosas: la excelente relación que mantienen RMV y EPN, y la grave crisis por la que atraviesa el PRI poblano.

Porque mientras el gobernador del estado se mueve como pez en el agua entre el Estado Mayor, entre funcionarios federales, empresarios y todo el personal de logística de la presidencia, los priistas poblanos siguen demostrando sus yeros y sus debilidades.

Tan sólo ayer, durante la inauguración del segundo piso de la autopista México-Puebla, quedó claro que Puebla es un bastión panista-morenovallista por los acuerdos que se tienen con EPN.

Y los hechos dicen más que mil palabras.

El gobernador Rafael Moreno Valle no ha perdido una elección en Puebla.

Como líder de su estado mantiene el control de su partido y cuenta con las relaciones suficientes para disputar en el PAN nacional la candidatura de frente.

Diputados locales, federales y algunos delegados, todos priistas, se cuadran, como dicen, ante RMV cuando lo tienen enfrente.

Por ejemplo, el dirigente municipal del PRI, José Chedraui Budib, es en política como el chiste del pato, el que dice que si grazna como pato, camina como pato y tiene plumas como pato entonces es un pato.

Aunque en el caso del famoso Pepe Chedraui su definición por su línea política sería: si actúa como morenovallista, opera como morenovallista y parece morenovallista entonces es un priista morenovalista.

Los priistas poblanos le piden fotos, selfies y abrazos a EPN en vez de resultados y mano dura para quien dicen es su peor enemigo, RMV.

Ni siquiera al empleado de Rosario Robles Berlanga, titular de la Sedatu, Juan Carlos Lastiri Quirós, se le ven patas para gallo.

El funcionario federal saluda como uno más de los invitados al presidente Peña, a pesar de estar en los eventos presidenciales en el estrado.

Por cierto que ayer se le vio más saludador y ovacionado a Enrique Doger Guerrero, delegado del IMSS, que al propio Lastiri.

Y ya para rematar, sobra decir que la construcción del segundo piso de la autopista México-Puebla, obra que costó 10 mil 500 millones de pesos y que cuenta con una longitud de 15.3 kilómetros, iniciando del periférico pasando por la planta de Volkswagen para terminar en el estadio Cuauhtémoc, salió de uno de los grandes acuerdos entre EPN y RMV.

Bien dicen, obras son amores y no buenas razones.

¿O no?

En twitter: @poncharelazo

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