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La asquerosa traición

Lo escribí hace ya un tiempo y hoy, nuevamente, ocurre en Puebla.

La traición, dice Maquiavelo, “es el único acto de los hombres que no se justifica”.

Y agrega: “Los celos, la avidez, la crueldad, la envidia, el despotismo son explicables y hasta pueden ser perdonados, según las circunstancias; los traidores, en cambio, son los únicos seres que merecen siempre las torturas del infierno, sin nada que pueda excusarlos".

La traición es un impulso complejo, donde se mezclan los más abyectos sentimientos con las pasiones más encendidas. Y de traiciones graves, históricas y escandalosas existen muchos ejemplos en el mundo.

Uno que marca la historia es el de La Malinche, la bella amante azteca de Hernán Cortés, quien por amor, pero por ambición desmesurada, traicionó a su pueblo, conspiró contra él y contribuyó a su derrota.

Martín, el hijo que tuvo con el conquistador, fue uno de los primeros mestizos nacidos en estas tierras. Su nombre es, para millones de americanos, la sombra de la desgracia.

Un ejemplo más.

En 1918 nadie era más famoso en Francia -y tal vez en el mundo entero- que Henri-Philippe Pétain, un severo militar que se había cubierto de gloria en el campo de batalla, infligiendo a los alemanes las derrotas más trágicas de su historia.

La paz no hizo otra cosa que aumentar su prestigio.

En 1940, cuando Hitler ocupó París, el viejo soldado fue llamado para salvar a la patria. En lugar de ponerse al frente de la resistencia, como hizo después, Charles de Gaulle, Pétain exhortó a los franceses a colaborar con los invasores y a firmar la paz con Berlín, sancionando la división del país en dos partes.

Al frente del gobierno establecido en Vichy bajo la presión de los fusiles alemanes. Pétain, el antiguo héroe, escribió la página más negra de su patria. Por eso murió sin gloria ni honra como todos los traidores.

La traición más antigua que se haya documentado es aquella que tuvo por míticos protagonistas a un pastor de ovejas, llamado Abel, y a su hermano, el labrador, Caín.

Ambos hijos de Adán y Eva, quienes mucho tiempo antes habían sido expulsados del paraíso.

Habitantes ya de tierra profana y envidioso, Caín, porque "el Señor miró a Abel y a sus ofrendas" cuando el joven pastor le brindó los primogénitos de su ganado, lo invitó a salir a campo abierto.

Allí lo mató.

En seguida, reprendido por Dios y hostigado por su conciencia, Caín, habitó fugitivo en la tierra sobre el lado oriental del Edén...

Sin embargo, la peor de las traiciones está narrada en un hecho recogido por el Antiguo Testamento.

Es, sin duda, la más vituperable que quepa imaginar pero es un incidente que se convirtió en paradigma de la traición, tan grave que aún hoy estremece a millones de hombres y mujeres en todo el mundo, así lo testifica la Biblia.

Se trata, por supuesto, de la delación cometida por Judas y sus trágicas secuelas: "...Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: ‘De cierto os digo que uno de vosotros, que coma aquí conmigo, me va a entregar’”.

Para añadir ante la angustiosa pregunta de los discípulos sobre el nombre del culpable, Jesús, agregó: “A quien yo diere el pan mojado, aquél es”.

Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón, según narra el Evangelio de San Juan.

Lo que desembocaría luego en la escena en el Huerto de Getsemaní, que relata Lucas: "Y el que se llamaba Judas iba al frente de ellos, y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces, Jesús, le dijo: ‘Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?’ Los soldados romanos desenvainaron sus espadas, apartaron a Judas y arrestaron a Jesús, que a la postre sería crucificado”.

Las traiciones recorren la historia en feroz galope. Sin olvidar las páginas, muchas, teñidas de sangre, de la historia menuda, esa que no pasa a los libros.

Empero, existen muchas otras historias de traición en el mundo, las cuales le roban el habla y el sueño a cualquiera. Hechos que no sucumben a pesar del paso del tiempo. Hechos que de alguna forma parece que vuelven renacer y encarnan en otros protagonistas, no menos traidores y renegados que los de antes.

En Puebla -en la política-, la temporada electoral ya los evidenció.

Y muchos son los ejemplos de traiciones que podríamos citar y señalar.

En el PRI, la burda traición de Sara Chilaca Martínez, de varios de sus seguidores y operadores. De uno que otro de los Morales, de Alejandro Oaxaca Carreón, de Enrique Dóger Guerrero.

En el PAN, actualmente, la del famoso, Francisco Javier Torres Sánchez, el famoso “Bony”.

En el Movimiento Ciudadano, dicen, la de José Juan Espinosa Torres.

En el Verde, la cometida por Juan Carlos Natale y muchos otros ex dirigentes.

En el Panal, Elba Esther Gordillo Morales, quien traicionó la confianza de los maestros.

En el PRD, hay muchos, ni a cuál irle. ¿Le suena el apellido Bejarano?

En el PT, un tal Armando Etcheverry.

Juzgue usted…

En twitter: @poncharelazo