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Juntos, pero no revueltos, en el PRI

La supuesta luna de miel, de amor y paz, que se vive en el PRI parece toda una farsa y un montaje bien armado. Un circo de tres pistas que evidencia la desconfianza y la poca camaradería que existe entre los propios priistas poblanos.

La guerra interna en el ex partidazo parece no tener fin.

Y es que los priistas ya están como el puñal de San Bartolo, puntiagudos, pero sin filo.

Los legisladores locales del PRI son el vivo ejemplo del descrédito, la envidia, el rencor, la desgracia y la mala racha por la que atraviesa la familia priista, sus distintas corrientes, expresiones y liderazgos.

La bancada tricolor en el Congreso del Estado está integrada por apenas ocho diputados: Víctor Manuel Giorgana Jiménez, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, Rosalío Zanatta Vidaurri, José Chedraui Budib, Pablo Fernández del Campo Espinosa, Maritza Marín Marcelo, Leobardo Soto Martínez y Silvia Tanús Osorio.

Sin embargo, a veces ni siquiera entre ellos se saludan.

La soberbia hizo presa a Víctor Manuel Giorgana, quien muy pronto olvidó que antes de llegar al Congreso a ocupar una curul por la voluntad de los ciudadanos era un don nadie, ni en el PRI, ni en otro partido lo tomaban en cuenta para nada.

La candidatura a diputado se la entregaron, sí, pero por los chantajes y la presión que ejerció en el PRI y en la dirigencia que aún encabeza Pablo Fernández del Campo.

Cómo olvidar que la hoy diputada, María Sara Camelia Chilaca Martínez, es uno de los alfiles de Giorgana que ejecutó su papel a la perfección, el apuñalar al PRI en los comicios locales pasados. Y es que la legisladora, hoy del Partido Compromiso por Puebla, empinó a su ex partido con tal de asegurar su futuro económico y político, y de paso para ayudar a su mentor.

Antes, tanto Giorgana, como Sara Chilaca, rogaban por una entrevista con algún reportero del medio que fuese. Hoy por hoy ya son dos poderosos diputados que olvidaron su triste pasado.

A los diputados, Sergio Céspedes y Rosalío Zanatta, ni la vida les corre. Ambos disfrutan placenteramente de las botanas y del salario que les regalan en el Congreso por sentarse y levantar su dedo en las sesiones.

Pepe Chedraui sigue su propia agenda legislativa y de trabajo. Tiene, además, su propia jefa de prensa, María López Aguilar, quien difunde y promueve las acciones del mejor amigo del Presidente, Enrique Peña Nieto, en Puebla, es la estrategia a seguir.

La orden fue precisa y María López no mueve un dedo en los medios por nadie más que no sea Pepe Chedraui, mucho menos si se trata de Giorgana.

Maritza Marín y Leobardo Soto están bajo la lupa y los cuestionamientos secretos de la dirigencia nacional tricolor por su sospechosa cercanía con el partido en el poder.

Ambos diputados están dedicados a mantenerse a flote y de muertito en las tranquilas y cálidas aguas del erario en el Poder Legislativo durante los próximos años. Total, tendrán fuero por casi cinco años.

Pablo Fernández del Campo sigue entretenido esquivando, a pesar del supuesto reencuentro y hermanamiento de los priistas poblanos, los golpes de los inconformes de siempre, dígase Enrique Dóger Guerrero, Javier López Zavala, Jesús Morales Flores, etcétera, etcétera, etcétera.

Y, finalmente, Silvia Tanús, parece haberse proclamado como la promotora oficial de Blanca Alcalá Ruiz, senadora priista, en su carrera por la candidatura a la gubernatura en el 2018.

Y sí, contrario a lo que ha dicho Pablo Fernández, el PRI ya debería cambiar su fórmula, perfilar y preparar a un solo personaje desde ahora para disputar las próximas elecciones a la gubernatura, tanto la mini como la de 6 años.

¿O quieren seguir siendo el hazmerreír de los poblanos?

En twitter: @poncharelazo