Gasolina, el pretexto
Mal empieza la semana para el que es ahorcado en lunes.
La misma expectativa, o peor, para que el inicia el año en un entorno de incertidumbre y malestar creciente.
Es el caso de amplios segmentos de la población que concluían el 2016 entre dudas y temores.
Y que en el asomo del año nuevo resintieron la detonación, ante el anuncio de aumentos del 17.8% como promedio en el precio a las gasolinas.
El sobresalto elevó la cuota de “irritación social”.
Algunos han pasado ahora a la movilización.
De las redes por internet, a las calles.
Peligroso que así sea.
Pero más grave que en estos momentos de turbulencias no se escuche la voz oficial.
Hace falta aclarar, precisar, explicar, e incluso, calmar.
Es falso que el incremento a los combustibles que este lunes empezó a aplicar sea un “gasolinazo” más.
Esta medida estaba prevista.
Fue aprobada en el Congreso.
Es una vertiente de la Reforma Energética que tanta falta le hacía al país
Lo que se hizo fue dar un paso necesario y relevante para romper el monopolio del Estado, a fin de incursionar a un mercado abierto y de franca competencia.
El precio de las gasolinas fue liberado y ahora tendrá un costo real.
Ya no habrá subsidios, que sólo beneficiaban a los más pudientes.
Esto es, a sólo el 20 por ciento de la población.
A los que tienen uno, dos y hasta tres vehículos, algunos de lujo.
Ellos son, en su caso, los perjudicados con la decisión.
Dejarán de recibir subvención de ochenta centavos por cada peso de gasolina que consumían.
A costa de todos.
De continuar con los subsidios y el precio artificial, el gobierno tendría que recortar al gasto público unos 200 mil millones de pesos o aplicar nuevos impuestos para todos los mexicanos.
No parece justo.
Ahora el precio de la gasolina, que se ubica por debajo de la media en la escala mundial, se fijará en función de los costos internacionales del petróleo, de la refinación, del proceso de distribución y del margen de ganancia de los expendedores, que serán muchos además de Pemex en un juego donde influirá, como debiera ser, la oferta y la demanda.
La libre competencia alentará la eficiencia, mejorará el servicio y permitirá que los precios sean los justos.
Termina así el monopolio de Pemex, el ente de gobierno más corrupto e ineficiente de la historia nacional.
El reto ahora es contener la inflación.
Evitar que el aumento a las gasolinas se use como pretexto para que las alzas sean generalizadas.
Mientras, las protestas seguirán.
¿Cuántas promovidas por los profesionales de la desestabilización?
¿Cuántas por anarquistas, como los de Chiapas que encapuchados destruyeron ayer una estación de servicio?
¿Cuántas de ellas, al fin y al cabo, con fines meramente electoreros?
AL OÍDO
Habíamos advertido que el desalojo total de vendedores ambulantes en el Centro Histórico era una utopía.
Y por tanto, muy aventurada la reiterada advertencia del gobierno municipal desde noviembre pasado, en cuanto a que en esa decisión “no se daría ni un paso atrás”.
Aunque acotados, cientos de comerciantes invadieron amplias zonas del primer cuadro citadino durante la temporada de fin de año.
Se acredita así que una medida de tal alcance requiere algo más que la fuerza pública.
Habrá que esperar hasta después del Día de Reyes para replantear el tema, que va más de una mera negociación.
Y que la autoridad ofrezca en verdad alternativas que impliquen una visión que sea integral.
Mientras que no haya espacios viables para el comercio y otros incentivos, el ambulantismo permanecerá en el primer cuadro citadino por muchos años más.
