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Inseguridad, baches y miedo a gobernar

La capital poblana está convertida en un verdadero cochinero, en un muladar generado por los baches, los cierres de vialidades, por la ejecución de obras, por las intensas lluvias que han azotado a la ciudad y, particularmente, por la delincuencia.

No hay calle que esté limpia de baches, ni baches que no hayan afectado los intereses de algún ciudadano, que hayan partido las llantas de su automóvil.

Los graves daños registrados a la carpeta asfáltica -en toda la ciudad- por la intensa e interminable temporada de lluvias de este año pusieron contra la pared a las autoridades municipales. Vamos, las tiene en el paredón y los ciudadanos están a punto de fusilarlas.

Y si esto sucede, créame, muchos funcionarios serán los afectados.

Lamentablemente para el gobierno de la ciudad las malas condiciones en las que se encuentra la capital van a repercutir directamente en la imagen de presidente municipal, Eduardo Rivera Pérez, quien saldrá reprobado por los poblanos una vez concluida su administración.

Y aguas con sus aspiraciones.

Los aguaceros, no vamos lejos, evidenciaron el defectuoso, poco o nulo trabajo hecho por el encargado de obras en el municipio, José Felipe Velázquez Gutiérrez, quien perdió desde hace mucho la batalla contra los baches.

Y lo peor es que además de los malditos socavones hay otras causas que han generado un verdadero caos en la ciudad.

En los últimos días se han registrado una infinidad de siniestros viales por la falta de organización y trabajo en la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal, que comanda el inefable, Amadeo Lara Terrón.

Porque si existe algo por lo que Eduardo Rivera sea recordado en la capital, sin duda, será por el desastre generado en materia de seguridad.

Pero bueno, esa es otra historia.

Y es que la dependencia que le encargó a su amigo, Amadeo, nomás no pudo, ni con la delincuencia, ni mucho menos con problemas menores, como la organización del tránsito en las principales arterias viales de la ciudad.

Sólo a los agentes de tránsito de Amadeo Lara se les habría ocurrido aleccionar a los trabajadores de la obra que se ejecuta en toda la Avenida 11 Sur para que la hagan de oficiales y pongan en orden aquellas vialidades donde se generan graves conflictos por el cierre de calles.

Ciertamente, la Comuna poblana está escasa de agentes de seguridad y vialidad, pero esto ya es el colmo.

Ayer, por ejemplo, se presentó un choque entre dos automovilistas que intentaban cruzar la 11 Sur y la 55 Poniente, la altura de Agua Azul, que terminó resolviéndose a golpes por la falta de miembros de tránsito.

Ambos vehículos se cruzaron y encontraron porque el trabajador de la obra que organizaba la circulación se los ordenó.

Lo dos automovilistas se bajaron de sus unidades, se retaron a golpes y se enredaron en una bola de guamazos.

Al final, ni se arreglaron y provocaron un grave cuello de botella que bloqueó la circulación del lugar.

Empero, lo más grave de esta ciudad es la ola de violencia, de inseguridad, de delincuencia y de robos que se ha desatado en los últimos meses. Ya nadie está seguro, ni en su casa, ni en un restaurante, ni mucho menos en un centro comercial.

Los poblanos parecemos sitiados por la delincuencia organizada.

Estamos a merced de los asaltantes bancarios, de los ladrones de autopartes, de los especialistas en hurtos a comensales a transeúntes, a casas habitación y hasta los estafadores.

Ojalá que en el ayuntamiento de Puebla hagan sus berrinches a un lado y entiendan que la crítica a estos graves fenómenos sociales es un llamado de atención por parte de los ciudadanos que están hartos de los baches, de los robos y de la falta de atención de sus autoridades.

Eduardo Rivera, debe recordar que ya se va y que su cierre de gobierno tendría que ser con broche de oro, si es que, como dice, quiere ser gobernador.

No es posible que haya confesado que fue presionado para abrir casinos en Puebla sin revelar nombres.

A eso se le llama miedo a gobernar.

¡Ah, qué Lalito!

En twitter: @poncharelazo